Hernando Arias de Saavedra (Asunción, 1561 - Santa Fe, 1634), conocido como Hernandarias, fue el primer gobernador del Río de la Plata y Paraguay elegido por el Cabildo y el primer nacido en América en ocupar el máximo cargo colonial. A su figura y su época, la escritora uruguaya afincada en Paraguay Irina Ráfols le dedica una trilogía de novelas históricas cuyos dos primeros volúmenes son Hernandarias (El Lector, 2025) y ¡Tierra! (Rosalba, 2025). Conversamos con ella sobre la tercera y última parte de esta saga, que actualmente se encuentra en preparación.
¿Cuándo te enteraste de la existencia de Hernandarias? ¿A qué edad?
Me enteré en la escuela. Tendría doce años. En los libros de historia se hablaba de Hernandarias con respeto y agradecimiento. Introdujo por primera vez el ganado en las praderas orientales. En aquel tiempo Uruguay se llamaba Banda Oriental, y era parte de la provincia del Río de la Plata y Paraguay. Uruguay desarrolló la herencia de Hernandarias hasta convertir la ganadería en el pilar económico del país. Luego, durante el cursillo de la Facultad de Filosofía, en una clase de historia, reapareció el tema de Hernandarias con otros tintes. En 1607, quiso fundar en Asunción un centro de estudios superiores que funcionara como facultad y no le dejaron. Recuerdo que eso me molestó. ¿Por qué rechazar algo tan bueno? Después tuve la respuesta. No había fondos para mantener una universidad, la prioridad era evangelizar a los nativos y había tensiones entre Hernandarias, el clero y los encomenderos, entre otras cosas.
¿Te impresionó su personalidad o su obra?
Ambas. Tenía un poder de acción tremendo y una personalidad avasalladora. Podía sentarse a estudiar leyes, fundar hornos de tejas, abrir un camino en el monte a machete, enfrentarse cuerpo a cuerpo a cualquier enemigo y recorrer las provincias de punta a punta. Lo comparo con nuestra vida, cuántas situaciones resolvemos con una llamada. Hernandarias iba a caballo o en carreta de una punta a otra de las provincias a solucionar todo tipo de problemas. Pacificar hordas rebeldes, luchar contra los bandeirantes, atender el cabildo, ir al monte a cortar troncos para vigas, etc. Fue uno de los primeros en legislar para proteger a los desposeídos, las viudas, los huérfanos, los nativos y cualquier otro en situación de desventaja. Fue un gran estadista y lo que no conseguía con las leyes lo conseguía con las armas. Era el ideal de la época: un hombre fuerte, instruido y de honor. Como era criollo y fue notoria su inclinación hacia los indígenas y los demás nacidos en la tierra, sufrió persecuciones. A todos los enfrentó.
Lea más: «Augusto Roa Bastos, mi profe querido»

Tu origen es uruguayo… ¿Desde cuándo vivís en Paraguay?
Soy uruguaya, descendiente de inmigrantes españoles e italianos. De ascendencia catalana, madrileña, vasca y algo más que se habrá mezclado por allí. Llegué a Paraguay un día antes de la caída de Stroessner. Durante un día fui testigo de la vida en un país extraño, en el que si estabas cenando en un restorán entraban soldaditos (casi adolescentes) mostrándote el arma para «invitarte» a volver a tu casa. Al día siguiente, la gente tomó las calles festejando y llorando de alegría con una euforia que era para quedarse a mirar. Estoy aquí desde ese momento.
Ahora quiero saber cuáles son tus ideas sobre el descubrimiento y la conquista.
