El Cementerio de la Recoleta, el más antiguo del país que aún sigue en funcionamiento, fundado en 1842, exhibe una imagen de ruina absoluta, que ofende la memoria histórica. Panteones centenarios y esculturas de gran valor arquitectónico se desmoronan ante la mirada indiferente de las autoridades.
Lea más: Asunción: Indignante abandono de cementerios en vísperas del Día de los Fieles Difuntos
La falta de mantenimiento convierte este sitio sagrado en un espacio abandonado y peligroso para los visitantes.

La actual gestión municipal, a cargo del intendente Luis Bello (ANR-cartista), continúa el rumbo que tenía con su antecesor, Óscar “Nenecho” Rodríguez (ANR-cartista), quien dejó un legado de destrucción y falta de cuidado, que Bello parece no querer revertir. A seis meses de haber asumido, el nuevo jefe comunal no ha dado muestras de cambios significativos en el sitio.
El muro perimetral, sobre la avenida Mariscal López muestra un serio peligro de inminente derrumbe. Se observan enormes boquetes y grietas profundas que dejan a la vista la mampostería interna y los ladrillos deteriorados. Las veredas circundantes están destrozadas y los canteros rotos. En el estacionamiento, frente al acceso principal, se acumulan desperdicios, destruyendo completamente la imagen de la fachada.

El Portón N° 3, acceso principal junto a la iglesia, presenta pilares agrietados y una pintura totalmente descascarada. La humedad y el paso del tiempo, sin intervenciones preventivas, han debilitado las bases de hierro que sostienen las rejas.
Lea más: “Herencia” de Nenecho: Cementerio de la Recoleta se cae a pedazos
El deterioro es tal que la estructura parece incapaz de garantizar la seguridad mínima necesaria para un cementerio público.
Inseguridad y vandalismo
Ni siquiera los panteones ubicados sobre Mariscal López, considerados tradicionalmente como los más exclusivos del cementerio, escapan al vandalismo y a la degradación física.

El saqueo de piezas de bronce y adornos de valor es evidente en numerosos panteones que han sido forzados. “Los difuntos deben estar revolcándose en sus tumbas”, lamentó una vendedora que dijo que los difuntos “no descansan en paz”, ante el robo impune de placas y ornamentos. En el sitio, los delincuentes se aprovechan de la falta de guardias y de la oscuridad para llevarse cualquier elemento de valor.
Lea más: Vecinos reclaman presencia de un vertedero en zona del Cementerio de la Recoleta
El sector del Panteón Militar, lugar de descanso final de ilustres figuras de nuestra historia bélica, se encuentra en condiciones deplorables. Los caminos están seriamente dañados, con baldosas levantadas por raíces de árboles que crecen sin control alguno. En diversas esquinas se han formado pequeños vertederos donde se acumulan ramas, plásticos y otros desechos de larga data. Caminar por este sector resulta casi imposible y representa un riesgo de caídas para ancianos y personas con discapacidad.

El abandono también afecta a la zona del Portón N°4, donde descansan, por ejemplo, los restos del fiscal Marcelo Pecci, héroe civil de nuestra historia reciente, asesinado por su labor de combate al crimen organizado.
Abandono crítico
El abandono alcanza su punto más crítico en la zona del Portón N° 9, sobre la calle Mariano Molas. Allí, las veredas se han convertido en vertederos irregulares, donde carriteros arrojan troncos, ramas y escombros impunemente.

La acción municipal, que utiliza retroexcavadoras para retirar la basura, termina por dañar aún más los ya debilitados cimientos. El muro perimetral en este sector muestra serios indicios de estar en peligro de derrumbe y tiene boquetes tan grandes que permiten el ingreso de personas ajenas al camposanto.
Lea más: Plantean transformar el Cementerio de la Recoleta en un “Parque Cultural y Memorial”
Pero lo más deprimente está en el interior de este sector, donde los restos óseos están expuestos al aire libre. Hay nichos completamente abiertos y ataúdes destruidos rodeados de densas telarañas y vegetación que inunda los techos de mausoleos.

Algunos espacios son utilizados como depósitos improvisados de herramientas, termos de tereré y materiales de construcción por albañiles que trabajan en el camposanto. La profanación y el descuido han llegado a niveles que rayan lo inhumano.
Herencia
En octubre de 2025, ABC ya había reportado el pésimo estado en el que se encontraba el primer camposanto del país, herencia de la pésima gestión del exintendente Óscar “Nenecho” Rodríguez (ANR-cartista).

A su renuncia, en agosto de 2025, dejó un legado de destrucción, falta de mantenimiento y contaminación del camposanto, espacio emblemático de la capital paraguaya. Su sucesor, Luis Bello (ANR- cartista), quien el viernes cumple seis meses en el cargo de intendente, todavía no da muestras de cambio en su gestión.
Lea más: Esto responde directora de Catastro sobre profanación de panteón en cementerio de la Recoleta
Bello heredó además una dramática situación financiera municipal, producto de lo que Carlos Pereira, interventor de la gestión de Nenecho, describió como “terribles prácticas ilegales”, como la utilización de una “cuenta única”, mediante la cual el exintendente desvío de G. 512.000 millones de los bonos G8, que debían ser para obras, a gastos corrientes, entre ellos, salarios.
Pero el nuevo intendente no está exento de responsabilidad. Como concejal y presidente de la Junta Municipal, Bello apañó la gestión de Rodríguez, al conformar la mayoría cómplice de 14 ediles que aprobaron sus balances 2023 y 2024, pese a que ya eran de público conocimiento las denuncias de ABC sobre el desvío de ese dinero. Nenecho enfrenta al menos 8 causas penales, entre ellas una acusación por lesión de confianza y asociación criminal.
