El linaje de la música mexicana abrió el telón de la noche. Alex Fernández apareció en escena acompañado por un sólido grupo de mariachis y, entre clásicos románticos y canciones propias, presentó esa identidad que él mismo define como “mariachi pop”.
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Con interpretaciones de “Qué bonita es esta vida”, “Te amaré”, “El privilegio de amar” y “Loco por volverte a ver”, el cantante conectó rápidamente con el público paraguayo, que respondió con entusiasmo a una propuesta elegante y emocional. También hubo un momento especial para recordar a su abuelo, el fallecido Vicente Fernández, figura fundamental de su herencia artística.
Sin pausas, el ambiente cambió de tonalidad cuando un medley instrumental ejecutado por la gran banda dio paso al ingreso de Mocedades. El sexteto integrado por José María Santamaría, Rosa Rodríguez, José Miguel González y Toni Menguiano, junto a Idoia Uranga —hermana de Izaskun Uranga, integrante original de la agrupación— apareció entre aplausos en un teatro completamente lleno.

“El vendedor” y “Talismán” marcaron el inicio de un recorrido musical que muy pronto confirmó algo evidente: las voces de Mocedades conservan una precisión y una calidez admirables. Las armonías, sello histórico del grupo español, continúan siendo el corazón de una propuesta que encuentra fuerza en los matices, en la sensibilidad y en el equilibrio entre sus integrantes. Cada canción era recibida con ovaciones, gritos y aplausos largos, en una sala entregada por completo al espectáculo.
José Miguel González asumió naturalmente el rol de maestro de ceremonias durante la noche. Recordó la última visita del grupo junto a Armando Manzanero en 2019 y adelantó que el repertorio incluiría “un ramillete de éxitos” además de canciones nuevas. A partir de allí, el concierto avanzó entre clásicos arraigados en la memoria colectiva de toda una generación, como “Tómame o déjame”, “Secretaria” y una celebradísima “Eres tú”, que desató una de las primeras grandes explosiones de la noche.
Hubo también espacio para la cercanía y el humor. En medio de los saludos por el Día de la Madre y las celebraciones patrias paraguayas, González comentó entre risas: “Se libraron de nosotros, pero somos hermanos”, despertando carcajadas y aplausos antes de elogiar la cultura paraguaya, el idioma guaraní y la calidez de la gente.

Uno de los segmentos más emotivos estuvo dedicado a Armando Manzanero. Al recordar nuevamente aquella visita compartida con el compositor mexicano, los integrantes expresaron su deseo de no dejar pasar tanto tiempo antes de regresar a Paraguay.
“Esta tarde vi llover”, “Canta charango” y “Dónde estás corazón” envolvieron al teatro en una atmósfera especialmente sensible. Durante esta última canción, los espectadores levantaron corazones amarillos entregados al ingreso por el club de fans de Rosa Rodríguez, generando una imagen conmovedora dentro de la sala.
La conexión con Paraguay volvió a aparecer cuando el grupo presentó a toda la banda y destacó especialmente a un trío de vientos paraguayos, cuyos músicos (según comentaron) aprendieron el repertorio completo en apenas unos días tras recibir las partituras. El reconocimiento arrancó una nueva ovación del público.

Otro momento particularmente celebrado llegó cuando pidieron un aplauso para Idoia Uranga, quien apenas quince días atrás había estado internada en una unidad coronaria y ya se encontraba nuevamente sobre el escenario. La emoción atravesó al teatro entero antes de que interpretaran “Peregrina”, canción que sonó por primera vez en Paraguay.
El tramo final del concierto fue creciendo en intensidad y dramatismo con “Quién te cantará”, “No volveré”, “La otra España” y “Le llamaban loca”, hasta desembocar en una potente versión en español de “Somebody to Love”, donde Menguiano desplegó toda la fuerza de su voz y sorprendió al público con una interpretación arrolladora.
Pero la despedida todavía guardaba sus momentos más coreados. “Eres tú” volvió a sonar entre palmas y voces multitudinarias, antes de un cierre definitivo con “Amor de hombre” y “Adiós amor”, dos canciones que terminaron de convertir el concierto en una celebración colectiva de recuerdos, emociones y canciones que siguen resistiendo el paso del tiempo.

En ese sentido, Mocedades dejó claro en Asunción que hay repertorios que ya no pertenecen solamente a quienes los escribieron o interpretaron por primera vez. Hay canciones que, con los años, terminan formando parte de la vida de la gente, y anoche, en el Gran Teatro del Banco Central, eso pudo sentirse en cada coro, en cada aplauso y en cada rostro emocionado del público.
