Del control a la confianza: dos pedagogías que desafían la escuela tradicional

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GENTILEZA

En un contexto educativo como el paraguayo, donde aún predominan prácticas centradas en la transmisión de contenidos y la búsqueda de resultados inmediatos, las propuestas de Emmi Pikler y Arno Stern ofrecen una mirada renovadora sobre la infancia. Ambos enfoques cuestionan la excesiva intervención adulta y reivindican el respeto por los ritmos naturales de desarrollo, la autonomía y la expresión genuina de los niños.

Emmi Pikler: aprender desde el movimiento y la autonomía

La pediatra húngara Emmi Pikler desarrolló una propuesta pedagógica basada en una idea sencilla pero revolucionaria: los niños aprenden mejor cuando tienen la posibilidad de moverse libremente, explorar su entorno y actuar según sus propias capacidades.

Uno de sus principios centrales es el movimiento libre. Pikler sostenía que los adultos no deben colocar a los niños en posiciones que aún no pueden alcanzar por sí solos. Sentarse, gatear, ponerse de pie o caminar son logros que deben surgir de manera natural, respetando los tiempos individuales. Esta postura favorece la seguridad corporal, la confianza y la autonomía.

Otro aspecto esencial es el juego autónomo. En lugar de dirigir constantemente las actividades, se ofrece a los niños un entorno preparado para que exploren, descubran y resuelvan situaciones por iniciativa propia. Este tipo de experiencias fortalece la creatividad, el pensamiento crítico y la capacidad de tomar decisiones.

El ambiente ocupa un lugar clave. Debe ser seguro, acogedor y estimulante, permitiendo la exploración sin riesgos innecesarios. A esto se suma la construcción de vínculos respetuosos entre adultos y niños. La observación constituye otra herramienta fundamental. El adulto acompaña, observa y responde oportunamente, evitando intervenir de manera excesiva. Así, el niño experimenta, se equivoca, corrige y aprende a partir de sus propias acciones.

Arno Stern: el derecho a crear sin ser evaluado

Mientras Pikler puso el foco en el movimiento, Arno Stern lo hizo en la expresión creadora. Su propuesta surge como una crítica a las prácticas artísticas centradas en modelos, consignas rígidas y evaluaciones permanentes. Para Stern, la verdadera creatividad aparece cuando el niño puede expresarse sin miedo al juicio externo.

La educación creadora prioriza el proceso antes que el resultado. No interesa producir dibujos «bonitos» ni alcanzar determinados estándares técnicos. Lo verdaderamente importante es que cada niño encuentre un espacio para comunicar emociones, ideas y experiencias personales.

Un rasgo distintivo de este enfoque es la ausencia de evaluaciones y comparaciones. Las producciones infantiles no se califican ni se interpretan. De esta manera, se protege la espontaneidad y se evita que el temor al error limite la capacidad creadora.

Stern diseñó un espacio específico denominado Closlieu, una sala preparada para favorecer la libre expresión pictórica. Allí, los niños participan del llamado “juego de pintar”, actividad que se desarrolla sin consignas temáticas ni modelos predeterminados. El adulto actúa únicamente como facilitador, garantizando materiales, orden y respeto.

Los beneficios trascienden el ámbito artístico. Diversas experiencias muestran que la creación libre fortalece la autoestima, favorece la gestión emocional y contribuye al bienestar psicológico.

En las escuelas paraguayas, donde las producciones suelen valorarse más por su presentación que por el proceso vivido, las ideas de Stern representan una oportunidad para recuperar el sentido educativo del arte.

Más que formar artistas, se trata de formar personas capaces de expresarse, imaginar y construir una voz propia.

Fuentes:

- EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.

- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.