Ayuno de dopamina: menos estímulos, pensamientos más profundos

Concepto de hiperestimulación, adicción a las redes sociales, doomscrolling, etcétera.
Concepto de hiperestimulación, adicción a las redes sociales, doomscrolling, etcétera.Shutterstock

En los últimos años una expresión empezó a circular en redes, podcasts y libros de autoayuda: “ayuno de dopamina”. La promesa es tentadora: si dejás por un tiempo el celular, las series y las redes sociales, tu cerebro “se reinicia” y recuperás la capacidad de concentrarte, disfrutar de cosas simples y pensar con claridad.

Aunque el término es polémico entre los científicos, el fenómeno que señala es real: vivimos rodeados de estímulos diseñados para captar nuestra atención cada segundo. Y ese ruido constante está cambiando la forma en que pensamos.

El cerebro frente a la cultura de la notificación

La dopamina es un mensajero químico del cerebro. No es “la hormona del placer”, como se repite a menudo, sino del deseo y la motivación: nos impulsa a buscar recompensas.

Cada vez que mirás si tenés un mensaje nuevo o hacés scroll en redes, hay una pequeña expectativa de recompensa. Ese “quizás haya algo interesante” es dopamina en acción.

Concepto de hiperestimulación, adicción a las redes sociales, doomscrolling, etcétera.
Concepto de hiperestimulación, adicción a las redes sociales, doomscrolling, etcétera.

Las plataformas digitales aprovechan ese sistema. Notificaciones, videos cortos, contenidos personalizados: todo está pensado para mantenerte un rato más. El problema no es una notificación aislada, sino la suma de cientos de microinterrupciones diarias.

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Cuando el entorno es así de estimulante, el cerebro se acostumbra a recompensas rápidas y constantes. Con el tiempo, leer durante una hora o pensar un problema sin distracciones se siente anormalmente difícil y aburrido.

La desaparición del pensamiento profundo

El filósofo y experto en tecnología Cal Newport llama “trabajo profundo” a la capacidad de concentrarse sin interrupciones en una tarea exigente: escribir, estudiar, resolver un problema complejo. Esa capacidad no es innata, se entrena. Y también se pierde.

Concepto de hiperestimulación, adicción a las redes sociales, doomscrolling, etcétera.
Concepto de hiperestimulación, adicción a las redes sociales, doomscrolling, etcétera.

Revisar el celular cada pocos minutos fragmenta la atención. El cerebro no solo tarda en volver a concentrarse tras cada interrupción; también se vuelve menos tolerante al esfuerzo mental sostenido.

Actividades como leer un libro, conversar sin mirar la pantalla o simplemente aburrirse empiezan a generar inquietud.

En palabras sencillas: cuanto más vivís a base de estímulos rápidos, más te cuesta quedarte el tiempo suficiente con una idea como para pensarla de verdad. Y sin esa permanencia mental, los pensamientos profundos casi desaparecen.

¿En qué consiste el “ayuno de dopamina”?

Las versiones extremas hablan de pasar uno o varios días sin celular, sin redes, sin música, sin series, sin azúcar y hasta sin hablar con nadie. La idea es “bajar” artificialmente los niveles de dopamina.

Concepto de hiperestimulación, adicción a las redes sociales, doomscrolling, etcétera.
Concepto de hiperestimulación, adicción a las redes sociales, doomscrolling, etcétera.

Aquí es donde los científicos levantan la mano: no podés “apagar” la dopamina con un fin de semana sin redes. El cerebro es más complejo.

Sin embargo, muchos expertos coinciden en que sí tiene sentido reducir de forma deliberada la cantidad de estímulos rápidos que consumimos.

Más que un “ayuno de dopamina”, se trataría de un descanso de la hiperestimulación: momentos protegidos sin notificaciones, sin multitarea, sin consumo compulsivo de contenido.

Volver a hacer espacio para pensar

Los estudios sobre atención recomiendan algo menos espectacular, pero más realista, que las modas virales:

  • Bloques diarios de tiempo sin celular a la vista.
  • Revisar mensajes y redes solo en momentos concretos.
  • Recuperar actividades lentas: pasear, leer en papel, escribir a mano.
  • Permitir el aburrimiento, en vez de llenarlo siempre con pantallas.

Es en esos espacios, a menudo silenciosos y algo incómodos, donde reaparecen los pensamientos más largos y complejos: replantearse una decisión importante, entender de verdad un tema, imaginar un proyecto nuevo.