Los postres y el vino

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La pregunta que en general se hacen los fanáticos del dulce es si el postre se puede acompañar con un vino. La respuesta es “claro que sí”, pero hay que escoger muy bien el tipo de vino.

Hay personas que no pueden dejar pasar un almuerzo o una cena sin terminar de colocar en el paladar algo dulce, como dicen, para endulzar un poco la vida. No importa el tamaño, puede ser una simple cucharilla o un plato de postre entero, eso depende mucho de cuán golosa es la persona. Pero lo importante para mí es poder explicarles a estos golosos que el placer de disfrutar de lo dulce puede ser aún más intenso si se hace un maridaje con la bebida exacta.

Con chocolates

Indiscutiblemente, para los amantes del chocolate negro –que sé que son muchos y me incluyo–, cuanto más amargo es, más intenso su sabor y más ganas me dan de comerlo. En este caso, la bebida que recomiendo es un vino de características también intensas, como lo son los vinos tintos de mucha personalidad, puede ser un blend tinto, un Cabernet Sauvignon, un Tannat, un vino de Oporto o un licor de Tannat. En el momento de sentir el chocolate que se derrite en la boca, introducir un sorbo de vino tinto realiza una verdadera explosión de los sentidos, tanto en aromas como en gusto, que dan al comensal una verdadera sensación de disfrute total.

Para aquellos que disfrutan más del chocolate blanco, busquen aquella marca de este tipo de chocolate, el más cremoso de todos, no necesita ser el más dulce, hagan el maridaje con un vino tinto de la cepa Pinot Noir y ¡sorpréndanse de la experiencia!

Con frutas

Cuando se trata de frutas blancas, como la pera, la manzana, el durazno, el melón, la nectarina, aquí siempre recomiendo los vinos blancos dulces, como los Cosecha Tardía (Late Harvest). Estas frutas tienden a ser bastante dulces y es mejor hacer un maridaje con vinos en los que el tenor de azúcar se iguale al de la fruta, aunque siempre el tenor de la acidez de la fruta es fundamental para realmente poder disfrutar de ambos; en este, caso la acidez en el vino debe estar presente, pero no debe ser muy fuerte.

Si vamos a comer fruta blanca con mayor tenor de acidez, como la piña o el kiwi, recomendaría un vino blanco del tipo Dulce Natural, que tiene menor índice de azúcar y es un poco más ácido, para que realmente queden más equilibrados.

En el caso de las frutas rojas, como la frutilla, cereza, frambuesa, el compañero ideal es realmente un vino espumante o champán, pudiendo ser un Brut Nature (aunque no sería mi preferido en esta ocasión) o un Demi Sec que, a mi criterio, quedaría fantástico, ya que la acidez de la fruta se combina con la acidez del espumante y el dulzor de la bebida le da ese aporte extra de azúcar que la fruta podría necesitar.

Postres de leche

Para los amantes del flan o los postres caramelizados les recomiendo el espumante Demi Sec: sin dudas, puede ser una de las mejores experiencias que hayan tendido y de seguro, la disfrutarán un montón.

Hay postres menos azucarados en los cuales la presencia de queso es muy marcada. Dependiendo mucho del tipo de postre, para no equivocarse siempre es recomendable descorchar un espumante o un Champagne Brut.

Después de un buen postre –y sobre todo si era de chocolate–, un rico café para terminar la velada lo va a dejar muy feliz.

Queridos lectores: ¡salud a todos! y hasta el próximo sábado.

oligayet@hotmail.com