Sin embargo, los sistemas productivos tradicionales se han modificado y muy lentamente las explotaciones se vuelven cada vez más intensivas. El crecimiento del hato ganadero ha sido de alrededor del 10% anual, pasando de casi 400.000 a más de 573.000 cabezas de ganado bovino entre 2003 y 2014. El ganado menor, principalmente el de ovinos, es otro sector importante en la economía departamental, pero a falta de una mejor estructuración de mercados y transparencia de precios, no se ha convertido aún en un factor de crecimiento más marcado.
La progresión de la agricultura, primero del conjunto soja, maíz y trigo, y luego del arroz, modificaron la estructura productiva y en cierta forma compiten con la ganadería en la utilización del espacio productivo. La ganadería tradicional, extensiva y sobre pasturas naturales, está llamada a seguir modernizándose e intensificándose, para lograr mayores márgenes económicos.
La producción agrícola
En un departamento tradicionalmente ganadero, la agricultura ha estado supeditada a los espacios residuales. Teniendo en cuenta el bajo crecimiento demográfico, sobre todo en las zonas rurales, se comprende que la agricultura familiar no haya podido expandirse mucho.
La llegada de los cultivos mecanizados inició un primer fenómeno de diversificación productiva, donde la soja y el trigo comenzaron a fortalecerse. Posteriormente, el cultivo de arroz volvió aún más diversa y compleja a la agricultura, elevando significativamente los ingresos de los productores agrícolas, al mismo tiempo que restringía el área productiva de la ganadería, puesto que la expansión agrícola se realizaba casi siempre sobre superficies ganaderas.
En muy pocos años, la soja duplicó su área cultivada, llegando a más de 45.000 Ha. de cultivo en 2013. Por su parte, el arroz también casi duplica su área cultivada en el mismo periodo, con más de 33.000 Ha.
Estos cultivos son los más dinámicos y expresan una continua expansión, aunque con limitaciones importantes, sobre todo en el arroz.
Por el lado de la agricultura familiar los principales rubros son la mandioca, destinada al consumo familiar, y luego el algodón y la caña de azúcar. En efecto, los tres rubros agrícolas más importantes del segmento campesino no llegan a las 10.000 Ha. cultivadas. Algunas cadenas productivas como la de los cítricos, del mburucuyá y de las hierbas aromáticas sí muestran un mayor dinamismo, pero aún son insuficientes para incorporar a una mayor cantidad de familias productoras.
El nuevo esquema urbano
El crecimiento y desarrollo de algunas ciudades como San Ignacio, San Juan Bautista o Santa Rosa se explican en gran medida por el desarrollo del sector productivo agropecuario, cada vez más demandante de servicios e insumos. Sin embargo, un factor más determinante es sin dudas el de los comportamientos sociales, que intervienen con fuerza en la nueva función que desempeñan los centros urbanos en la movilidad social. La ciudad atrae porque es allí donde se orientan los proyectos personales de una parte cada vez más importante de la población. Así, el campo se vuelve un espacio expulsor de población joven, lo que pone en duda el modelo campesino tradicional.
Definitivamente, las urbes se imponen como espacios de referencia, ya que ofrecen una gama más amplia y variada de oportunidades. De este modo, el “efecto palanca” que ofrecen las ciudades para luchar contra la pobreza no puede pasar desapercibido. La pregunta que se impone entonces es la siguiente: ¿cómo acompañar y difundir el dinamismo urbano para generar oportunidades? ¿Qué estrategias diseñar para potenciar un sector agropecuario en profunda reconfiguración?
San Ignacio: ciudad emergente y de relevancia regional
En el departamento de Misiones, una ciudad se ha destacado en el escenario regional: se trata de San Ignacio. En términos demográficos, esta urbe se ha desmarcado respecto de la capital departamental, San Juan Bautista. Con unos 16.000 habitantes en 2012, este centro urbano se constituye como la capital económica de Misiones. Mientras tanto, la ciudad de San Juan Bautista concentra los poderes políticos y algunos equipamientos administrativos como el Palacio de Justicia. No obstante, la capital política no consigue generar suficiente atracción para “comandar” y empujar el desarrollo regional. Una sinergia debe buscarse entra las dos principales ciudades de Misiones de modo a construir un espacio de reflexión técnica y política en vistas al diseño de una estrategia de desarrollo urbano y departamental.
