Lo que comenzó como un truco viral en blogs veganos se ha convertido en un básico del recetario fit. Pero ¿qué hay detrás de este fenómeno? ¿Es realmente tan saludable como parece?
Un helado que nace del congelador, no de la heladería
La técnica es sorprendentemente simple: pelar bananas maduras, cortarlas en rodajas, congelarlas y luego procesarlas hasta obtener una textura cremosa, similar a la del helado. Sin leche, sin crema, sin azúcar extra.

La clave está en la madurez de la fruta. Al madurar, la banana concentra azúcares naturales y desarrolla una textura más suave, lo que facilita que, al procesarla, adopte la consistencia de un helado soft.
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“No deja de ser fruta. El truco es la textura: cuando se procesa congelada, la banana emulsiona y se vuelve una crema fría, dulce y muy parecida a un helado tradicional”, explica una nutricionista deportiva.
La estructura de la pulpa congelada, rica en almidón y azúcares naturales, hace el resto. No hace falta añadir grasa extra para lograr la sensación cremosa que muchos asocian con el helado.
Menos ingredientes, más control
En una época marcada por la preocupación por los ultraprocesados, la etiqueta “un solo ingrediente” tiene un fuerte impacto. Frente a listas extensas de aditivos, estabilizantes y aromas, la promesa del nicecream es clara: saber exactamente qué se está comiendo.
Para quienes siguen planes de alimentación orientados a la recomposición corporal o al rendimiento deportivo, el control de los ingredientes resulta clave. El nicecream de banana ofrece:
- Azúcares naturalmente presentes en la fruta, útiles como energía rápida.
- Fibra, que modula la absorción de esos azúcares y aumenta la sensación de saciedad.
- Potasio, un mineral importante en la función muscular y en la recuperación tras el ejercicio.
Desde la nutrición deportiva, se suele destacar su utilidad como colación post-entrenamiento o como opción de postre en personas que intentan reducir el consumo de azúcar añadido y grasas saturadas sin renunciar a algo “dulce y frío” después de comer.
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¿Qué tan saludable es, realmente?
Más allá del entusiasmo, la pregunta de fondo es inevitable: ¿es el nicecream de banana un “superalimento” o simplemente una forma diferente de comer fruta?
Nutricionalmente, el nicecream es equivalente a comer bananas, con el agregado de que la preparación no introduce ingredientes problemáticos por sí misma. Es decir, no se trata de un producto milagroso, sino de una presentación distinta de un alimento ya conocido.
Algunos puntos a considerar:
- Sigue siendo fuente de azúcar, aunque natural. Personas con diabetes u otras condiciones que requieran control estricto de carbohidratos deben incluirlo dentro de su recuento diario.
- Las porciones pueden descontrolarse fácilmente. Convertir varias bananas en un solo tazón hace que el volumen parezca moderado, pero puede concentrar más hidratos de carbono de lo que se consumiría comiendo la fruta entera.
- Los toppings marcan la diferencia. Añadir manteca de maní, chocolates, granolas azucaradas o miel puede incrementar significativamente calorías, grasas y azúcares.
“Como alternativa a un helado industrial rico en azúcares añadidos y grasas saturadas, es una opción muy favorable. Pero no deja de ser energía que suma al balance calórico diario”, enfatiza la nutricionista deportiva.
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La versatilidad que conquista al público fit
A partir de la base de banana, se pueden incorporar:
- Otras frutas congeladas, como frutillas, mango o arándanos.
- Cacao amargo en polvo, para darle sabor a chocolate.
- Proteína en polvo, para aumentar el aporte proteico del postre o colación.
- Yogur (en versiones no veganas), para sumar textura y proteínas.
En el mundo del fitness, una de las variantes más difundidas es el nicecream proteico, donde a la banana se le agrega una medida de proteína whey. De este modo, el postre se transforma en una herramienta para recuperar tejido muscular tras entrenos intensos, manteniendo la sensación de “capricho dulce” que muchos buscan.
Esta posibilidad de “tunear” la receta según los objetivos —más proteína, más fibra, menos azúcar total, más volumen con hielo picado— lo posiciona como un lienzo en blanco en la cocina saludable.
Recordá que el reemplazo constante de postres tradicionales por versiones “fit” no siempre resuelve la relación emocional con la comida. “Puede ser positivo desde lo nutricional, pero si la persona siente que no puede comer un helado tradicional nunca, el problema no es el helado, sino la rigidez con la que se vive la alimentación”, apuntan especialistas.
