Fernando Pessoa, un escritor volcánico

Fernando Pessoa
Fernando Pessoa, un escritor volcánico

«La mayoría de las personalidades literarias inventadas por Pessoa escribían en portugués; algunas, en inglés; el solitario Jean Seul de Méluret escribía en francés. Todos ellos eran proyecciones, derivaciones o metamorfosis del propio Fernando Pessoa».

Cuando el siempre elusivo Fernando Pessoa falleció en Lisboa, en el otoño de 1935, pocas personas en Portugal se dieron cuenta de qué gran escritor habían perdido. Nadie tenía idea de lo que el mundo iba a ganar: uno de los cuerpos literarios más ricos y extraños que haya producido el siglo XX. Aunque Pessoa vivió para escribir y aspiró, como los poetas desde Ovidio hasta Walt Whitman, a la inmortalidad literaria, mantuvo sus ambiciones en el armario, junto con la mayor parte de su universo literario. Sólo había publicado un libro de su poesía en portugués, Mensagem (Mensaje), con cuarenta y cuatro poemas, en 1934. Ganó un premio del régimen autocrático de António Salazar a obras poéticas que denotaban «un elevado sentido de exaltación nacionalista», premio cuestionable y que en el momento de su muerte era lo que más destacaba en su currículum literario.

Algunos admiradores de Pessoa, principalmente otros poetas, se sintieron desconcertados por la publicación de Mensaje, cuya visión mística de la historia y el destino de Portugal parecía surgir de la nada. En diversas publicaciones periódicas habían aparecido otros poemas muy diferentes, más de la mitad de los cuales estaban firmados por alguno de los tres principales alter ego que Pessoa empleó durante su vida, todos surgidos en 1914, poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. El primero en aparecer fue Alberto Caeiro, un hombre iletrado pero con una mente filosófica que vivía en una sencilla casa blanca en el campo, donde escribía poemas en verso libre en los que sostenía que las cosas deben verse tal como son, sin interpretación. Ricardo Reis, un médico formado y clasicista apasionado, compuso odas inspiradas en Horacio que recomendaban la aceptación estoica de todo lo que los dioses nos deparen. Un tercer núcleo de fuerza y sentimiento se constituyó como Álvaro de Campos, un elegante ingeniero naval que viajaba por el mundo, al que encantaban por igual los hombres jóvenes y las mujeres, que aspiraba a vivir al límite y firmaba poemas desenfrenados ventilando sus exaltadas sensaciones pero delatando, al mismo tiempo, su melancólica convicción de que la vida, por intensamente que la viviera, nunca era suficiente. A Campos, el más inquieto de los tres alter ego, no le bastaban las secciones de poesía de revistas y periódicos. En entrevistas, artículos, manifiestos y cartas al editor comentaba con ingenio cáustico la política y la cultura de su tiempo, y encontraba un deleite particular en contradecir las opiniones expuestas con toda lógica por Fernando Pessoa, de quien se burlaba por su «manía de suponer que las cosas se pueden demostrar».

José de Almada Negreiros, «Retrato de Fernando Pessoa», 1954.
José de Almada Negreiros, «Retrato de Fernando Pessoa», 1954.

A pesar de su personalidad asertiva, Campos sentía deferencia por Alberto Caeiro, el sereno poeta de la naturaleza, y lo reconocía como su maestro. La misma actitud compartían el doctor Reis y Fernando Pessoa, inventor del prodigioso trío, al que proporcionó biografías individualizadas, dotando a cada uno de sus alter ego de una particular psicología, de convicciones religiosas y políticas propias, así como de distintos estilos literarios. Demasiado radicalmente diferentes de él como para ser considerados simples pseudónimos (lo que supondría un simple cambio de nombre), Pessoa los llamó «heterónimos», y en un «Resumen bibliográfico» de sus obras publicado en 1928 explicó la distinción conceptual:

«Las obras pseudónimas son del autor en su propia persona, salvo en el nombre que firma; las heterónimas son del autor fuera de su propia persona. Proceden de un individuo completamente formado que él ha creado, como las frases que pronuncia un personaje en un drama que él ha escrito».

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

[…]

Pessoa era un escritor volcánico, y cuando las palabras comenzaban a fluir, usaba para escribir cualquier tipo de papel que tuviera a mano: hojas sueltas, cuadernos, servilletas de papel de los cafés que frecuentaba, páginas arrancadas de agendas o calendarios, el dorso de tiras cómicas y folletos, portadas de libros, tarjetas de visita, sobres, incluso los márgenes de manuscritos redactados unos días o unos años antes. Todo lo metía en su gran baúl de madera, su legado al mundo. Llevó décadas de dedicación por parte de académicos y bibliotecarios inventariar y publicar buena parte de ese tesoro textual, asombrándonos con su cantidad, calidad y heterogeneidad. Además de sus muchos poemas, sus obras de teatro, cuentos y novelas negras, Pessoa hizo traducciones, escribió comentarios políticos, textos de historia, tratados sociológicos, estudios filosóficos, teoría lingüística, teoría económica, ensayos sobre religión y psicología, autoanálisis, escritura automática y cientos de cartas astrológicas.

Fernando Pessoa en la «Baixa» de Lisboa
Fernando Pessoa en la «Baixa» de Lisboa

Aún más sorprendentes que los copiosos escritos exhumados del baúl fueron las docenas de alter ego desconocidos que, después de permanecer agazapados allí durante años, de repente irrumpían en el mundo como si despertaran de un sueño encantado. Algunos, como el astrólogo barbudo y filósofo esotérico llamado Raphael Baldaya, sólo estaban vagamente perfilados. Otros, como el ultrarracional Barón de Teive, cuya insistencia en vivir únicamente conforme a la razón lo llevó a suicidarse, estaban dotados de psicologías complejas. Baldaya escribió varias páginas para folletos y tratados de astrología. El Barón de Teive dejó una larga meditación en formato de diario sobre por qué había decidido quitarse la vida. Y António Mora, un filósofo y apologista del neopaganismo, dejó cientos de páginas para varias obras extensas pero inconclusas. Los proyectos de escritura de otros muchos personajes no progresaron, o bien los personajes simplemente no tenían las características de los escritores ambiciosos. Maria José, una patética jorobada afectada de tuberculosis y único alias femenino de Pessoa, es la autora de una única carta de amor apasionada dirigida a un apuesto herrero que cada día pasaba al pie de su ventana, camino al trabajo. La mayoría de las personalidades literarias inventadas por Pessoa escribían en portugués; algunas, en inglés; el solitario Jean Seul de Méluret escribía en francés. Todos ellos eran proyecciones, derivaciones o metamorfosis del propio Fernando Pessoa.

[Del prólogo de Pessoa. Una biografía (Barcelona, Acantilado, 2025), de Richard Zenith]

Pessoa. Una biografía (Barcelona, Acantilado, 2025), de Richard Zenith
Pessoa. Una biografía (Barcelona, Acantilado, 2025), de Richard Zenith

*Richard Zenith (Washington D. C., 1956) es licenciado en Artes (BA) por la Universidad de Virginia, traductor, crítico literario y uno de los especialistas más reconocidos en la obra de Pessoa. Recibió el PEN Award for Poetry in Translation en 1999, el Premio de Traducción Calouste Gulbenkian en 2002, el Premio de Traducción Harold Morton en 2006 y el Premio Pessoa en 2012. Su libro Pessoa: A Biography (Liveright, 2021) fue finalista del Premio Pulitzer en 2022.

Richard Zenith
Richard Zenith