‘El oficio de buscar a Inés’ o la barbarie de la última dictadura argentina

BUENOS AIRES. Una patrulla militar detiene un autobús de la línea 187, que conectaba el barrio porteño de Chacarita con la localidad bonaerense de José León Suárez. Es la noche del 19 de julio de 1977 y el miedo impregna el ambiente.

Una patrulla militar detiene un autobús de la línea 187, que conectaba el barrio porteño de Chacarita con la localidad bonaerense de José León Suárez. Es la noche del 19 de julio de 1977 y el miedo impregna el ambiente.
Una patrulla militar detiene un autobús de la línea 187, que conectaba el barrio porteño de Chacarita con la localidad bonaerense de José León Suárez. Es la noche del 19 de julio de 1977 y el miedo impregna el ambiente.KINOA.TV

Entre amenazas y empujones, los pasajeros y el conductor bajan del vehículo y son dirigidos a una comisaría, en donde pasan por duros interrogatorios hasta que, horas después, todos salen en libertad. Todos menos Inés Ollero, cuyo paradero continúa siendo un misterio.

“Nadie se imaginaba el nivel de barbaridad que estaba pasando, pero no era algo del todo ajeno”, afirma en una entrevista a Efe Silvia Ollero, hermana mayor de Inés, al recordar aquellos días. “A partir de entonces, no volví a casa de mis padres, porque era una casa peligrosa, y mi viejo no hizo otra cosa que salir a buscarla”.

El testimonio de Silvia y los esfuerzos de un padre por encontrar a su hija protagonizan ‘El oficio de buscar a Inés’, un documental que narra la desaparición de Inés Ollero, estudiante de Biología y militante de la Federación Juvenil Comunista, durante los primeros compases de la última dictadura cívico-militar de Argentina (1976-1983).

Según estimaciones de los organismos de derechos humanos, unas 30.000 personas desaparecieron en la época del terrorismo de Estado, entre ellas activistas políticos y sociales, sindicalistas, universitarios y artistas.

Búsqueda incansable

La ausencia de Inés movilizó a todo su entorno, pero especialmente a su padre, César Ollero: inmigrante gallego de fuertes convicciones republicanas y empresario industrial, “removió cielo y tierra” para dar con su hija desaparecida, siempre bajo la firme convicción de que podría encontrarla con vida y llevarla de vuelta a casa.

“Mi papá no hacía otra cosa que buscar por donde se te ocurra, en todos los niveles habidos y por haber (...). Ha ido a los lugares más insólitos que se te puedan llegar a ocurrir, aún después de 1983, cuando las esperanzas eran muchísimo menores”, señala Silvia, sobre unas jornadas de búsqueda que, según se cuenta en el documental, comenzaban a las 8 de la mañana y se extendían hasta bien entrada la madrugada.

En medio de un silencio sepulcral de los organismos oficiales, César arrancó sus pesquisas por el autobús que tomó su hija aquel 19 de julio por la noche. Todos los días, sin excepción, agarraba las llaves de su coche y seguía el recorrido del autobús, abordando a los pasajeros que se bajaban para preguntarles si sabían algo de Inés.

Con el paso de los meses, César logró numerosos testimonios que terminaron por conducirlo a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el mayor centro clandestino de tortura y detención de la dictadura, e incluso entrevistarse en varias ocasiones con su director, el contraalmirante Rubén Chamorro.

Último lugar donde se vió con vida a Ines

“La segunda vez que lo citó fue a la una de la mañana, y él (César), en vez de pensar en negativo, decía ‘me la traigo, me la traigo’. Fue una historia muy larga y tenebrosa”, subraya Silvia acerca de las visitas de su padre a la ESMA, último lugar en que se vio a Inés con vida.

Con todo, los esfuerzos de César no fueron del todo en vano: su búsqueda motivó la apertura de una investigación por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979, en plena época dictatorial, y su declaración resultó clave en el juicio a las Juntas Militares de 1985, que terminó con la cadena perpetua de, entre otros, Jorge Rafael Videla, presidente de facto del país entre 1976 y 1981.

Elaboración del documental

Cuatro décadas y media después, la Justicia argentina todavía no ha dado carpetazo a los juicios por la dictadura, destacando la “megacausa ESMA”, que aglutina a un gran número de imputados en torno a los crímenes cometidos en aquel centro clandestino de detención.

Mientras reunía información sobre esos delitos, la escritora argentina de origen gallego Anahí Carballido Marzá se topó con el caso de Inés, una historia que tenía todo lo necesario para convertirse en un documental.

“En general, la característica de la desaparición de personas en la Argentina es que no hay información. El desaparecido, según Videla, no estaba ‘ni vivo ni muerto’, simplemente no estaba, pero acá había un montón de información”, asegura Carballido, directora de ‘El oficio de buscar a Inés’.

Después de entrevistar a múltiples personalidades, Carballido y su equipo dieron forma a un documental con tres pilares fundamentales: los testimonios de los allegados de Inés, la declaración de César en los juicios de 1985 y unas ilustraciones realizadas por el dibujante Emiliano Urdinola, que hacen de nexo entre las diferentes partes de la trama.

"Muchos productos artísticos tienen al desaparecido ausente a propósito, pero nosotros estábamos en otra etapa, queríamos que Inés apareciera y esa era una manera de darle esencia a lo que había pasado", explica la directora.

Preservar la memoria

El mayor propósito del documental, que se estrenó este mes en la plataforma digital Kinoa TV, es “preservar la memoria” de la última dictadura cívico-militar, según Silvia Ollero, especialmente entre las generaciones que no vivieron los años del terrorismo de Estado.

“Creo que la película pretende preservar la memoria, porque no todo el mundo sabe... Esto no es automático, que llega la democracia y la gente asimila todo lo que pasó. Los que pasamos esa situación tenemos la obligación de mantener esa memoria”, sentencia la hermana de Inés.

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