El concurso Colosos de la Tierra, que en esta edición celebró sus 15 años de trayectoria, llegó a su fin tras la premiación en la que se dieron a conocer los árboles ganadores a lo largo de seis categorías. ABC Revista formó parte de sus recorridos y recopiló historias que se fueron desarrollando en distintos puntos del país durante el mes de septiembre.
Un dato no menor es que, en esta edición aniversario, los aventureros recorrieron 4.632 kilómetros para conocer de cerca a los 24 árboles finalistas, seleccionados de entre 2.710 postulaciones. El ganador, a ser revelado más adelante, fue encontrado en la zona norte de la Región Oriental.
Además, la ceremonia de premiación, realizada en el Club Centenario de Asunción, reunió a referentes ambientales, autoridades y ciudadanos para celebrar el orgullo de contar con estos monumentos naturales, que son mucho más que árboles, y también recordar que su preservación es una tarea colectiva. En el evento también se recordó a Humberto Rubin, quien fundó la organización ambiental A Todo Pulmón Paraguay Respira. Gracias a él, esta campaña es una realidad.

A lo largo de su historia, los “colosos” también unificaron a miles de personas en un esfuerzo conjunto para proteger la biodiversidad y valorar los recursos naturales que se encuentran a lo largo de nuestro país.
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El árbol más grande del Paraguay
Entre las postulaciones, lugares, historias y especies, el ganador en la categoría principal del concurso, el árbol más grande del Paraguay, fue un guapo’y (Ficus enormis) que se encuentra en Paso Barreto, departamento de Concepción.
Su mérito para el galardón principal se dio gracias a su circunferencia de 12 metros, altura de 14 metros y una copa de 75,45 metros, erigiéndose así como el “gigante indiscutido” de esta decimoquinta edición.

Otra de las categorías fue el árbol más grande del Chaco, donde un coronillo (Scutia buxifolia) de la Aldea Baldrobe, departamento de Presidente Hayes, se destacó y fue premiado por su circunferencia de 5 metros, altura de 23,5 metros y una copa de 75,25 metros.

El premio por el árbol más grande de áreas silvestres protegidas fue para un ka’a oveti (Luehea divaricata) que se encontraba en las alturas de la Reserva de Recursos Manejados Cordillera del Ybytyruzú, que se encuentra en Independencia, departamento de Guairá.

Para llegar a él se hizo una escalada digna de algún cerro. Su fuerte presencia en un espacio que puede recordar a un barranco fue destacada como un símbolo de la biodiversidad protegida, con una circunferencia de 5,07 metros, altura de 32 metros y una copa de 62,67 metros.

El premio al árbol de mi escuela fue para el este del país, específicamente a Ciudad del Este, capital del departamento de Alto Paraná, donde el guapo’y del Colegio Nacional Bernardino Caballero fue destacado por su valor comunitario y educativo, con una circunferencia de 7,7 metros, altura de 26,5 metros y una copa de 96,76 metros.

Pese a llevar el nombre de “el árbol de la casa de las brujas”, los pequeños estudiantes actúan como sus guardianes y, sin duda alguna, este ejemplar ganador forma parte del recreo de varios niños y adolescentes, ya sea para descansar bajo su sombra o ser incluido en juegos.

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Los ganadores del público
Para las últimas dos categorías se consideran los votos en las redes sociales. El árbol de mi comunidad ganador fue un timbó (Enterolobium contortisiliquum) ubicado en el Cementerio Municipal de San Juan Bautista, Misiones, que obtuvo 1.165 votos en redes sociales (38,64% del puntaje) y también el voto unánime del jurado (60% del puntaje), reflejando así su fuerte identidad comunitaria.

Este árbol tiene 5,7 metros de circunferencia, 24 metros de altura y una copa de 101,79 metros.

Como la mejor fotografía de naturaleza, Carlos Salomón fue galardonado por su obra, que recibió 2.334 votos en redes sociales (40% del puntaje) y el voto unánime del jurado (60% del puntaje), capturando la armonía y la belleza del paisaje paraguayo en una imagen que parece una pintura.

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El legado de Colosos de la Tierra
Durante la gala de premiación, Pelusa Rubin compartió su emoción al recordar el legado de su padre, Humberto, afirmando que su espíritu y pasión por la naturaleza permanece en cada árbol protegido. La comunicadora también destacó la importancia del trabajo de concienciación mediante Colosos de la Tierra, especialmente en las escuelas, ya que la clave para un cambio generacional en la protección del medio ambiente radica en “educar” durante la infancia en lugar de “imponer”.
Por su parte, el escultor Juan Pistilli, quien también recibió un homenaje por su trayectoria, destacó que, para él, A Todo Pulmón Paraguay Respira es como una “familia”. Su colaboración y aporte a la historia con los trofeos, según explicó, surgió de una escultura que obsequió a don Humberto Rubin, inspirada en un árbol con forma de gota de agua del que emerge una mariposa, como símbolo de vida, reforestación y conservación para las futuras generaciones. El artista también alentó a las nuevas promesas del arte a luchar por sus sueños mediante la disciplina y la perseverancia.

Asimismo, el director ejecutivo de A Todo Pulmón, Osvaldo Turlan, enfatizó que, tras 15 años, Colosos de la Tierra evolucionó hasta convertirse en una causa nacional, pero aún manteniendo intacta su esencia de premiar a los árboles, a sus cuidadores y también, a la vez, uniendo comunidades. También resaltó la masiva movilización ciudadana y el respaldo logístico de voluntarios, empresas y medios que hacen posibles las expediciones, que año tras año y hace más de una década se hacen para buscar a los “colosos” por los 17 departamentos del país.

Finalmente, adelantó que tras registrar más de 2.700 árboles inscriptos y 4.600 kilómetros recorridos este año, uno de los objetivos para las próximas ediciones será superar las barreras de infraestructura para visitar los árboles cuyas historias se guardan en las zonas más remotas del país e inclusive cruzar las fronteras.
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