Día Mundial en Memoria de las Mascotas: por qué duele tanto decir adiós

Día Mundial en Memoria de las Mascotas.
Día Mundial en Memoria de las Mascotas. La imagen muestra a un perro Golden retriever con un arcoiris. Zontica

Cada año, miles de familias recuerdan en el Día Mundial en Memoria de las Mascotas a sus animales que ya no están. La fecha pone nombre a un duelo real y a veces invisible, y abre una conversación sobre qué pasa en el cerebro, en otros animales del hogar y en los niños.

El Día Mundial en Memoria de las Mascotas se observa en el segundo martes de junio, para honrar el vínculo, legitimar el duelo por una mascota y promover prácticas de cuidado responsable, incluida la adopción.

Día Mundial en Memoria de las Mascotas.
Día Mundial en Memoria de las Mascotas. La imagen muestra a una persona observando un álbum de fotografías de su perro que ya no está.

La necesidad de la fecha dice tanto de los animales como de nosotros: durante años, la pérdida de una mascota se consideró un dolor “menor”. Hoy, veterinarios y psicólogos lo describen como un duelo que merece espacio, rituales y acompañamiento.

El duelo por las mascotas: qué hace el cerebro con la pérdida

El apego a un animal de compañía no es una metáfora. La convivencia diaria activa circuitos de recompensa y seguridad (dopamina), hormonas vinculadas al vínculo (como la oxitocina) y rutinas que ordenan el día.

Cuando el animal muere, el cerebro se enfrenta a una ausencia doble: la emocional y la cotidiana.

Día Mundial en Memoria de las Mascotas.
Día Mundial en Memoria de las Mascotas. La imagen muestra un pequeño altar con la fotografía de un perro que ya no está.

Por eso el dolor puede parecerse al de un familiar: intervienen sistemas relacionados con la amenaza y el estrés (amígdala), la memoria (hipocampo) y el procesamiento de la separación.

Además, aparece lo que especialistas llaman duelo desautorizado: el entorno minimiza la pérdida (“era solo un perro”), lo que puede intensificar la angustia y el aislamiento.

Si la tristeza se vuelve incapacitante o hay síntomas persistentes (insomnio severo, culpa intrusiva), puede ayudar un profesional de salud mental.

Cuando una mascota “acompaña” a otra: qué observa la etología

Perros y gatos también pueden cambiar tras la muerte de un compañero del hogar. No es necesario atribuirles ideas humanas de la muerte para reconocer conductas observables: búsqueda del ausente, más vocalizaciones, menor interés por el juego, cambios de sueño, apego al cuidador o, a veces, irritabilidad.

Día Mundial en Memoria de las Mascotas.
Día Mundial en Memoria de las Mascotas. La imagen muestra a un perro triste porque perdió a su amigo.

La recomendación etológica suele ser práctica: mantener rutinas, ofrecer más oportunidades de olfateo y exploración, y reforzar actividades previsibles (paseos, juegos cortos).

En algunos casos, permitir que el animal huela objetos del compañero fallecido puede reducir la incertidumbre; conviene hacerlo con criterio y sin forzar.

Si hay anorexia, apatía marcada o conductas autolesivas, la consulta veterinaria es prioritaria: el duelo puede coexistir con enfermedad.

Cómo explicar la muerte de una mascota a los niños, según edad

La clave es ajustar el relato al desarrollo y evitar eufemismos confusos.

Día Mundial en Memoria de las Mascotas.
Día Mundial en Memoria de las Mascotas. La imagen la fotografía de un gato y una urna funeraria con impresiones de patitas.

En 0 a 3 años, basta una frase simple: “Murió. Ya no respira ni vuelve”, con mucho contacto y rutina.

Entre 3 y 6, pueden aparecer preguntas repetidas: responder igual, sin “se fue a dormir” (puede generar miedo al sueño).

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Día Mundial en Memoria de las Mascotas. La imagen muestra un collar de una mascota que ya no está.

De 6 a 9, entienden la irreversibilidad y pueden sentir culpa; ayuda aclarar: “No fue por algo que dijiste o hiciste”.

En 10+, suele servir una conversación más completa sobre enfermedad, vejez y decisiones veterinarias, validando tristeza y enojo.

Los rituales sencillos —dibujar, escribir una carta, armar una caja de recuerdos— ofrecen un marco emocional. Y una idea útil para todas las edades: recordar no es reemplazar; si la familia decide adoptar otra mascota, no debería presentarse como “la nueva versión” de la que murió.