A los que realmente hubiera sido valioso preguntar es a los protagonistas de aquella época. Es un hecho que hubo diversos escenarios en diferentes partes de América. En algunos casos, la llegada de los españoles fue lo peor que pasó. En otros, lo peor vino después, de manos de los criollos que buscaron la independencia. En algunos escenarios, los nativos aceptaron de buen grado pertenecer a la corona. En otros, se negaron rotundamente. Hubo alianzas por un lado; por otro, enfrentamientos a muerte. Si fuera posible hacer una encuesta en todas las Américas sobre esta misma pregunta, no habría consenso. Nosotros hoy miramos el pasado con los ojos del presente y hay cosas que se nos escapan. Lo de la conquista fue inevitable. Así se mueve el mundo. En toda conquista hay pérdidas valiosas. Legados culturales, idiomas que desaparecen, sabidurías ancestrales de bases humanas más sensibles y cercanas a la naturaleza. Otro escenario: en la época de la independencia de Uruguay, bajo la primera presidencia constitucional de Fructuoso Rivera, hubo un genocidio nativo. ¿Fueron los conquistadores? No. Fueron los nacidos en la tierra, los criollos. Así que nos equivocaríamos al generalizar. Ni todo fue bueno, ni todo fue malo. Mi opinión es que hay estudiar cada escenario con sus circunstancias y no cometer el error del presentismo al juzgar con los ojos de hoy los hechos del pasado.
Estudiaste Letras en la Universidad Nacional de Asunción y se puede afirmar que sos una escritora paraguaya, porque escribiste toda tu obra en Paraguay, como Josefina Pla.
Sí, toda mi obra la publiqué en Paraguay, hasta el momento doce libros. Empecé a escribir poesía a los once o doce años en Uruguay, pero fue en Paraguay donde empecé a escribir otros géneros y donde, durante la carrera de Letras, empecé a publicar cuentos, novelas, teatro, ensayo. Tanto Uruguay como Paraguay están insertados en mi escritura como un árbol con dos raíces.
Lea más: Descontando cuentos, de Ana Martini
Me consta toda la energía que consume escribir una novela, pero ¿nos podrías dar una idea aproximada de la fecha de presentación de la tercera parte de esta saga?
Yo diría que, en lugar de consumir, me llena de energía. Me lleva a pensar en profundidad y a conmoverme. Mi tiempo para escribir es sagrado. Esta es una saga histórica. Hernandarias es la primera parte; en la segunda, ¡Tierra!, trato el tema de la división de la provincia del Paraguay. Volveré a presentar las dos partes juntas en la Feria del Libro de Asunción. Así que invito a los lectores a un conversatorio. La tercera parte, con la que cierro esta saga, la estoy escribiendo.
*****
Irina Ráfols es profesora de literatura, escritora, editora de textos y correctora. Es licenciada en Letras, con capacitaciones en inteligencia emocional y neuroeducación. Y también es practicante de tai chi y otras artes marciales, y aprendiz de armas tradicionales antiguas y taoísmo. Mientras concluye la última parte de esta saga histórica, me permito recordar a los lectores los doce libros que lleva publicados: Esperando en un café (cuentos, 2004), Desde el insomnio (poemas, 2005), Abulio, el inútil (novela, 2005), Alcaesto, historia de un aprendiz de alquimia (novela, 2009), El Hombre Víbora (novela, 2013), Cuadros parlantes (cuentos, 2015), Palabra al borde (poemas, 2019), Cuentos para vivirlos (cuentos con guías didácticas, 2022), Encuentros cercanos (cuentos, 2024), La criatura (cuentos, 2025), Hernandarias (novela, 2025) y ¡Tierra! (novela, 2025). Tenemos buena literatura de sobra para disfrutar la espera.
*Lita Pérez Cáceres (María Amelia Pérez de Cabral, Asunción, 1940) es escritora y periodista. Ha trabajado en los diarios Noticias, ABC Color, Hoy y La Nación, entre otros, ha conducido programas de radio en las emisoras Ñandutí y Chaco Boreal y ha publicado María Magdalena María (Intercontinental, 1997), Encaje secreto (Intercontinental, 2002), Mi vida con Herminio Giménez (Servilibro, 2005), Cuentos del 47 y de la dictadura (Criterio, 2008), Cartas de amor y otros cuentos (Fausto, 2010; Premio Roque Gaona de la Sociedad de Escritores del Paraguay), Memorias de Areguá (Criterio, 2015), Circo Desolación (Servilibro, 2012), Sueños a la intemperie (Servilibro, 2016), Mestiza (Servilibro, 2023), Cartas a Fernando (Fausto, 2024) y Locas de amor (Fausto, 2025), entre otros libros.

