Goltzius y el perdiguero

Hendrick Goltzius (Bracht, 558-Haarlem, 1617), el primogénito de un pintor en vidrio, se convirtió en uno de los principales grabadores del siglo XVI.

Hendrick Goltzius: Retrato del perro de Goltzius, circa 1595-1600. 
 Teylers Museum, Haarlem.
Hendrick Goltzius: Retrato del perro de Goltzius, circa 1595-1600. Teylers Museum, Haarlem.

Algunos etimologistas creen que pudo haber existido en latín vulgar –a partir de la palabra latina clásica «perdix, perdicis», que es, como se sabe, un préstamo, atestiguado ya desde Varrón, del griego «pérdix, pérdikos»– la voz «perdicarius» y que de ella vendría el nombre con el que conocemos hasta hoy en español a cierto tipo de perros de cuerpo mediano, ágil y musculoso, rabo y patas largos, orejas grandes, peludas y caídas, temperamento animoso y vivaz, hocico alargado y un olfato excelente para seguir rastros. Lo cierto es que, venga su nombre del latín pérdix a través del latín vulgar perdicarius o a través del español perdiz, los llamamos «perdigueros» porque tradicionalmente se los lleva de caza al monte para buscar, sobre todo, perdices. Y es por motivos igualmente cinegéticos que también se los conoce desde la Edad Media, en castellano, como «perros de muestra», pues su olfato y su instinto los impulsan a mostrar con su largo hocico –a «apuntar»: por eso los ingleses los llamaron «pointer»– el lugar donde se encuentra la pieza. Esta segunda denominación no es sinónimo de la primera, sino que es más amplia, ya que además de los perdigueros hay otros perros de muestra, como los setter, los pachones, los terrier, los labradores o los spaniel, por citar unos cuantos. Entre los perdigueros, quizá el más apreciado sea el de Burgos, pero existen también un perdiguero portugués, un perdiguero frisón y un perdiguero holandés, que es el perdiguero de Drente.

El perdiguero de Drente, el drentsche patrijshond –en los Países Bajos se conoce desde el siglo XVI a los perdigueros como «patrijshonde»–, llamado a veces sencillamente «drent», aparece en numerosos dibujos y grabados de un artista, holandés como él, dos de cuyas obras ilustran esta página. Fue el hijo primogénito del pintor en vidrio Jan Goltz II, que le enseñó su oficio de artesano; el de grabador lo aprendió del maestro Dirck Volckertz Coornhert, primero, y luego del editor Phillip Halle. Hendrick Goltzius –nuestro artista latinizó su apellido paterno– está considerado en general uno de los mejores grabadores de los Países Bajos.

Como discípulo del maestro Coornhert, Goltzius se mudó con él en 1577 a Haarlem. Philip Galle lo contrató ahí para grabar una serie de cuatro imágenes sobre la historia de Lucrecia, la romana que se suicidó después de ser violada por Sexto Tarquinio. A Hendrick Goltzius su trabajo como grabador le valió una reputación duradera, y con razón sigue siendo uno de los más renombrados grabadores del siglo XVI. Pero también es uno de los mejores dibujantes. Y desde 1600 tomó una dirección nueva: la pintura, y en ese terreno nuevo la influencia de Rubens intensificó el implacable realismo que ya caracterizaba y enriquecía el manierismo inherente a su producción desde el comienzo.

Los dedos de la mutilada mano derecha de Goltzius –así nos los ha dejado retratados en un preciso grabado– quedaron para siempre deformes y torcidos debido a las quemaduras que sufrió de niño en un incendio, y se dice que a eso, por paradoja, le debió su rara destreza en el manejo del buril. Con el tiempo, Goltzius estableció su propio taller en Haarlem, donde trabajó hasta su muerte.

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El perdiguero de Drente –llamado así por la provincia homónima–, perro holandés de caza, robusto y de buen tamaño, cuyas peludas orejas flanquean elegantemente su rostro cayendo con la suave gracia de dos largos pares gemelos de sedosas guedejas, aparece, como dijimos, en los dibujos y grabados de su paisano bípedo, el humano Goltzius, con relativa frecuencia. Aquí vemos un par de estas obras de Goltzius con presencia canina, entre ellas una de las imágenes más conocidas creadas por nuestro artista: la de Frederick de Vries –hijo de su colega, el pintor Theodore Frisius– a punto de cabalgar a lomo de perro, con la pierna izquierda alzada en el momento justo de montarse en un perdiguero de Drente –el perro del propio Goltzius– que nos clava, con aire paciente y algo divertido, entreabierto el hocico como en una sonrisa, sus ojos transparentes.

Juliansorel20@gmail.com

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