En la película Timoteo (2026) hay un personaje que no es citado en los créditos y que es fundamental en la trama y desarrollo del filme en todos los aspectos. Se trata de la ciudad barrial de Asunción, mostrada con un amor atemporal. En la cinta, los barrios de Asunción (sintetizados en uno solo) se muestran con una ternura nada condescendiente tal como son ahora y como fueron hace años y décadas. Para que no nos queden dudas de eso, aparecen ante nuestros ojos mientras vemos la película en el cine objetos de uso cotidiano y formas de usarlos que ya no corresponden a este momento exacto de la cotidianeidad barrial asuncena y, por qué no, latinoamericana. Objetos tales como la radio a pilas, el teléfono fijo, etc.
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La forma de mostrar la Asunción barrial, la luminosidad, la fotografía y los colores elegidos dan cuenta de ese cariño inmenso a la ciudad que es en sí la película. La oscuridad que hay incluso dentro de la trama cinematográfica no alcanza a ensuciar el esplendor luminoso que hace de espejo de la ciudad que realmente conocemos. Es un colorido tan realista que parece fantasioso. Y eso que atardeceres estrictamente hablando no hay en la película. Los barrios de Asunción nos son mostrados como los imaginamos quienes vivimos en la ciudad, con ese tinte y colorido particular proveniente del clima y la geografía que nos toca. Apenas si podríamos reclamar cierta ausencia visible del río, pero lo intuimos en la humedad que trasmite la textura de la película.

Lo de ver la peli en el cine es algo de mérito, y en algunas salas de cine superó las tres semanas de exhibición. Es una peli que apuesta por una industria. Hay más cine en Paraguay pero hay pocas películas (quizás una o dos más) que han apostado por ir creando industria cinematográfica paraguaya. Timoteo destaca en eso. Es una obra que siento como colectiva, tan colectiva como es la vida de un barrio, y eso que tiene una autoría clara. Aprecio eso, que la apuesta por mostrar la vivencia barrial colectiva impregne también la percepción de la construcción del filme. La apuesta que hace Timoteo por la industria cinematográfica paraguaya pasa principalmente por esa imagen que trasmite de ser una obra colectiva, incluso popular por más que haya dirección, guión y producción claros. La gente que va a ver esta película va al cine por la película, no por quien la dirige, produce o actúa. Motivos por cierto muy válidos para ir al cine (y para ver películas en general). Ese deshacerse la gestión del filme en la propia película es una apuesta por el cine paraguayo más que por la autoría. Y es un camino poco trillado, una aventura que en este caso ha funcionado.
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Timoteo también apuesta a la creación de un público paraguayo para el cine local y lo ha hecho (contradiciendo la atemporalidad o tradicionalidad del amor que trasmite la película a la Asunción barrial) usando mecanismos, estrategias y métodos publicitarios muy actuales y coherentes que apuntaron a crear comunidad y complicidad. Una estrategia de mercadotecnia agresiva incluso aunque nunca invasiva que supo diferenciar el antes y el durante (el después, ya sabremos). No se puede pensar a Timoteo sin pensar en los mecanismos de promoción y vinculación con el público que desplegó, porque forman parte también de la experiencia cinematográfica de quien ha ido a una sala de cine a verla.

Timoteo muestra Asunción, la de los barrios, con cariño y humor. Humor coral de un tipo del que es difícil encontrar muestras en la historia del cine; capaz algo en la commedia all’italiana o en algo del cine hollywoodense influenciado por esa misma commedia all’italiana (como El mundo está loco, loco, loco) y como en algún cine latinoamericano de las últimas décadas. El humor coral y local de Timoteo se percibe cercano y ayuda eso también en la tarea que se ha dado de construir o seguir construyendo un público paraguayo para el cine paraguayo.
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No es una película perfecta, el humor «familiar» (las comillas son porque el concepto familia es tan amplio que me parece arriesgado poner esa etiqueta a cualquier cosa) puede que le quite oportunidades al chiste y fuerce otras, y así se podrán encontrar muchos detalles e incluso aspectos fundamentales dignos de ser mejorados, si no ácidamente criticados. Yo opto por decir que es una peli que muestra cariño por la Asunción verdadera, la de los barrios, y por ello merece pasar a la historia del cine paraguayo, latinoamericano, mundial y a la historia de Paraguay a secas.

Ficha técnica de Timoteo (2026, Paraguay)
Guión & Dirección: Osvaldo Ortiz Faiman
Dirección de Fotografía: Diego de Garay
Díseño de Vestuario: Tania Simbron
Dirección de Arte: Osvaldo Ortiz Faiman
Protagonistas: Amada Gómez, Katty Pacuá y Olga Vallejos
Productores: Osvaldo Ortiz Faiman y Tania Simbron
Producido por Puatarará Films

*Pelao Carvallo es anarquista, analista cultural, comunicador, migrante e integrante del Grupo Clacso de Trabajo Sobre Memorias Colectivas y Prácticas de Resistencia, de la red antimilitarista internacional War Resisters’ International (WRI-IRG) y de la Red Antimilitarista de América Latina y el Caribe (Ramalc).

