Marie-Christine Seguin nació el domingo 1 de agosto de 1965 en el antiguo pueblo francés de Saint-Gaudens, al pie de los Pirineos, muy cerca de las fronteras con España y con Andorra, y en sus años estudiantiles fue alumna de guaraní en la cátedra que impartía Augusto Roa Bastos en la Universidad de Toulouse-Jean Jaurès (conocida anteriormente, hasta 2014, como Universidad de Toulouse II-Le Mirail).
En esa universidad, Marie-Christine –que además fue amiga de la familia de nuestro novelista, su entonces esposa, la profesora franco-española Iris Giménez, y los tres hijos del matrimonio– se doctoró en 1999 en Literatura y Civilización Latinoamericana con una tesis sobre la poesía de José Lezama Lima.
En la actualidad, Marie-Christine es titular de la Cátedra de Francofonía y Migraciones (Chaire Francophonie et Migrations) del Instituto Católico de Toulouse (Institut Catholique de Toulouse, ICT), conocido familiarmente como «la Catho». «Soy investigadora en el área de literatura (en especial, en epistemología, ontología, poesía contemporánea de América Central y del Caribe hispanohablante)», nos explica. Además, en 2024 obtuvo el diploma de Habilitación para Dirigir Investigaciones (Habilitation à Diriger des Recherches, HDR) con una tesis sobre las tendencias epistemológicas en la poesía centroamericana y caribeña presentada en la Universidad de Aix-Marseille. Paralelamente a su trabajo en la Unidad de Investigación en Cultura, Ética, Religión y Sociedad (Unité de Recherche Culture, Éthique, Religion et Société, UR CERES), el laboratorio interdisciplinario del Instituto Católico de Toulouse, Seguin es docente en letras e historia de América Latina y de España, también en el ICT, desde 2009.

«En estos últimos años –nos comenta–, he colaborado con el Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos (DEILA) de la Universidad de Guadalajara, México, con estudios sobre poesía centroamericana y del Caribe. He impartido clases sobre poesía en la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA) de Guadalajara, y dado conferencias en el Colegio de Michoacán (Zamora), la Universidad de Hermosillo (Sonora) y la Casa Cervantes de Guatemala. Coorganicé un coloquio sobre las migraciones en América Latina en la Universidad de Guadalajara, donde presenté poesía de migrantes del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador). Firmé contratos de intercambios laborales y estudiantiles con la Universidad Rafael Landívar, de Guatemala. Traduje al francés a varios poetas, y también la novela El invierno de Gunter, del profesor y director de la Universidad del Norte, de Paraguay, Juan Manuel Marcos, traducción aun inédita. Además, traduje y publiqué en la editorial L’Harmattan, en París, unos poemas de Juan Manuel Marcos en 2021 (1). Esa oportunidad, que se inició durante el periodo del Covid (en marzo de 2020), a través del contacto del profesor José Antonio Navarro, de la Universidad del Norte, fue para mí la ocasión de volver a cruzar el camino hacia el guaraní, que tanto en los poemas como en la novela de Juan Manuel Marcos recobró su realidad después de muchos años de no haber escuchado esa lengua».
Cedámosle la palabra.
Mi encuentro con el guaraní

Descubrí la cultura guaraní en 1987 a través de un programa de estudios de licenciatura en la Universidad de Toulouse, donde, en aquel entonces, yo era una estudiante de Filología Española con especialización en América Latina. Como parte de un diplomado adicional sobre América Latina (DUELA) a la carrera que estaba siguiendo, tuve que elegir entre estudiar náhuatl o guaraní, idiomas impartidos, respectivamente, por Georges Baudot y Augusto Roa Bastos, que residía en Toulouse y que era esposo de mi profesora de traducción, Iris Giménez.
Aquel año, por otra parte, dentro del programa de Letras, había un curso de estudio de la novela Hijo de Hombre, de Augusto Roa Bastos.
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Desde el inicio de mi carrera, en 1985, había tenido clases sobre culturas prehispánicas y cultura mexicana, pero lo ignoraba todo acerca del guaraní y acerca del Paraguay. Fue por curiosidad, y por interés en lo que representaba Roa Bastos, como escritor de nacionalidad paraguaya, que acudí a sus clases sin tener ni la menor idea de la lengua que iba a estudiar. No me arrepentí de haber escogido ese curso de lengua guaraní, que duró dos años.
Se suponía que las clases, dos horas semanales, debían concentrarse en el aprendizaje del idioma. La mayoría de los alumnos del segundo año de la licenciatura matriculados en aquel diplomado adicional sobre América Latina en el año 1987 eligieron estudiar náhuatl. Recuerdo claramente la pequeña aula en la que nosotros, una quincena de estudiantes, nos sentábamos en corro con nuestros pupitres alrededor de Augusto Roa Bastos, descubriendo esa lengua de la familia tupí-guaraní. Aprendimos las bases con el achegety, los saludos y las formas de dirigirse a los demás: Iporãite, ha nde?, Jajotopáta, Ndaikuaái, Ndaikuaái guarani… y aprendimos a contar: peteî, mokõi, mbohapy... y nos tropezamos con los rasgos tipológicos más difíciles: la aglutinación, el uso de posposiciones, la marcación verbal compleja, que nos producían la sensación de estar escuchando una lengua de las islas de la Polinesia, rodeados de aves con plumajes multicolores.

