En busca de la concertación energética

En menos de un año se completarán 50 años de la vigencia del Tratado de Itaipú. En este tiempo hemos observado de todo: posiciones fanáticas a favor, enfoques radicales en contra, artículos con sabor a té de naranjo, otros con gusto a ajenjo y algunos con un optimismo cuasi utópico sobre lo que podríamos lograr en términos comerciales o compensaciones por la deuda social y ambiental.

En las entrañas del gigante. Trabajos de mantenimiento en la central hidroeléctrica binacional Itaipú.
En las entrañas del gigante. Trabajos de mantenimiento en la central hidroeléctrica binacional Itaipú.GENTILEZA

En este pensamiento sucinto pretendemos realizar algunas sugerencias o propuestas concretas que el candidato que logre la victoria en las elecciones de 2023, si los ejecuta, podrá escribir su nombre en el bronce de la historia.

El tema energético, sin embargo, no es lo principal entre los tres ejes vitales que deberán acordar los actores políticos en los próximos 20 años. Estos ejes son: el pacto social, el pacto político y las reformas estructurales o profundas del Estado.

De hecho, las ideas sobre Itaipú y Yacyretá han sido temas en tertulias, talleres, manifestaciones, reuniones, aty guasu, discursos y entrevistas en los medios masivos de comunicación y en las redes sociales. Pero todavía no hemos concordado en los dos puntos primordiales del negocio: precio justo y libre disponibilidad.

Es más, muchos creen que las binacionales ni siquiera son negocios del Estado. Entonces, ¿qué son? A muchos les gusta la muletilla de “factor de desarrollo para los pueblos”, pues con esta frase hueca se han enriquecido unos pocos de la margen derecha, pero desarrollado gran parte del sudeste brasileño y la Argentina.

Proponer un mensaje unificado sobre las binacionales es tan difícil como mezclar el agua y el aceite, o las frecuencias de 50 y 60 Hertz. Es por ello que los aspirantes a cargos electivos dentro de la Concertación, la nueva esperanza política en el horizonte, han comprendido que debe haber una posición única, firme e inamovible sobre los puntos mencionados. El precio justo o de mercado hace al negocio, mientras que la libre disponibilidad hace a la soberanía nacional. Es evidente que cada candidato tendrá sus matices, su público y circunstancias; pero es necesario que todos vean los anhelos comunes de las grandes reformas del Estado, entre las cuales está nuestra matriz energética. Es importante convencer que queremos un nuevo Paraguay, y no solo un cambio de guardia.

En los Estados democráticos, ya sean repúblicas o monarquías, las políticas de Estado son a veinte años de plazo, como mínimo. Estas acciones de mediano plazo están a cargo de un presidente o del rey, mientras que las políticas de gobierno las ejecuta un primer ministro. En nuestro caso, como tenemos un gobierno unitario y presidencialista, este debe programar ambas políticas. Tal vez debemos incluir en la próxima reforma constitucional las figuras del presidente o consejo de Estado y del primer ministro, cada cual con las funciones mencionadas.

La visión de una nueva República incluye: dejar asentado, con firmeza y profundo convencimiento, que el pueblo está cansado de las injusticias sociales, económicas y políticas, entre las cuales se encuentran las binacionales.

Transmitir que el Paraguay decente ya no cree en un proyecto político monocromático, excluyente y sectario.

Recurrir a la historia antigua y reciente sobre las dictaduras militares, de la transgresión de los derechos humanos, de las luchas por la tierra propia y otras calamidades, de manera a recordar a los nuevos votantes (300.000 jóvenes que no conocieron estas épocas) que el poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente. Sin embargo, la narcopolítica es peor que todas nuestras plagas anteriores.

Pronunciar en todos los discursos las bondades de los recursos naturales del Paraguay, así como: suelos, clima, recursos hídricos y las ausencias de fenómenos catastróficos como: terremotos, volcanes, huracanes, tsunamis y otros.

Recordar permanentemente sobre los bonos demográfico y energético actual, aunque estos sean temporales.

Conmemorar algunos logros de la primavera democrática del 2008 al 2013: Línea de 500 KV, triplicación de la compensación por la cesión de nuestra energía en Itaipú, independencia energética en la subestación margen derecha, obras de infraestructura vial, iniciadas en este período, pero concluidas en el siguiente, implementación del IRP, lanzamiento del Paraguay al mundo financiero a través de los bonos de Estado, acueducto del Chaco, los veinticinco puntos del Acuerdo Lugo-Lula a favor del Paraguay, el asesoramiento de Jeffrey Sachs y otros.

En zonas específicas del país continuar en la senda trazada sobre las zonas industriales. Ejemplo: Alto Paraná, donde se logró la primera subestación eléctrica con el sistema de la alianza público-privada. Las zonas industriales son las herramientas prioritarias para la multiplicación de empleos reales y dignos, con previdencia social y salud universal.

En fin, podremos lograr tanto desarrollo y dignidad si nos despojamos de este sistema que mata a sus fiscales, periodistas, hombres libres y que ha claudicado ante Itamaratí y el PCC. No solo se arrodilló ante los barones de Itaipú, sino ante los cárteles de la droga, el tabaco y las armas de la muerte. ¡Basta de los sicarios políticos!

Aún no

Pero todavía no hemos concordado en Itaipú en los dos puntos primordiales del negocio: precio justo y libre disponibilidad de la energía eléctrica.

(*) Ing. Agrónomo, Electricista, Ex Asesor del DGP de Itaipú, hoy jubilado.

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