Hasta antes del estallido del conflicto, la inflación en Paraguay venía en caída (3,1% en 2025 y 2,3% interanual en febrero último), incluso por debajo de la meta del BCP (3,5% anual). Este panorama permitió que el BCP recortara su TPM en dos ocasiones consecutivas, llevándola a 5,5%, con indicios de nuevos recortes de no haberse desatado la crisis en el Golfo Pérsico.
Sin embargo, ese panorama cambió. El estallido del conflicto y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo mundial, encendieron las alarmas de una posible inflación global, ante la abrupta subida del petróleo —más de 60% desde iniciado el conflicto. Aunque la evidencia empírica muestra que el traspaso del crudo a los precios domésticos suele ser bajo y gradual en países que han implementado el esquema de metas de inflación —como Paraguay—, otros shocks, además del petróleo, han surgido en paralelo: los fertilizantes. Ante esta situación, los bancos centrales se han visto obligados a hacer una pausa en su ciclo de recortes de tasas y a mirar con atención la evolución del conflicto.
Más allá del petróleo: el riesgo de los fertilizantes
Existe un riesgo de segundo orden que no se discute mucho: la disrupción en la cadena de fertilizantes (azufre y urea). Oriente Medio concentra cerca del 50% de la oferta mundial de azufre, insumo clave para producir ácido sulfúrico, utilizado en la transformación de fosfatos en fertilizantes. Asimismo, Irán y Qatar son fuertes productores de urea —el fertilizante nitrogenado más utilizado en el mundo—, pero los bombardeos afectaron hasta un 30% del volumen exportable global, generando una abrupta subida en el precio de la urea. Para Paraguay, cuya economía depende fuertemente de la agroexportación y la ganadería, estos efectos serían críticos. Un shock prolongado encarecería no solo combustibles y logística, sino también fertilizantes, afectando directamente las exportaciones de soja y maíz, márgenes empresariales y presiones inflacionarias.
Divergencia de visiones globales
Los principales bancos y gestores de activos del mundo tampoco coinciden en la lectura del conflicto. Standard Chartered sostiene que el repunte del crudo será transitorio y podría moderarse en pocas semanas. En contraste, Schroders y Franklin Templeton anticipan un ciclo prolongado de precios altos del petróleo, no solo por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, sino también por la falta de inversión previa en infraestructura energética. The CIO Group, más crítico, advierte que los mercados subestiman la duración y severidad del conflicto, en la medida en que la estrategia iraní busca extender el shock energético y mantener el estrecho cerrado el mayor tiempo posible.
Estas discrepancias entre los grandes actores financieros sobre la magnitud y duración del conflicto refuerzan la idea de que la política monetaria debe moverse con cautela, evitando decisiones apresuradas.
Escenarios de política monetaria
Ante un escenario de mayores presiones inflacionarias, no se descarta que el BCP deba revertir la trayectoria de la TPM. Todo depende de cuánto dure el bloqueo del Estrecho de Ormuz. Si bien el presidente Trump señaló que se encuentra en conversaciones “productivas” con Irán y decretó un alto al fuego por 5 días, la realidad es que no hay claridad de una pronta solución al conflicto.
1. Escenario optimista: conflicto breve:
- Evolución: se estabiliza en 3-4 semanas con reapertura parcial del estrecho.
- Consecuencias globales: retroceso del petróleo y fertilizantes e impacto mínimo en inflación.
- Impacto en Paraguay: presiones inflacionarias moderadas.
- Política monetaria: BCP retoma recortes graduales de TPM hacia 5,0%, para evitar que la inflación termine por debajo de la meta.
- Probabilidad de ocurrencia: baja.
2. Escenario base: conflicto se prolonga unos meses más:
- Evolución: Los bombardeos continúan, pero Irán no se rinde y mantiene su estrategia de “guerra de guerrillas”. Esta situación podría generar una disrupción mayor en la cadena de suministro y alargar las presiones inflacionarias.
-Consecuencias globales: Mayor encarecimiento no solo del petróleo, sino también de los fertilizantes. En este escenario, la FED retrasa recortes de su TPM ante surgimiento de mayores presiones inflacionarias, pero se mantiene vigilante para actuar de inmediato ante cualquier señal de deterioro en las expectativas.
- Impacto en Paraguay: encarecimiento de insumos agrícolas y presión inflacionaria, con posibles impactos en el déficit externo.
- Política monetaria: BCP mantiene la TPM en 5,5%, priorizando estabilidad y expectativas, con riesgo de menor crecimiento.
- Probabilidad de ocurrencia: media-alta.
3. Escenario pesimista: escalada estructural
-Evolución: EE.UU. destruye la infraestructura energética de Irán, pero sin lograr la apertura del estrecho. Como represalia, Irán intensifica sus ataques a la infraestructura energética de sus vecinos en el Golfo Pérsico, provocando un impacto de grandes magnitudes en los precios de la energía y fertilizantes.
- Consecuencias globales: tendencia a una estanflación —recesión acompañada de inflación elevada—, fuga de capitales hacia el dólar y posible crisis alimentaria.
- Impacto en Paraguay: inflación importada significativa, depreciación cambiaria, fuerte encarecimiento de los fertilizantes y caída en márgenes de agroexportadoras. Una situación similar ocurrió en 2022, cuando la subida abrupta de petróleo y fertilizantes encareció insumos agrícolas y elevó la inflación. En 2026, bajo este escenario, las consecuencias podrían ser peores, con India presionando aún más los precios globales de los fertilizantes.
- Política monetaria: BCP endurece su postura subiendo la TPM a 6,0% o más, con el objetivo de anclar expectativas y proteger la credibilidad de la política monetaria.
- Probabilidad de ocurrencia: baja.
Razones para la pausa del BCP
Las siguientes razones justifican la decisión de mantener la TPM en 5,5% (escenario base):
1. Aún no se puede determinar si los shocks en petróleo y fertilizantes serán temporales o permanentes.
2. La inflación interanual venía en caída, incluso por debajo de la meta.
3. Las expectativas de inflación permanecen ancladas en la meta, lo que devela confianza del mercado en la política monetaria.
4. El tipo de cambio permanece relativamente estable pese a la apreciación global del dólar, lo que juega a favor de una inflación controlada.
5. La TPM actual se encuentra en su rango neutral, esto es, un nivel que permite crecimiento sin generar presiones inflacionarias.
No obstante, y de ocurrir el escenario pesimista, el BCP enfrentará un gran desafío: contener las fuertes presiones inflacionarias sin frenar el crecimiento, en un contexto en que la política fiscal se encuentra limitada de actuar —ante caídas en ingresos y compromiso de alcanzar un déficit de 1,5% del PIB este año.
Debemos estar atentos a cómo evoluciona el conflicto en Medio Oriente. Si se resuelve, la presión sobre petróleo y fertilizantes se disipará y el BCP podrá retomar su ciclo de recortes acordes a la inflación esperada. Pero si se prolonga o intensifica, no se descarta un giro hacia una política más restrictiva, incluso a costa de la actividad económica. Pero por ahora, el mensaje es claro: paciencia y prudencia.
(*) Economista, director de finanzas corporativas e inversiones