Durante las clases, Roa Bastos nos contaba relatos que nos acostumbraban a los sonidos y a la pronunciación de la lengua. Él nos hablaba y nosotros no le entendíamos, y al final resumía en español brevemente lo que nos había estado contando durante varios minutos. De cada lección, nos pedía que recordáramos qué palabras o sonidos nos habían impactado más. Unos decían que habían escuchado tal palabra; los otros, tal otra, y todos discutíamos sobre la pronunciación: unos oían «tavarandu», otros oían «tavorondu»... ¡El sistema de nasalidad de las vocales nasales/orales era tan distinto de lo que conocíamos! Y así fue cómo aprendimos, discutiendo sobre la inclusión o la exclusión de la primera persona del plural, sobre el nosotros inclusivo y el exclusivo...
Lo que sí hacía Augusto Roa Bastos era incursionar en la historia y en la geografía: nos educó en la comprensión de la lengua desde la tierra, desde las huellas de la historia, desde las piedras, desde las rocas, desde la fauna y la flora. También nos hizo tomar conciencia de la relación de las palabras con las vivencias y con el día a día, y de su evolución, como la de todas las demás lenguas, para adaptarse a los cambios del mundo. Para los jóvenes que éramos nosotros en aquel entonces, fue una experiencia sin par; inusual, porque las apuestas no eran las habituales, a tal punto que a veces por poco estábamos a punto de olvidarnos de los créditos académicos con los que contaba la asignatura.
Con todo, hoy en día no he tenido más oportunidades de retomar mi aprendizaje del guaraní, y tampoco lo hablo. Sé que tampoco se estudia en la Universidad de Toulouse, y no he encontrado a nadie que lo hable acá. Mi dedicación a la poesía de Centroamérica requiere todo mi tiempo: cada país con sus vocablos, con su historia... Si tuviera que reflexionar sobre esta lengua, diría que sobrevivió a la colonización mejor que muchas otras. El guaraní tiene un sistema lingüístico complejo y plenamente desarrollado, y también es un pilar identitario de vitalidad excepcional entre las lenguas indígenas.

Notas
(1) Marcos, J. M. (2020). Poésie du matin, Juan Manuel Marcos du Paraguay (Marie-Christine Seguin, trad.). París, Harmattan, Collection Poètes des 5 continents, 2020, 107 pp.
*Lita Pérez Cáceres (María Amelia Pérez de Cabral, Asunción, Paraguay, 1940) es escritora y periodista. Ha trabajado en los diarios Noticias, ABC Color, Hoy y La Nación, entre otros, ha conducido programas de radio en las emisoras Ñandutí y Chaco Boreal y ha publicado María Magdalena María (Intercontinental, 1997), Encaje secreto (Intercontinental, 2002), Mi vida con Herminio Giménez (Servilibro, 2005), Cuentos del 47 y de la dictadura (Criterio, 2008), Cartas de amor y otros cuentos (Fausto, 2010; Premio Roque Gaona de la Sociedad de Escritores del Paraguay), Memorias de Areguá (Criterio, 2015), Circo Desolación (Servilibro, 2012), Sueños a la intemperie (Servilibro, 2016), Mestiza (Servilibro, 2023), Cartas a Fernando (Fausto, 2024) y Locas de amor (Fausto, 2025), entre otros libros.

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