Cada 29 de julio, redes sociales, restaurantes y marcas de alimentos se suman al llamado Día Mundial de la Lasaña, una fecha que, aunque no está respaldada por un organismo internacional, se ha popularizado a partir del “National Lasagna Day” difundido en calendarios gastronómicos anglosajones. La efeméride funciona como excusa perfecta para celebrar uno de los platos más reconocibles del recetario occidental y, de paso, reabrir un debate recurrente: ¿de dónde viene realmente la lasaña?

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Un origen más antiguo que la Italia moderna
El término remite a la Antigüedad. En el mundo griego se menciona el laganon, una lámina de masa cortada en tiras, y en la Roma clásica aparece el laganum.
No era la lasaña actual, pero sí una idea emparentada: pasta en forma de lámina, que con el tiempo evolucionaría hacia preparaciones en capas.

Ya en la Edad Media, recetarios como el Liber de Coquina (siglos XIII-XIV) describen preparaciones llamadas lasanis con masa, queso y especias, señal de que el concepto estaba asentándose mucho antes de la estandarización contemporánea.
¿La lasaña es realmente italiana?
En su forma moderna, sí: la lasaña es un icono de la cocina italiana, especialmente vinculada a Emilia-Romaña. Pero su “prehistoria” es mediterránea y europea, con palabras, técnicas y productos que viajaron y se transformaron durante siglos.

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Más que una invención de un único lugar, es el resultado de una larga cadena de adaptaciones que Italia terminó por convertir en símbolo nacional.
Qué lleva una lasaña “tradicional”
Cuando se habla de tradición, la referencia más citada es la lasaña alla bolognese: láminas de pasta (a menudo con espinaca en la masa en la versión regional), ragù cocido lentamente, bechamel y Parmigiano-Reggiano, horneados hasta que el conjunto queda compacto y gratinado.

En otras zonas —y fuera de Italia— la receta cambia: aparecen ricotta, mozzarella, más tomate o incluso verduras como base principal.
¿Cuántas capas debe tener una lasaña?
No existe una cifra universal, pero la lógica culinaria manda: suficientes capas para que haya equilibrio entre pasta, salsa y relleno sin que el corte se derrumbe.

En la práctica, muchas recetas se mueven entre tres y siete capas de pasta, según el tamaño de la bandeja.
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Boloñesa y otras versiones: la diferencia clave
La distinción principal está en el tipo de salsa y la estructura. La boloñesa se apoya en un ragù de carne de cocción prolongada y en la bechamel como elemento cremoso, con el tomate en un papel secundario.
Otras lasañas, en cambio, suelen ser más “rojas” (más tomate), más lácteas (ricotta y mozzarella) o directamente vegetales.
