Era el noveno día de viaje, ya estábamos cansados, pero el vuelo saldría recién ese día a las 21:00, directo de Santiago a Asunción, así que tuvimos tiempo de hacer las cosas tranquilamente y prepararnos para nuestro regreso. A las 14:00 nos aguardaba la última viña del viaje, ya camino al aeropuerto de Santiago, en la salida del Valle de Colchagua, en la ciudad de San Fernando, en Los Lingues (la subida del cerro). Nos dirigíamos a la Viña Koyle que, para muchos, fue la gran sorpresa del viaje.
Cuestión de familia
Viña Koyle es una bodega familiar que pertenece a tres hermanos de apellido Undurraga, un apellido muy tradicional en el mundo vitivinícola. Aquí, ellos desarrollaron un concepto de viña orgánica y biodinámica, gracias a las condiciones ideales del suelo que encontraron en Los Lingues, una región llamada “casi precordillera”.
Llegamos puntualmente donde se encuentra la bodega. Allí nos encontramos con un edificio magnífico, parecido a un palacete de Versalles, donde fuimos recibidos por Alfonso Undurraga (director comercial) y por Cristóbal Undurraga (jefe de enología), quienes nos explicaron la procedencia de ese local que ellos usan hace muy poco tiempo y aún estaban restaurando.
Frente mismo a la bodega nos encontramos con unas cuantas hectáreas de viñas de Cabernet Sauvignon, prephiloxera, con más de 100 años y en pie franco. Nos explicaron que esas viñas no les pertenecían, pero que morían de ganas de poder cosechar las uvas que allí crecían.
Degustación
Después del recorrido, Cristóbal y Alfonso nos llevaron a las cosas serias, es decir, a una sesión de cata en un salón perfectamente orientado para ello. Allí tuvimos el placer de disfrutar su línea completa de vinos, que va desde la línea Reserva, la línea Costa y su línea superior, llamada Royale. Blancos, rosados y tintos, la experiencia fue total y, por supuesto, degustamos lo más novedoso de Chile: el Carignan y el Malbec.
El grupo realmente quedó muy sorprendido con la calidad de los vinos y la excelente explicación que nos brindaron Cristóbal y Alfonso, acerca de cómo eligen los diferentes tipos de suelo para cada calidad de vino y, sobre todo, cómo toman la gran decisión de elegir los diferentes varietales en cada terroir.
Una vez terminada la explicación, nos dirigimos a la bodega con copa en mano para degustar de los propios tanques, sus vinos jóvenes que aún no estaban listos para ser embotellados. Allí degustamos un Merlot (de la barrica), maravilloso, destinado al blend que ellos elaboran. Posteriormente fuimos al “huevo” (un recipiente innovador con capacidad que varía de 500 a 5000 litros, con forma de huevo, hecho de concreto) para degustar un Carignan, que les puedo asegurar estaba espectacular, lástima que no había para la venta, pero bueno, eso es habitual en las bodegas: uno prueba vinos fantásticos que no siempre se pueden adquirir.
Eran ya las 17:00 y debíamos partir. Confieso que este viaje fue de aquellos memorables y que uno no desea que el tiempo pase, pero la vida continúa y tendremos más vinos por descubrir, ya que estoy nuevamente planeando llevar otro grupo a conocer las viñas de Cafayate en Salta durante el mes de setiembre, así que preparen sus maletas que allá vamos.
¡Salud a todos! y hasta el próximo sábado.
oligayet@hotmail.com