A primera vista, la proximidad entre las dos urbes, que es tan solo de unos treinta kilómetros, es ciertamente un factor limitante para un desarrollo equilibrado entre las dos ciudades. De no ser por una política diseñada conjuntamente entre las dos urbes, las diferencias de crecimiento y desarrollo se agudizarán. Asimismo, San Ignacio ya cuenta con algunas ventajas, que reforzarán sin dudas su crecimiento futuro: presencia de universidades, oferta inmobiliaria privada, estructura comercial más diversificada, etc. Además, la capital económica goza de una proximidad privilegiada con ciudades importantes a nivel departamental, tales como Santa María o Santa Rosa: estas pequeñas ciudades tienen a San Ignacio como polo de referencia, mientras que San Juan Bautista se encuentra más alejada y no se beneficia de la misma posición central.
Estas tendencias de crecimiento urbano, que favorecen a San Ignacio, se encuentran reflejadas en el análisis de la evolución reciente de la estructura comercial y de servicios de las ciudades de Misiones. En efecto, la capital departamental se destaca claramente por la vitalidad de su economía urbana terciaria, mientras que San Juan Bautista o Santa Rosa dan cuenta de un dinamismo mucho más moderado.
Sin lugar a dudas, el dinamismo de San Ignacio deberá ser reforzado con políticas de incentivo para las inversiones y de instalación de equipamientos y servicios públicos. Efectivamente, el crecimiento actual de la capital económica de Misiones es solo el resultado de las fuerzas económicas y sociales que se producen “de hecho”. De seguro, la regulación y el acompañamiento del sector público tendrán efectos multiplicadores. Al respecto, la posición estratégica en la encrucijada de caminos entre Asunción, Encarnación y los puertos de Pilar se encuentra subexplotada.
Por otra parte, la instalación de una planta de tratamiento de desechos urbanos reviste de una importancia estratégica: los recientes conflictos generados por la ubicación de un vertedero municipal señalan la necesidad de instalar un equipamiento de envergadura que esté a la altura del peso demográfico y económico que adquiere San Ignacio. Como sea, las pretensiones de desarrollo de dicha urbe se encontrarán supeditadas a su capacidad de reacción y de instalación de buenas condiciones de vida. Finalmente, una estrategia deberá ser diseñada para las demás ciudades, que deberán ganar en atracción y “arrastrar” el dinamismo de sus áreas rurales circundantes.
En lo que respecta a las áreas rurales propiamente dichas y al sector campesino en particular, las políticas de acompañamiento productivo (apoyo técnico y crediticio) se vuelven cada vez más urgentes. Sin embargo, el refuerzo de los vínculos entre los espacios rurales y las ciudades es un camino obligado si se quiere dinamizar y revigorizar un sector campesino en crisis de modelo social y económico. Las empresas privadas que acopian e industrializan la producción campesina parecen haber sido mucho más eficientes en el acompañamiento productivo a la agricultura familiar.
El departamento de Misiones ha dejado de ser exclusivamente ganadero para incorporar a la agricultura empresarial como segundo motor productivo, pero con otros sectores de menor envergadura pero de gran potencial, como la agricultura familiar y el turismo. En este sentido, la nueva oferta de servicios debería servir para apuntalar aún más las actividades turísticas y diversificar todavía más la matriz económica del departamento.
Sinergia
Una sinergia debe buscarse entre las dos principales ciudades de Misiones, San Juan y San Ignacio, de modo a construir un espacio de reflexión técnica y política en vistas a una estrategia.
Progresión agrícola
La progresión agrícola, primero del conjunto soja, maíz y trigo, y luego del arroz, modificaron la estructura productiva y, en cierta forma, compiten con la ganadería en la utilización del espacio productivo. La ganadería tradicional, extensiva y sobre pasturas naturales, está llamada a seguir modernizándose e intensificándose.
Nuevo esquema urbano
El crecimiento y desarrollo de algunas ciudades como San Ignacio, San Juan Bautista o Santa Rosa se explican en gran medida por el desarrollo del sector productivo agropecuario, cada vez más demandante de servicios e insumos. Sin embargo, un factor más determinante es el de los comportamientos sociales.
* El refuerzo de los vínculos entre los espacios rurales y las ciudades es un camino obligado si se quiere dinamizar y revigorizar un sector campesino con crisis de modelo social y económico. Las empresas privadas que acopian e industrializan la producción campesina parecen haber sido más eficientes.
* La instalación de una planta de tratamiento de desechos urbanos reviste una importancia estratégica: los recientes conflictos generados por la ubicación de un vertedero municipal señalan la necesidad de instalar un equipamiento de envergadura que esté a la altura del peso demográfico.
* El departamento de Misiones ha dejado de ser exclusivamente ganadero para incorporar a la agricultura empresarial como segundo motor productivo, pero con otros sectores de menor envergadura, pero de gran potencial, como la agricultura familiar y el turismo que evolucionan con fuerza.