Béla Tarr, el cineasta conocido por sus películas de culto y su papel visionario en el desarrollo del slow cinema, ha fallecido el martes a los 70 años de edad. La noticia ha causado gran impacto entre críticos, cineastas y cinéfilos de todo el mundo, que ven en su fallecimiento el fin de una era.
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En Paraguay, cineastas como Paz Encina (conocida por Hamaca paraguaya, de 2006; Ejercicios de memoria, de 2016; y Eami, de 2022, entre otros títulos) y Hugo Giménez (conocido por el documental Fuera de Campo, de 2012, o su opera prima de ficción, Matar a un muerto, de 2019, entre otras obras), rindieron homenaje póstumo al maestro húngaro en sus redes sociales.
“‘No olvides lo que realmente quieres decir, no hay recetas, la receta eres tú’. Hasta siempre Maestro, nos dejaste el mejor cine del mundo. Te voy a extrañar. Béla Tarr / 21.07.1.955 - 6.1.2026″, escribió Paz Encina. Por su parte, Hugo Giménez publicó un fragmento de El caballo de Turín con la frase: “Réquiem por el Maestro. Béla Tarr (1955-2026)”.
También la directora y guionista Juana Miranda, autora de trabajos como el cortometraje Campo de cebollas (2023), publicó un sentido adiós al realizador centreuropeo: “Béla Tarr. Uno de los más grandes. Tal vez, el último. Descansa en paz”.
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Nacido en 1955 en Hungría, Béla Tarr comenzó su carrera con 16 años. Su primer largometraje fue Nido familiar (1979). En 1988 dirigió La condena, la primera película húngara independiente. Sátántangó (1994), de más de siete horas de duración, lo convirtió en uno de los cineastas más respetados del mundo, aunque poco conocido por el gran público. En 2007, presentó en Cannes El hombre de Londres, protagonizada por Tilda Swinton. Con El caballo de Turín (2011), que recibió el Gran Premio del Jurado en la Berlinale, anunció su retirada del cine para formar nuevas generaciones de cineastas en su academia Film.Factory, en Sarajevo.
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La Academia del Cine Europeo, de la que Tarr fue miembro desde 1997, lo despidió como “una voz política firme, profundamente respetada por sus colegas y admirada por el público internacional”. El legado de Béla Tarr permanece como un desafío radical al secuestro de la atención por la inmediatez forzada que impone el mundo contemporáneo.
El Suplemento Cultural dedica en su edición de hoy las páginas centrales a la vida y obra de Béla Tarr.
También en nuestra edición de hoy, el análisis político internacional, que no podía estar ausente en El Suplemento Cultural de esta semana, encara la crítica situación venezolana desde una perspectiva filosófica: “Venezuela aparece como la expresión concentrada de un problema estructural más amplio, una de cuyas aristas es la incapacidad de los gobiernos progresistas de la región para articular de manera sostenida la transformación material con una transformación subjetiva”.
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Es obvio que, en la disputa sobre Venezuela, el llamado “cambio de régimen”, tutelado o respaldado por potencias, no responde a una preocupación genuina por la democracia. Ante el ejercicio desembozado del poder real por parte de quien puede imponer fuerza material sobre el tablero global, las narrativas sobre legalidad internacional, institucionalidad global o multilateralismo aparecen como pedestales vacíos.
“La izquierda latinoamericana apostó a la redistribución económica, pero no disputó con la misma intensidad la formación de conciencias. Sacó a miles de personas de la pobreza, pero no las sacó del imaginario neoliberal”, plantea en su artículo de hoy, “Entre el petróleo y la subjetividad: por qué fracasan nuestras izquierdas”, dedicado a la encrucijada venezolana y sus posibles lecciones, el profesor Cristian Andino.
