Rodeada de músicos de distintas edades y trayectorias (Juan Cancio Barreto, Dani Meza, Daisy Lombardo, Sixto Corbalán, el ensamble Pu Rory, el Cuarteto Paraqvaria, además de los directores y productores Popi Spatocco y Sebastián Henríquez), Berta no hizo una simple presentación de lo que será un concierto, más bien presentó a su familia.
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“Es el cierre de un proceso”, expresó la guitarrista paraguaya al referirse a “La huella de las cuerdas”, el ambicioso proyecto continental que la llevó a recorrer más de diez países y colaborar con artistas latinoamericanos. “Nos puso a trabajar y a aprender un montón”, añadió.
Desde el inicio de la conferencia, el ambiente se sintió distinto al habitual protocolo promocional. Entre bromas, afecto y referencias cruzadas, los músicos hablaron más desde el cariño que desde un discurso formal. Varias veces apareció la idea del encuentro como algo casi necesario. Algo que excede al espectáculo.

Un concierto como comunidad
Uno de los momentos más significativos llegó cuando los músicos comenzaron a hablar entre sí, agradeciéndose mutuamente la posibilidad de compartir escenario. La emoción parecía circular de un lado a otro de la sala.
“Estos chicos son realmente los maestros”, dijo Juan Cancio Barreto en uno de los pasajes más conmovedores de la conferencia, rompiendo cualquier lógica jerárquica. El requintista habló de Berta y de las nuevas generaciones con admiración genuina, destacando “su generosidad y su don de gente”.
En otro momento, también agradeció el trabajo de la prensa. “Ustedes no se imaginan la importancia que tienen los periodistas para nosotros”, afirmó, especialmente en referencia a los músicos populares que muchas veces encuentran menos espacios de difusión.
La conferencia dejó ver además algo que el propio concierto parece proponerse: borrar fronteras entre tradición y contemporaneidad. Allí convivían referentes históricos con artistas que crecieron bajo esa influencia y hoy construyen nuevos lenguajes.
El regreso del ensamble Pu Rory fue otro de los momentos celebrados durante el encuentro. En representación de sus compañeros, José Acha recordó los años compartidos y agradeció la invitación de Berta a formar parte de esta reunión artística. “Es un sueño”, resumió.

“No se puede preservar si no se experimenta”
Si hubo una idea que atravesó toda la conversación fue la de una música paraguaya viva, en movimiento, lejos de cualquier mirada estática o puramente nostálgica.
“Hay vida en las cuerdas pulsadas, frotadas y cantadas de Paraguay”, expresó Berta en uno de los momentos más potentes de la conferencia, sintetizando el espíritu del proyecto y también el sentido del concierto que presentará este sábado.
La frase apareció mientras hablaba del recorrido de la guitarra paraguaya en las últimas décadas y de cómo las nuevas generaciones continúan expandiendo sus posibilidades. “No se puede preservar si no se experimenta”, reflexionó después Popi Spatocco, en una declaración que también puede leerse como una postura artística y cultural.
En ese sentido, todo lo que atraviesa a este concierto no parece limitarse a la celebración de una herencia musical, sino también a una conversación activa entre distintas formas de entender la música paraguaya hoy.
Durante la conferencia, varios de los músicos coincidieron en la intensidad emocional de los ensayos previos. “No queríamos que las horas pasaran”, comentó Dani Meza, de Tierra Adentro, quien agradeció a Berta por su “humanidad, hospitalidad y calidez”.

Lo que solo ocurre en Paraguay
Consultada sobre qué cosas suceden únicamente cuando toca en Paraguay, luego de recorrer algunos de los escenarios más importantes del mundo, Berta respondió desde un lugar íntimo y colectivo al mismo tiempo.
Habló de una cercanía difícil de explicar, de músicas que forman parte de la memoria afectiva y de una conexión inmediata con quienes comparten esas mismas raíces. Más que una respuesta técnica o profesional, fue una respuesta emocional.
Y ese estado de gratitud fue así el centro de la conferencia, y el entender que este concierto no se construyó solamente desde el prestigio internacional de Berta Rojas, sino desde su necesidad de volver a dialogar con su propia tierra, con sus colegas y con una tradición musical que sigue transformándose. Por eso, cuando le pidieron definir el concierto en una sola palabra, no habló de excelencia, trayectoria ni celebración. Respondió simplemente: “Emoción”.
Y el cierre de este encuentro fue precisamente un resumen de esa emoción compartida en familia. Berta, codo a codo con sus colegas del Ensamble Pu Rory, interpretaron una poderosa selección de música paraguaya, con arreglos de Mauricio “Pinchi” Cardozo Ocampo
