Ya en 1973, organizaciones nacionales en lucha contra el Tratado de Itaipú advertían que Itaipú se constituiría en una tranca al desarrollo nacional. Que Itaipú –contrario a lo que decía que era su objetivo– sería un impedimento al avance industrial, tecnológico y económico del Paraguay.
Denunciaban que eso era el objetivo de los grupos de poder de Brasil, que buscaban mantener a Paraguay en el atraso y destinarlo a ser proveedor de energía eléctrica barata, tierra barata, fuerza de trabajo barata, como comprador de mercaderías brasileñas de baja calidad y territorio del contrabando y el tráfico.
Explicaban que Itaipú, al trancar la industria nacional que no iba a poder hacer frente a la gran masa de mercaderías baratas del Brasil, iba a impulsar con fuerza, en contrapartida, la gran industria del tráfico de drogas y del contrabando, otro de los objetivos reales de los grupos de poder stronistas que desde el inicio se hicieron con Itaipú.
Hoy, casi 50 años después, vemos lo cierto de esas denuncias, que ya en aquel entonces alzaron la bandera de la recuperación de la soberanía nacional con la anulación del Tratado de Itaipú, para destrabar nuestro camino al desarrollo e impulsar la industria, la ciencia, la tecnología, la reforma agraria, es decir, el desarrollo del Paraguay.
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Itaipú, lejos de impulsar ese desarrollo nacional que utilice la energía que nos corresponde para industrializar, por ejemplo, el algodón, los lácteos, la soja, el trigo, la madera, entre otros, subsidió el desarrollo industrial brasileño paulista, recibiendo a cambio de la entrega de nuestra energía una migaja por la “compensación por cesión de energía”.
Esta migaja, denunciada por las organizaciones ya en la década del 70 como una “subvención política”, tampoco llevó a cabo un desarrollo tecnológico, científico, agrario e industrial, sino que, a través de los royalties y más adelante Fonacide, sirvió en su mayoría para engrosar los bolsillos de los mangurujuses locales y fortalecer la prebenda y la corrupción.
Así, con una economía improductiva, dependiente del mercado externo y de la inyección de dinero extranjero, la cancha quedó libre para los negocios ilícitos, que grupos de poder manejan y controlan, aprovechándose a su vez de la gran cantidad de desempleados –principalmente jóvenes– producto de esta economía corrupta e improductiva, que son llevados como mano de obra barata de los grandes jefes del narco y el contrabando.
Junto con la traba a la industria nacional para hacer crecer la gran industria del tráfico de drogas y del contrabando, Itaipú sirvió también de territorio para cultivos y puertos clandestinos.
La premiada investigación del diario Última Hora descubrió uno de estos esquemas de negociados y mafia desde el stronismo en los ´70 hasta nuestros días con las tierras de Itaipú.
Los 1.524 kilómetros desde Salto del Guairá hasta Hernandarias, expropiados –y en caso de las comunidades indígenas, despojados– supuestamente para “bosques de protección” de Itaipú –acorde al Artículo XVII del Tratado y la Ley 752/1979 de Paraguay– ocultan cientos de puertos clandestinos dedicados al contrabando y narcotráfico entre Brasil y Paraguay. Esta franja de protección está, asimismo, invadida por clubes privados, areneras y cultivos de soja que deforestan el área que debía ser protegida.
Este esquema debe ser investigado y derrocado, para limpiar el Paraguay. Junto con el combate frontal a estas terribles trancas como el narcotráfico, el contrabando, la prebenda y la corrupción, es fundamental llegar a la raíz de estos problemas, y terminar con la dominación extranjera que nos destina a ser país de mano de obra barata, energía, tierra y negocios ilícitos.
Anular el Tratado de Itaipú y recuperar esta llave del desarrollo para el pueblo paraguayo y brasileño son fundamentales para llegar al objetivo, pudiendo llevarnos a ser una economía pujante y productiva –para la cual contamos con todos los recursos naturales y humanos– y con ello alzar la cabeza, independizarnos y desarrollar libremente y sin ataduras al Paraguay.
Control
Paraguay se convirtió un país controlado por criminales en el más alto nivel. No es solo un problema de grupos o personas: el sistema está podrido de raíz.
Puertos
Los 1.524 kilómetros de Salto del Guairá a Hernandarias, “bosques de protección” de Itaipú ocultan cientos de puertos clandestinos dedicados al contrabando y narcotráfico entre Brasil y Paraguay
(*) De la campaña Itaipu ñane mba’e
