Lali González y el otro lado del éxito: cuando el brillo también pesa

A los paraguayos nos gusta celebrar el éxito cuando le llega a uno de los nuestros. Lo aplaudimos, lo compartimos en redes, lo sentimos un poco propio. Pero rara vez hablamos de lo que ocurre del otro lado: lo que pasa cuando las luces se encienden, cuando las oportunidades aparecen y la vida empieza a cambiar de una manera vertiginosa.

La actriz paraguaya Lali González conoce bien ese momento.

En conversación en Doble B, recordó uno de los períodos más intensos de su carrera: cuando su trabajo comenzó a trascender fronteras y su nombre empezó a sonar con fuerza en Argentina, uno de los mercados audiovisuales más competitivos de la region.

Cuando el éxito empieza a cruzar fronteras

Lali fue convocada para participar en una serie que tuvo gran repercusión, condujo un programa de televisión —algo que muy pocos paraguayos han logrado en ese país— y su exposición pública creció de manera acelerada. A la actuación se sumó la presencia en programas de farándula y un nivel de visibilidad distinto al que había tenido hasta entonces.

Desde afuera, parecía un momento ideal. Pero Lali lo cuenta con una sinceridad poco habitual. “El éxito me afectó en mi relación conmigo misma”, dice.

Lea más: El talento y el carisma de Lali González

Porque detrás de ese momento profesional tan alto había también decisiones personales complejas. Mudarse a otro país, empezar de nuevo, enfrentar el desarraigo. Y hacerlo, además, como madre, lejos de su entorno cercano.

El éxito no siempre llega acompañado de estabilidad. A veces llega acompañado de soledad.

El costo invisible del éxito

Durante esa etapa, Lali atravesó también una separación y un proceso personal intenso. En medio de compromisos profesionales, grabaciones y la presión propia de un medio tan exigente como el argentino, tuvo que aprender a sostenerse emocionalmente.

Ahí apareció algo de lo que todavía se habla poco en Paraguay: la terapia.

Para ella, no fue un recurso ocasional, sino una herramienta fundamental.

En una sociedad donde todavía persisten prejuicios sobre la salud mental, Lali habla del tema con naturalidad. La terapia, dice, fue clave para ordenar lo que estaba viviendo, para procesar cambios y para no perderse a sí misma en medio del éxito.

Lea más: Lali González y los 7 años de Rafaela: “¡Celebro tu vida, hija mía!"

Y ese punto quizás sea uno de los más interesantes de su relato. Porque el éxito, cuando llega rápido, también puede desordenar la vida.

La industria del entretenimiento suele mostrar el brillo, los premios, los proyectos. Pero rara vez se detiene en las exigencias emocionales que ese mismo éxito implica: la presión, la exposición, la distancia de la familia, la necesidad de reinventarse constantemente.

Hablar de salud mental sin prejuicios

Escuchar a Lali hablar de ese momento con honestidad resulta refrescante.

No hay épica exagerada ni victimismo. Hay, simplemente, la experiencia de alguien que logró abrirse camino en un escenario difícil y que al mismo tiempo reconoce que ese camino también tuvo costos.

Porque si algo deja claro su historia es que el éxito no es una línea recta ni un momento perfecto congelado en el tiempo. Es un proceso lleno de decisiones difíciles, aprendizajes y búsqueda de equilibrio.

El brillo existe, sí. Pero entender todo lo que ocurre alrededor de ese brillo —las dudas, los desafíos, los momentos difíciles— es lo que realmente permite dimensionar lo que significa llegar.