Salario mínimo en la región va de US$ 751 a solo US$ 0,44

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ABC Color

El salario mínimo es una de las herramientas más discutidas dentro de la política laboral, en particular en economías con elevados niveles de informalidad como Paraguay. Si bien su objetivo central es asegurar un piso de ingresos para los trabajadores, sus efectos sobre el empleo, la productividad y los incentivos a la formalización han sido analizados desde distintos marcos teóricos, con lecturas relevantes para la realidad local.

A diferencia de otros mercados, el mercado laboral no ajusta plenamente bajo la lógica clásica de igualdad entre oferta y demanda. Incluso, en escenarios de aparente equilibrio persiste el desempleo. En este contexto, Joseph Stiglitz, ganador del Premio Nobel de Economía en 2001, desarrolló la teoría de los salarios de eficiencia, que sostiene que las empresas pueden optar por pagar remuneraciones por encima del salario de equilibrio para fomentar mayor esfuerzo, compromiso y productividad. Este enfoque contribuye a reducir la rotación laboral y a mejorar el desempeño, al tiempo que eleva el costo de oportunidad para quienes evalúan disminuir su rendimiento o cambiar de empleo.

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La comparación del salario mínimo en dólares estadounidenses publicada por Bloomberg, realizada con datos oficiales de cada país y organizada de mayor a menor pone de manifiesto que la brecha salarial regional continúa ampliándose, influida tanto por las políticas de actualización salarial como por la evolución de los tipos de cambio y las condiciones macroeconómicas internas.

En el extremo superior del ranking se ubican economías que logran sostener salarios mínimos elevados en términos de dólares, aun con incrementos porcentuales moderados. Costa Rica encabeza la región con un salario mínimo equivalente a US$ 751 y un ajuste reciente de 1,63%.

Este nivel no responde tanto a un aumento significativo en el último período, sino a una estructura salarial históricamente más alta y a una mayor estabilidad cambiaria, factores que permiten preservar el valor real del ingreso mínimo. Uruguay y Panamá se posicionan inmediatamente detrás, con US$ 648 y US$ 636,80, respectivamente.

En el caso uruguayo, el incremento de 7,54% contribuyó a reforzar un salario mínimo que ya se encontraba entre los más altos de la región, mientras que Panamá, con un salario promedio aún pendiente de actualización oficial, mantiene uno de los valores más elevados, reflejando su perfil de economía dolarizada y de mayor ingreso relativo.

Chile y México integran el siguiente escalón, con salarios mínimos de US$ 597 y US$ 533. En Chile, el incremento de 1,9% marca una desaceleración en el ritmo de ajustes, aunque el nivel en dólares sigue siendo elevado en comparación regional. México, por su parte, se destaca por un aumento del 13%, uno de los más altos del conjunto analizado, lo que consolida la tendencia de recuperación del salario mínimo observada en los últimos años. Aun así, el valor final continúa por debajo de los países líderes, lo que evidencia que, incluso con ajustes agresivos, cerrar la brecha requiere tiempo y estabilidad macroeconómica.

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En un rango intermedio-alto se ubican Honduras, Guatemala y Uruguay, aunque con realidades heterogéneas. Honduras alcanza un salario mínimo promedio de US$ 530, con ajustes que oscilan entre 5,5% y 7%, mientras que Guatemala presenta una dispersión significativa, con valores que van de US$ 477 a US$ 554 según sector y tamaño de empresa. Esta amplitud ilustra la fragmentación del mercado laboral y la dificultad de establecer comparaciones directas. En estos casos, los promedios ocultan diferencias relevantes entre actividades económicas, lo que introduce matices importantes en la lectura del dato agregado.

Colombia aparece como uno de los casos más llamativos del período analizado. Con un incremento de 23,8%, el más elevado de la tabla, el salario mínimo se ubica en US$ 446. El fuerte ajuste nominal responde a una estrategia explícita de recomposición del ingreso mínimo, aunque el impacto del tipo de cambio limita la mejora en dólares. Ecuador, con un salario mínimo de US$ 482 y un incremento de 2,55%, se beneficia de la dolarización, que elimina el riesgo cambiario y otorga previsibilidad al ingreso, aunque restringe el margen de ajustes nominales sin afectar la competitividad.

Paraguay se sitúa en una posición intermedia-baja dentro de Sudamérica, con un salario mínimo de US$ 428 y un incremento de 3,6%. El ajuste se mantiene por debajo de los incrementos más elevados observados en la región, lo que limita avances relativos en el ranking. Perú y Bolivia se ubican en niveles similares, con US$ 335 y US$ 344 respectivamente. En el caso peruano, el aumento de 10,2% permitió una mejora moderada, mientras que Bolivia se destaca por un incremento de 20%, aunque partiendo de una base salarial baja, lo que explica que el nivel final en dólares siga siendo acotado.

En la parte inferior del ranking se concentran las economías donde la depreciación cambiaria y la inestabilidad macroeconómica erosionan de manera significativa el salario mínimo en dólares. Brasil registra US$ 295, con un incremento de 6,79%, un nivel que contrasta con el tamaño de su economía y evidencia el peso del tipo de cambio en la comparación regional. Argentina se ubica aún más abajo, con US$ 233, pese a un aumento nominal de 1,85%. La elevada inflación y la persistente pérdida de valor del peso explican que los ajustes salariales no logren traducirse en una mejora del poder adquisitivo medido en moneda dura.

Nicaragua y El Salvador presentan salarios mínimos de US$ 241 y un rango que va de US$ 272,53 a US$ 408,80, respectivamente. En ambos casos, la existencia de múltiples salarios mínimos sectoriales obliga a trabajar con promedios o rangos, lo que refleja mercados laborales altamente segmentados. El Salvador, con un incremento de 12%, muestra una mejora relativa, aunque la dispersión interna sigue siendo elevada.

Los casos de Cuba y Venezuela cierran el ranking y ponen de relieve situaciones extremas. Cuba registra un salario mínimo equivalente a apenas US$ 4,8, sin incremento, lo que responde a la ausencia de indexaciones o bonos complementarios y a una profunda distorsión de precios relativos. Venezuela, con US$ 0,44 calculados al tipo de cambio paralelo y sin ajustes recientes, representa el caso más crítico de la región, donde el salario mínimo ha perdido prácticamente toda capacidad de compra en términos internacionales.

Los datos muestran que América Latina y el Caribe enfrentan una brecha salarial mínima extremadamente amplia, donde el salario más alto en dólares supera en más de mil veces al más bajo. La comparación también evidencia que los incrementos porcentuales elevados no siempre se traducen en mejoras sustantivas del poder adquisitivo si no van acompañados de estabilidad macroeconómica y cambiaria. Así, más allá de las políticas de ajuste nominal, la evolución del salario mínimo en la región continúa condicionada por factores estructurales que explican por qué, a enero de 2026, las diferencias entre países siguen siendo tan marcadas.

Costa Rica, el más elevado

Costa Rica encabeza la región con un salario mínimo equivalente a US$ 751 y un ajuste reciente de 1,63%, siendo el más elevado.

Paraguay en posición media

Paraguay se sitúa en una posición intermedia-baja dentro de Sudamérica, con un salario mínimo de US$ 428 y un incremento de 3,6%.

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