Humaitá espera

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Es de siesta, y un grupo de barrenderos y jardineros municipales limpian todo el parque y la zona aledaña al sitio histórico de Humaitá, principal fortaleza paraguaya en la Guerra Grande hasta julio de 1868, cuando fue ocupada por las tropas aliadas.

Las tareas de aseo se extienden al paseo que lleva al excuartel del Mcal. Francisco Solano López, reconstruido y convertido en museo hace unos años tras ser derrumbado por una creciente del río Paraguay en las últimas décadas del siglo XX. A un lado del portón que da a las ruinas hay rosas rojas y otras plantas de jardín más frágiles con flores celestes. A unos metros, hacia el río, está la defensa costera, reconstruida en partes. Y más allá, entre las ruinas y el museo, frondosos árboles dan sombra y múltiples colores a un paisaje que se viste de historia y presume de naturaleza, como un homenaje a su pasado de heroísmo y un toque de esperanza ante un presente que tarda en llegar.

Un paseo con pisos de losetas y barandas de metal comunica, por el lado del río, las ruinas del templo dedicado a san Carlos Borromeo (inaugurado el 1 de enero de 1861 por don Carlos Antonio López) y el excuartel del Mcal. López. Entre ambas edificaciones hay un parque en el que abundan las plantas de tajy y, en medio de este, una posada y un sitio de comidas. La novedad es un mirador construido de madera y metal en la punta de un grueso tronco de eucalipto. Se habilitó el mes pasado. La idea y el trabajo los puso un carpintero originario de la vecina localidad de Gral. Díaz, quien vive desde algunos años en Humaitá. “Se llama Melchor Benítez”, nos contó una adolescente que estaba ese día en el mirador. El financiamiento lo puso la municipalidad local. 

Por detrás del parque y en línea con el museo, unos obreros trabajan en una vieja casona que deja ver sus grandes ladrillos, sus antiguas rejas y una elegante puerta de madera que se corona con una rejilla en medialuna, en la que hay un número: 1888. Quizá sea el año de su construcción. Está siendo recuperada para instalar allí una posada. Es un emprendimiento privado. En otra casona, aledaña a las ruinas, también funciona un sitio de alojamiento. No lleva nombre, solo dice “Hotel”.

Humaitá, que lleva 239 años y medio encima (fue fundada el 6 de febrero de 1778), está a unos 45 km de Pilar, en el departamento de Ñeembucú, y a unos 215 km aguas abajo de Asunción. Desde Pilar hay que recorrer unos 12 km por la continuación (asfaltada) de la ruta 4, hasta Isla Umbú, donde se desvía por un camino de tierra en aceptable estado. Desde Isla Umbú son más de 30 km para llegar a destino.

Por lo observado, Humaitá “se limpia y se peina” todos los días, pese a que recibe escasos visitantes. “En esta época no pasa de 50 personas las que llegan por mes al museo”, cuenta una de las encargadas del excuartel, mientras muestra un cañón grande. “Es brasileño y por mucho tiempo quedó abandonado frente a las ruinas”, describe.

La visita a Humaitá vale la pena. Cincuenta personas por mes son muy pocas para esta joya del Paraguay.

 

Texto y fotos: Jorge Benítez C. / jobenitez@abc.com.py