El jueves 8 de octubre de 2020, la Academia Sueca premió a Louise Glück, poeta del mito de Perséfone y profesora en Yale. El jueves 8 de octubre de 2026, seis años puntuales después, premió a Anne Carson, poeta del mito de Gerión y catedrática de Griego. Cuando la secretaria permanente Ingrid Carlberg la llamó, la ganadora estaba en Islandia, «escuchando el viento». A la televisión islandesa le dijo que el premio era crazy. Desde 1901, 19 Nobel literarios fueron para mujeres y 2 para el Canadá. El porcentaje femenino es de 15 puntos en el total de 126 Premios y de 100 puntos en el total canadiense. Precursora de la poeta Carson fue en 2013 la cuentista Alice Munro. La beneficiaria 2026 recibirá 1.208.000 dólares: doce millones de coronas suecas, un millón más que el monto de los años anteriores.
Griego para ganarse la vida
Desde hace décadas, las solapas de sus libros reiteran una oración: «Anne Carson nació en Canadá y enseña griego antiguo para ganarse la vida». Sin retrato para ilustrar con fotogenia el b/n de la frase. En Autobiography of Red (1998), la novela en verso más leída de Carson, donde buscamos la imagen de un rostro encontramos la de un volcán. La biografía mínima presenta como empleo de subsistencia lo que el currículum registra como carrera. La vida que se gana enseñando griego es la de una profesora que pasó por Calgary, Princeton, Emory, McGill, Michigan, Berkeley, NYU, Cornell, Stanford y Bard, que se describía a sí misma como visiting [whatever], y a quien antes que la distinción de Estocolmo le llegaron la beca Guggenheim en 1998, la MacArthur en 2000 y el Premio Princesa de Asturias en 2020.
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Según contó en 2014 el crítico Roy Scranton en un artículo de la revista Contemporary Literature, a mediados de la década de 1980 Princeton truncó el proceso de titularidad (tenure) de Carson. El 8 de octubre, la universidad la felicitó en redes sociales como exprofesora de Clásicas; en 2025 la había invitado a dictar la Conferencia Robert Fagles. Consultada por The New York Times, declinó comentar: no discute sus procesos de titularidad. El rechazo de cuarenta años contribuye hoy a ratificar la excepcionalidad de Carson.
Un estuche de cartón gris
En 2000 murió en Copenhague Michael Carson, el hermano mayor de quien la poeta se había distanciado. La viuda tardó dos semanas en avisarle: no encontraba el número de la hermana entre las cosas del muerto. Carson armó a mano un cuaderno único, donde pegó fotografías, cartas, estampillas y donde fue escribiendo los avances, retrocesos y digresiones de su traducción inglesa, palabra por palabra, de los diez versos del poema 101 de Catulo, el de la visita a la tumba del hermano muerto en la Tróade.

En 2010, la editorial neoyorquina New Directions convirtió el ejemplar irrepetible en mercancía repetida. Nox es un estuche de cartón gris de 23,5 por 15 por 6,4 centímetros que guarda una sola hoja de papel plegada en acordeón: los dobleces forman 192 páginas. Costaba 29,95 dólares. Hoy un minorista de Nueva Zelanda lo ofrece a 144 dólares neozelandeses. El duelo privado había pasado del escritorio de la poeta al impreso en facsímil, caja incluida. Si la producción había seguido un proceso más largo, delicado y oneroso que la mayoría de los libros de poesía, la distancia entre libro impreso y manuscrito original era sin embargo notablemente más corta.
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La crítica norteamericana recibió el estuche como una reliquia. En The New Yorker, Meghan O’Rourke lo encontró «personal y profundamente conmovedor». Sam Anderson habló de un «montón de restos brillantemente curado»; Ben Ratliff, de un libro «precioso en el mejor sentido de la palabra». No les interesaba —y por qué habría de interesarles— el costo de fabricar en serie un objeto que simula no haber sido fabricado.
El último verso de Catulo dice: atque in perpetuum, frater, ave atque vale. En Nox termina así: and into forever, brother, farewell and farewell. Carson suprime el ave, el saludo, y duplica el vale, la despedida.

En su comunicado Nobel, la Academia informa que Carson ubica en la etimología un punto de partida de toda su obra, y que en su escritura el esbozo literario ha cobrado valor propio y singular. Tesis doctoral de 1981 titulada Odi et amo ergo sum, entradas de diccionario, traducción en curso, fragmento de papiro con sus lagunas: cada fase del trabajo adjunta certificación probatoria de la densidad de cada segmento. Antes que riesgo, el non finito es sello que acredita la autenticidad de cada pieza de Carson. El proceso se exhibe, y la exhibición es la obra.
Cabeza a cabeza
En Azares y furias (2015), de la norteamericana Lauren Groff, el dramaturgo Lancelot y el joven compositor Leo preparan una ópera sobre Antígona:
«Lancelot leía la tragedia original de Sófocles en voz alta mientras Leo, tumbado ante el hogar, escuchaba y soñaba al calor del fuego. Después, para tener más contexto, Lancelot leyó en voz alta el resto de aquel triunvirato: Edipo rey y Edipo en Colono. Leyó en voz alta los fragmentos de Eurípides. Leyó de viva voz la adaptación de Seamus Heaney; leyeron a Anne Carson, los dos, juntando sus cabezas. Escucharon en silencio la ópera de Orff, la de Honegger-Cocteau, la de Theodorakis, la de Traetta. En la cena se sentaban uno al lado del otro, en intimidad compacta y cómplice, para hablar de su Antígona, a la que llamaban Go, como si fuera una amiga».
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Carson es el signo de la coziness consumada: la marca del instante decisivo, el registro climático del salto cualitativo. Dejaron de leer el escritor y de oír el músico: a Carson se la lee de a dos, cabeza a cabeza. En los agradecimientos, Groff cuenta que su novela llegó a la vida en la MacDowell Colony, residencia para artistas de New Hampshire, «con la ayuda de la obra de Anne Carson».

Según The Guardian, Azares y furias fue la novela de la que más se habló en 2015. Barack Obama la señaló a People como su libro favorito del año. Nobel de la Paz 2009, Obama había distinguido a Glück con la Medalla Nacional de Humanidades. Causas y azares que el nombre Carson evoca: una residencia para escritores, un presidente afroamericano culto y lector que premia a una poeta Nobel, una novela recomendada por el presidente Nobel, otra poeta leída en esta novela por dos artistas que componen una ópera sobre Antígona (a la que llaman «Go»), el Nobel para la poeta que tradujo la tragedia de Sófocles.
El 10 de diciembre, en Estocolmo, el rey de Suecia entregará la medalla del Premio a una mujer que nació en Canadá y enseña griego antiguo para ganarse la vida.

*Alfredo Grieco y Bavio es filólogo, escritor y periodista. Ha sido editor de Internacionales en los diarios Página/12 (Argentina), Crítica (Argentina) y La Razón (Bolivia) e investigador en la Universidad de Buenos Aires.
