El precio del tomate alcanzó niveles históricos en los últimos días: hasta G. 350.000 la caja y G. 28.000 el kilo en algunos puntos de venta.
Para Karen Leguizamón, titular de la Asociación de Importadores y Comerciantes Frutihortícolas (Asicofru), la explicación es clara: la producción nacional de verano no logra abastecer el mercado.
Según indicó, incluso un informe oficial entregado por técnicos del propio ministerio reconoce que la producción local cubre apenas el 20% de la demanda. “Sí hay producción nacional, pero no abastece”, subrayó.
A su criterio, insistir en el Plan Nacional de Tomate de Verano, sin garantizar volumen suficiente, terminó empujando los precios al alza y dejando al consumidor a merced de la especulación y el mercado informal.
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“El contrabando terminó regulando el mercado”
La dirigente fue más allá y lanzó una acusación directa: sostuvo que el contrabando es el verdadero regulador del precio.
Relató que durante tres días consecutivos comerciantes del Mercado de Abasto se organizaron para bloquear el ingreso irregular de tomate en puntos fronterizos. Según afirmó, al frenarse el contrabando, el precio mayorista amaneció en G. 220.000 la caja, el monto que el ministro consideraba “justo” para habilitar la importación.
“Nunca en la vida la gente del Abasto salió a pelear contra el contrabando como ahora”, afirmó.
La importación fue finalmente liberada por una semana, con un cupo de hasta 1.400.000 kilos distribuidos entre 40 importadores. Sin embargo, Leguizamón advierte que la medida será insuficiente si no se controla el ingreso ilegal.
Cuestionamientos al “precio justo”
Otro de los puntos que generaron polémica fue la postura oficial de que G. 11.000 por kilo al productor sería un precio adecuado.
Para la titular de Asicofru, esa cifra no contempla los costos posteriores de logística, transporte y comercialización hasta llegar al consumidor final. “A ese precio todavía no le va a llegar al consumidor”, remarcó.
Consideró “vergonzoso” que se pretenda instalar como referencia un valor que, en góndola, inevitablemente se multiplica.
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Mezcla de producción nacional y contrabando
La dirigente también denunció que en zonas de producción se estaría mezclando tomate de contrabando con producción local para “nacionalizar” el producto.
Según explicó, existen diferencias visibles entre el tomate nacional de verano y el extranjero: el importado suele ser más rojo intenso, de mayor tamaño y más uniforme, mientras que el local presenta menor coloración debido a las condiciones climáticas extremas.
“Hoy ni garantías tenemos de que lo que consumimos sea realmente producción nacional”, advirtió.
Baja momentánea, incertidumbre latente
Tras el anuncio del MAG, el precio ya mostró una baja inicial: de G. 300.000 la caja pasó a G. 200.000–220.000 en cuestión de horas, según los importadores.
No obstante, el sector advierte que si el control del contrabando no es sostenido, el mercado volverá a distorsionarse.
Mientras tanto, el consumidor sigue pagando las consecuencias de una pulseada entre producción insuficiente, importaciones restringidas y un contrabando que —según denuncian— se convirtió en el verdadero árbitro del precio.
