Cuando sentir también es aprender

Cuando sentir también es aprender
Cuando sentir también es aprenderArchivo, ABC Color

El lugar de las emociones en Reggio Emilia.- ¿Puede un niño aprender mejor cuando se siente escuchado, comprendido y respetado? Para el enfoque Reggio Emilia, la respuesta está en concebir las emociones no como un elemento separado de la enseñanza, sino como parte de la experiencia de aprender.

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En el enfoque Reggio Emilia, cada emoción tiene un lugar. La alegría, la frustración, el miedo, la curiosidad o el enojo pueden convertirse en oportunidades para conocerse, comunicarse y construir vínculos. Por eso, el aula busca ofrecer un ambiente seguro donde los niños puedan expresar lo que sienten y encontrar adultos dispuestos a escuchar y acompañar.

Emociones que abren caminos al aprendizaje

Cuando un niño logra reconocer lo que siente, comienza también a comprender cómo sus emociones se relacionan con sus pensamientos y acciones. Esta autoconciencia emocional constituye una base para desarrollar la autorregulación: aprender a manejar impulsos, afrontar situaciones difíciles y encontrar respuestas más adecuadas.

Pero educar las emociones no significa evitar los conflictos o las experiencias desagradables. Significa brindar herramientas para transitarlos. La escuela se convierte así en un espacio donde aprender no se limita a adquirir conocimientos, sino que también implica desarrollar capacidades para la vida.

Aprender a mirar al otro

La empatía ocupa un lugar fundamental. Escuchar, observar y tratar de comprender cómo se siente un compañero permite avanzar desde el reconocimiento de las propias emociones hacia la comprensión de las emociones ajenas.

En Reggio Emilia, esta dimensión se fortalece a través de experiencias compartidas. Los proyectos grupales invitan a intercambiar ideas, utilizar recursos en común, asumir responsabilidades y construir respuestas colectivas.

También el ambiente comunica. Los espacios y materiales se disponen de modo que favorezcan la exploración, el encuentro y el trabajo conjunto. La documentación de los procesos y experiencias permite, además, hacer visible lo aprendido y fortalecer el sentido de pertenencia a una comunidad.

El diálogo como herramienta

Hablar, escuchar, negociar y resolver desacuerdos son aprendizajes esenciales. Por medio del diálogo, los niños pueden expresar sus puntos de vista, comprender otras perspectivas y buscar soluciones a los conflictos.

Esta práctica contribuye simultáneamente al desarrollo del lenguaje, las habilidades sociales y la empatía. Al reconocer que cada compañero puede aportar una mirada diferente, se construye un ambiente más respetuoso e inclusivo.

¿Cómo llevar la educación emocional al aula?

No se necesitan propuestas extraordinarias. Muchas experiencias cotidianas pueden convertirse en oportunidades para trabajar las emociones.

Los cuentos permiten conversar sobre sentimientos y situaciones vividas por los personajes. El juego de roles y el teatro ayudan a ponerse en el lugar de otros. El dibujo, la pintura, la música y la danza ofrecen formas de expresión que no siempre dependen de las palabras.

También pueden incorporarse círculos de conversación, escritura reflexiva, ejercicios de respiración y relajación, juegos vinculados con el reconocimiento de emociones y proyectos colaborativos. Los recursos digitales pueden complementar estas propuestas, especialmente cuando permiten interactuar y reflexionar.

Una escuela que enseña a sentir

Las competencias emocionales no aparecen terminadas: se construyen y fortalecen mediante experiencias y acompañamiento. Autoconocerse, regular las emociones, empatizar, comunicarse y colaborar son capacidades que se desarrollan a lo largo del tiempo.

Desde la mirada de Reggio Emilia, educar significa también crear las condiciones para que cada niño pueda comprenderse, expresarse y relacionarse con otros.

Fuentes:

- EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.

- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.