La expansión estuvo impulsada, principalmente, por las mujeres. Entre el segundo trimestre de 2017 y el mismo periodo de 2026, la cantidad de mujeres ocupadas aumentó de 1.094.818 a 1.390.618, una incorporación de 295.800 personas o 27,0%. En el caso de los hombres, el total pasó de 1.656.576 a 1.876.574, con 219.998 ocupados adicionales y un crecimiento de 13,3%.
Las mujeres explicaron 57,3% del incremento neto de la ocupación. Su participación dentro del total subió de 39,8% a 42,6%, una mejora de 2,8 puntos porcentuales, mientras que el peso de los hombres bajó de 60,2% a 57,4%. La brecha absoluta entre ambos grupos se redujo de 561.758 a 485.956 personas.
El avance femenino es significativo, pero la desigualdad persiste. En el segundo trimestre de 2026 todavía había cerca de 486.000 hombres ocupados más que mujeres. La relación pasó de aproximadamente 66 mujeres por cada 100 hombres ocupados en 2017 a 74 por cada 100 en 2026. El mercado laboral se volvió menos desigual en su composición, aunque continúa inclinado hacia la participación masculina.

La estructura por edades revela otro cambio relevante. Los ocupados de entre 15 y 29 años representaban 33,5% del total en el segundo trimestre de 2017, pero su participación cayó a 28,4% en 2026, una pérdida de 5,1 puntos porcentuales. En valores aproximados, este grupo pasó de 921.700 a 927.900 ocupados, apenas 6.200 personas más o 0,7%, frente al crecimiento general de 18,7%.
Dentro de la población joven, el grupo de 15 a 19 años registró la mayor contracción. Su participación bajó de 6,8% a 5,2% y su cantidad estimada se redujo en unas 17.200 personas, equivalente a 9,2%. Los ocupados de 20 a 24 años aumentaron en cerca de 10.000, mientras que el segmento de 25 a 29 años sumó aproximadamente 13.400. Ambos crecieron en términos absolutos, pero perdieron peso relativo.
La menor presencia juvenil puede responder a una mayor permanencia en el sistema educativo, a cambios demográficos o a dificultades para ingresar al mercado laboral. Los datos no permiten determinar qué factor predomina. Sí evidencian que la expansión del empleo no benefició proporcionalmente a los trabajadores más jóvenes.
El crecimiento se concentró en edades mayores. La población ocupada de 30 a 44 años aumentó en alrededor de 256.500 personas, equivalente a 27,5%, y su participación pasó de 33,9% a 36,4%. El segmento de 45 a 59 años incorporó cerca de 129.500 ocupados, un crecimiento de 20,3%.

El aumento más intenso se produjo entre las personas de 60 años y más. Su participación subió de 9,4% a 11,7%, mientras que su cantidad estimada avanzó de 258.600 a 382.300. Esto representa unos 123.600 ocupados adicionales y un crecimiento de 47,8%, muy superior al promedio general.
La permanencia de más adultos mayores en el trabajo puede reflejar capacidad y disposición para continuar activos, pero también podría estar relacionada con ingresos jubilatorios insuficientes o una baja cobertura previsional. Los datos no permiten establecer la causa. Por ello, el aumento de la ocupación en edades avanzadas no debería presentarse automáticamente como una señal positiva sin conocer las condiciones laborales de estas personas.
La composición educativa también mejoró. Los ocupados con hasta seis años de estudio redujeron su participación de 32,4% a 25,1%, una caída de 7,3 puntos porcentuales. En términos absolutos, este conjunto pasó de aproximadamente 891.500 a 820.100 personas, una disminución cercana a 71.400 ocupados o 8,0%.
En sentido contrario, quienes tenían entre 10 y 18 años de estudio aumentaron su participación de 52,8% a 61,4%. Su cantidad estimada pasó de 1.450.000 a poco más de 2.000.000, con unos 553.300 ocupados adicionales y una expansión de 38,1%. El grupo de 10 a 12 años aportó cerca de 297.500 personas; el de 13 a 15 años, unas 94.100; y el de 16 a 18 años, alrededor de 161.800.
Incluso, el segmento de siete a nueve años de estudio creció en valores absolutos, de unos 401.700 a 441.100 ocupados, aunque su participación bajó de 14,6% a 13,5%. Esto demuestra que una caída porcentual no siempre implica una reducción de personas cuando el universo total se expande.
La mayor escolaridad fortalece el perfil potencial de la fuerza laboral, pero también aumenta las exigencias sobre la economía. Una población con más años de estudio necesita empleos que utilicen esas capacidades. De lo contrario, puede ampliarse el desajuste entre formación y tareas, con trabajadores más educados insertos en ocupaciones de baja productividad o remuneración.
En conjunto, Paraguay presenta un mercado laboral más grande, con mayor participación femenina y una estructura educativa más favorable. Sin embargo, también registra una inserción juvenil debilitada y un fuerte aumento de la ocupación entre los adultos mayores. La expansión cuantitativa es evidente, pero su calidad no puede evaluarse sin datos sobre informalidad, ingresos, subocupación, estabilidad y seguridad social.
El desafío no consiste únicamente en crear más puestos de trabajo. También requiere ampliar las oportunidades para los jóvenes, reducir la brecha entre hombres y mujeres y convertir la mayor escolaridad en productividad, mejores salarios y protección social. Sin estos avances, el crecimiento del empleo puede ser estadísticamente importante, pero económicamente insuficiente.
Expansión cuantitativa
La expansión cuantitativa es evidente, pero su calidad no puede evaluarse sin datos sobre la informalidad, ingresos, subocupación, estabilidad y seguridad social.
Exigencia sobre economía
La mayor escolaridad fortalece el perfil potencial de la fuerza laboral, pero también aumenta las exigencias sobre la economía.


