Un efecto emocional que va más allá de lo físico
La relación entre hambre y emociones ha sido abordada en diversos trabajos científicos. En conjunto, estos estudios apuntan a un patrón: el hambre se asocia con cambios hacia estados afectivos menos favorables, como un aumento de la negatividad y la irritabilidad, y con conductas más agresivas en determinados contextos, se lee en un artículo de El País, de España.
El “efecto del juez hambriento”: cuando el hambre influye en sentencias
El impacto del hambre no se limita a cómo se siente una persona: también puede influir en sus decisiones.
Un ejemplo conocido es el denominado “efecto del juez hambriento”, nombre popular que surgió a partir de un estudio israelí de 2011.

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Según observaron sus autores, la severidad de las sentencias dictadas por jueces se endurecía a medida que se acercaba la hora del almuerzo. Tras la pausa para comer y descansar, las decisiones pasaban a ser significativamente más indulgentes.
“Hangry”: un término para un fenómeno reconocible
La estrecha asociación entre hambre y enfado llegó a popularizar un término en inglés: hangry, combinación de hungry (hambriento) y angry (enfadado).
Esta palabra terminó por consolidarse hasta el punto de incorporarse en enero de 2018 al Diccionario de Oxford.
Una conclusión respaldada por estudios
En conjunto, la evidencia citada sostiene una idea clara: tener hambre puede empeorar el estado de ánimo y, en determinadas circunstancias, influir en el comportamiento y en decisiones relevantes.

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El fenómeno ha sido suficientemente reconocido como para contar incluso con un término propio en el lenguaje cotidiano.
¿Y vos, cómo actuás cuando estás con hambre?
Fuente: El País
