Detrás de cada emoción

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Las actividades conflictivas, los temores y los sentimientos depresivos pueden manifestarse a través de problemas relacionados con el cuerpo y la mente. Nuestros estados emocionales pueden causar sensaciones diferentes, por lo que es recomendable reconocerlos a tiempo.

“Hoy en día, la vida de cualquier persona se encuentra más exigida por el ritmo vertiginoso que impone la sociedad. Por esta razón, es vital permanecer en un ambiente adecuado, ya sea dentro del hogar, el trabajo y la sociedad, siempre rodeados de familiares, amistades y compañeros de labor que faciliten la cotidianidad y afrontando normalmente las tareas encargadas, sin maltratos, presiones, persecuciones y rechazo”, explica María Angélica Del Puerto de Maricevich, máster en psicología clínica y educacional, miembro de la Sociedad Iberoamericana de Terapeutas, y directora de Desarrollo y Talento.

Las emociones liberan ciertas sustancias en el cuerpo (adrenalina o cortisol) que afectan nuestro organismo, y son las responsables de las somatizaciones. “De manera involuntaria, se transforman los problemas psíquicos en síntomas orgánicos que producen muchas enfermedades, tales como: presión arterial emocional, taquicardia, colon irritable, dolor de cabeza, tics, obesidad, pérdida del apetito, insomnio y gastritis –que puede derivar en úlcera–. Además, se experimenta pánico, ansiedad, angustia, y tensiones en el hombro, cuello y espalda. Incluso, afecta el sistema inmunológico, endocrinológico y cutáneo”, aclara la especialista.

Reconocer los síntomas

“El humano es un ser físico, emocional, mental y espiritual; por lo tanto, reacciona ante una situación y genera alguna exaltación que se hará sentir, ya que partió de su estado normal. Usualmente, experimenta sensaciones diferentes, como aceleración del ritmo cardíaco, temblor en las extremidades, llanto, desesperación, angustia, otros. Las afecciones se concentran en varias partes del cuerpo, aunque depende de cuál es el órgano que reacciona. Muchas veces, en la piel aparecen problemas cutáneos pequeños, como la palidez, rubor, sudoración, hasta convertirse en urticaria, alergias, eccema y acné. También el sistema respiratorio y digestivo se ven comprometidos, así como el corazón, intestino y los músculos. Por otro lado, surgen las conductas compulsivas, los atracones en la ingesta alimenticia o viceversa, y la atención se dispersa en cualquier actividad”, comenta María Angélica.

Cómo controlar las emociones

Teniendo dominio de uno mismo, pero eso se logra a través del autoconocimiento; reconociendo en qué situaciones o circunstancias uno se desequilibra. Es fundamental controlar los impulsos, alejarse de personas y situaciones que dañan. Si esto no se logra, se debe buscar ayuda profesional.

Cambiar el estado negativo a positivo

“Al revertir se tendrá mejor calidad de vida. Nadie es capaz de vivir sin emociones y pocos son los que puedan llegar a controlarlas, o al menos mantenerlas dentro de sus límites; pero si experimentamos más sentimientos positivos, como los estados de felicidad y alegría, nos sentiremos enérgicos y equilibrados, por lo que desaparecerán los síntomas citados”. La profesional explica que todas las personas pueden somatizar de acuerdo con el tipo de vida que llevan. Incluso, los niños cuando se encuentran presionados por las dificultades familiares, por la escasa tolerancia hacia las frustraciones y presiones escolares; pero es muy difícil precisar desde qué edad pueden somatizar, ya que, en algunos casos, sucede desde el nacimiento. Dependerá del ambiente en que se desenvuelven los niños, y cómo su organismo se defiende de las presiones y tensiones.

La salud no se puede separar de las emociones, puesto que la no aceptación de una determinada emoción genera un enorme conflicto que, en algún momento, repercutirá en el cuerpo físico de una u otra manera. Por este motivo, las enfermedades psicosomáticas revelan, de un modo palpable, la íntima relación entre el cuerpo y las emociones. Existe un vínculo muy intenso entre ellos, el ser humano no es una dualidad, sino que integra lo físico con lo mental. ´El hombre se torna a lo que piensa´”, reflexiona Del Puerto y continúa diciendo que “no existe separación alguna entre lo que sucede en la mente y lo que ocurre en el organismo; no podemos existir de forma independiente al cuerpo. Esta unidad total refleja nuestro estado de bienestar o de enfermedad, del mismo modo que se somete al dolor y malestar”.

Toda indisposición tiene su origen en la mente. Así, cualquier sentimiento de amargura, pasión intensa, envidia, ansiedad, incluso los arranques de genio destruyen las células y provocan enfermedades de corazón, hígado, riñones, estómago, entre otras.

