Tal vez la mención de la lotocracia puede inspirar a alguna mente brillante y proponga algo similar en el futuro, ya que la democracia está desacreditada y las campañas electorales y sus resultados van de mal en peor. Sería interesante explorar la utilidad estocástica de unas elecciones sometidas al azar acompañadas de un análisis estadístico.
Según Wikipedia, esto que parece una broma data de la antigua Atenas (Grecia, entre los siglos V y IV a.C.), donde recibía el nombre de dimarquía (sufragio por la suerte), estetocracia, demarchy en inglés, palabra creada por Friederich Hayek en su Ley, Legislación y Libertad. En español es conocida como insaculación o lotocracia y su audaz corriente de teoría política es impulsada por un selecto grupo de autores, entre ellos el pensador belga Van Reynbrouck que la defiende con una reflexión teórica y una interesante comprobación empírica. La idea que podría suponerse alocada o divertida fue rescatada del pasado ante la gran influencia de los medios de comunicación, por la corrupción y por la formación de una clase política profesional y de partidos políticos cuyo presupuesto aprueban los mismos políticos electos.
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Las elecciones realizadas por sorteo suprimirían los partidos políticos, las costosas campañas electorales, las urnas, el cuarto oscuro, las mesas electorales y las trampas; eso sí, se considera necesaria la capacitación cívica de toda la ciudadanía adulta, para que cualquiera esté en condiciones de recibir asignación para ocupar determinados cargos del gobierno, no técnicos, que no exijan formación profesional especializada, en el ejecutivo y legislativo.
Una asamblea escogida por sorteo, con las adecuadas técnicas estadísticas y una asesoría prestada por las universidades podría ser una muestra más representativa de la sociedad. Los congresistas así seleccionados no llegarían con vicios clientelistas ni compromisos con quienes aporten los recursos para realizar sus campañas, además se evitaría el subsidio electoral que el Estado provee a los partidos políticos.
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A cada legislador le correspondería un salario similar al promedio de toda la población (salario promedio que su gestión política debe preocuparse por elevar); el costo del salario de todos los desempeños de cargos electivos sería un milésimo (0,1%) del gasto salarial total del país.
La estococracia eliminaría los generosos privilegios, que se autoconcede la clase política. Limitaría la influencia de políticos durante largos períodos y admitiría más duración solo para los cargos técnicos.
La idea de elecciones por sorteo no es nueva, pero es novedosa y ya se llevó a la práctica en algunos países, con las limitaciones en cuanto al alcance de las decisiones que puedan tomar las personas sorteadas. Defender el azar como fuente de legitimación del poder puede no ser tan simple como parece.
