Familia francesa se vuelve devota de la Virgen de Caacupé

La fe en la Virgen de Caacupé cruza fronteras y emocionando a quienes descubren la religiosidad que late en la Capital Espiritual del país. Así ocurrió con Guillermo Sauvage, un joven francés quien hace dos años visitó por primera vez el Santuario azul y quedó profundamente cautivado por la devoción del pueblo paraguayo.

Este año, Guillermo Sauvage regresó a Caacupé acompañado de sus padres, Ana Claudia y Vicente Sauvage, quienes pisan por primera vez esta ciudad.

“Quería que ellos sientan lo que yo sentí la primera vez: esa paz, esa fe tan viva que tiene la gente”, relató Guillermo mientras recorría la explanada repleta de peregrinos.

La familia participó del primer día del novenario, encendió velas frente a la imagen de la Virgen y se dejó envolver por el ambiente mariano que transforma Caacupé en estos días.

Ana Claudia, visiblemente emocionada, comentó: “Es impresionante ver cómo la gente expresa su fe”. Para ella observar a tantas personas caminar en silencio, rezar o cantar frente al Santuario fue una experiencia“que toca el corazón”.

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Extranjeros quedan sorprendidos ante la profunda fe del pueblo paraguayo.
La fe del pueblo paraguayo es admirada por los extranjeros que visitan Caacupé.

Joven planea quedarse más tiempo en Paraguay

El vínculo de Guillermo con Paraguay no termina en la devoción. El joven resaltó que se quedará en el país hasta febrero y que incluso evalúa extender su estadía para colaborar como voluntario de solidaridad internacional.

Además, reveló que tomó tres meses de clases de guaraní con su profesor Esteban Ortega, un esfuerzo que demuestra cuánto desea integrarse y comprender más profundamente la cultura paraguaya.

Mientras observa la Basílica iluminada al caer la tarde, Guillermo asegura que seguirá regresando “cada diciembre que la Virgen lo permita”, porque siente que Caacupé ya forma parte de su historia familiar. “Es un lugar al que le tengo cariño y al que siempre voy a volver”, afirmó.

Para los Sauvage, este viaje no fue simplemente turismo religioso, sino un descubrimiento: el de un pueblo cuya fe conmueve y contagia. Y para Caacupé, un recordatorio de que su mensaje sigue viajando lejos, tocando corazones más allá de nuestras fronteras.