En conclusión, el principal reto para sobrellevar nuestro día a día es modificar el enfoque de nuestras vivencias y adaptarlos a una visión positiva.

“Hoy en día, la vida de cualquier persona se encuentra más exigida por el ritmo vertiginoso que impone la sociedad. Por esta razón, es vital permanecer en un ambiente adecuado, ya sea dentro del hogar, el trabajo y la sociedad, siempre rodeados de familiares, amistades y compañeros de labor que faciliten la cotidianidad y afrontando normalmente las tareas encargadas, sin maltratos, presiones, persecuciones y rechazo”, explica María Angélica Del Puerto de Maricevich, máster en psicología clínica y educacional, miembro de la Sociedad Iberoamericana de Terapeutas, y directora de Desarrollo y Talento. Las emociones liberan ciertas sustancias en el cuerpo (adrenalina o cortisol) que afectan nuestro organismo, y son las responsables de las somatizaciones. “De manera involuntaria, se transforman los problemas psíquicos en síntomas orgánicos que producen muchas enfermedades, tales como: presión arterial emocional, taquicardia, colon irritable, dolor de cabeza, tics, obesidad, pérdida del apetito, insomnio y gastritis –que puede derivar en úlcera–. Además, se experimenta pánico, ansiedad, angustia, y tensiones en el hombro, cuello y espalda. Incluso, afecta el sistema inmunológico, endocrinológico y cutáneo”, aclara la especialista.

Reconocer los síntomas “El humano es un ser físico, emocional, mental y espiritual; por lo tanto, reacciona ante una situación y genera alguna exaltación que se hará sentir, ya que partió de su estado normal. Usualmente, experimenta sensaciones diferentes, como aceleración del ritmo cardíaco, temblor en las extremidades, llanto, desesperación, angustia, otros. Las afecciones se concentran en varias partes del cuerpo, aunque depende de cuál es el órgano que reacciona. Muchas veces, en la piel aparecen problemas cutáneos pequeños, como la palidez, rubor, sudoración, hasta convertirse en urticaria, alergias, eccema y acné. También el sistema respiratorio y digestivo se ven comprometidos, así como el corazón, intestino y los músculos. Por otro lado, surgen las conductas compulsivas, los atracones en la ingesta alimenticia o viceversa, y la atención se dispersa en cualquier actividad”, comenta María Angélica.

Cómo controlar las emociones Teniendo dominio de uno mismo, pero eso se logra a través del autoconocimiento; reconociendo en qué situaciones o circunstancias uno se desequilibra. Es fundamental controlar los impulsos, alejarse de personas y situaciones que dañan. Si esto no se logra, se debe buscar ayuda profesional.

Cambiar el estado negativo a positivo

“Al revertir se tendrá mejor calidad de vida. Nadie es capaz de vivir sin emociones y pocos son los que puedan llegar a controlarlas, o al menos mantenerlas dentro de sus límites; pero si experimentamos más sentimientos positivos, como los estados de felicidad y alegría, nos sentiremos enérgicos y equilibrados, por lo que desaparecerán los síntomas citados”. La profesional explica que todas las personas pueden somatizar de acuerdo con el tipo de vida que llevan. Incluso, los niños cuando se encuentran presionados por las dificultades familiares, por la escasa tolerancia hacia las frustraciones y presiones escolares; pero es muy difícil precisar desde qué edad pueden somatizar, ya que, en algunos casos, sucede desde el nacimiento. Dependerá del ambiente en que se desenvuelven los niños, y cómo su organismo se defiende de las presiones y tensiones.

La salud no se puede separar de las emociones, puesto que la no aceptación de una determinada emoción genera un enorme conflicto que, en algún momento, repercutirá en el cuerpo físico de una u otra manera. Por este motivo, las enfermedades psicosomáticas revelan, de un modo palpable, la íntima relación entre el cuerpo y las emociones. Existe un vínculo muy intenso entre ellos, el ser humano no es una dualidad, sino que integra lo físico con lo mental. ´El hombre se torna a lo que piensa´”, reflexiona Del Puerto y continúa diciendo que “no existe separación alguna entre lo que sucede en la mente y lo que ocurre en el organismo; no podemos existir de forma independiente al cuerpo. Esta unidad total refleja nuestro estado de bienestar o de enfermedad, del mismo modo que se somete al dolor y malestar”.

Toda indisposición tiene su origen en la mente. Así, cualquier sentimiento de amargura, pasión intensa, envidia, ansiedad, incluso los arranques de genio destruyen las células y provocan enfermedades de corazón, hígado, riñones, estómago, entre otras.

En conclusión, el principal reto para sobrellevar nuestro día a día es modificar el enfoque de nuestras vivencias y adaptarlos a una visión positiva.

dbattilana@abc.com.py