Caacupé: obispo cuestiona la contaminación del agua, la tala de árboles y el maltrato animal

Monseñor Ricardo Valenzuela cuestiona la contaminación del agua, la tala de árboles y el maltrato animal.
Monseñor Ricardo Valenzuela cuestiona la contaminación del agua, la tala de árboles y el maltrato animal.

Monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de la diócesis de Caacupé, cuestionó la contaminación del agua, la tala de árboles y el maltrato animal. Señaló que muchas veces se daña la naturaleza, pese a que la creación y los animales necesitan de nuestra ternura y compasión, y recordó la importancia de la misericordia en la vida cristiana. Sus declaraciones fueron durante la homilía en la Basílica.

El prelado lamentó que, a menudo, “por su pecado se maltrata a otros”, refiriéndose al daño que se causa tanto a las personas como al entorno natural. Señaló que, así como debemos ser misericordiosos con las personas, también debemos extender esa misericordia a toda la creación.

En ese contexto incluyó a la naturaleza y a los animales, lamentando que hoy se contamine el agua, se talen árboles y se maltrate a los animales. “La creación también sufre cuando no la cuidamos”, advirtió.

“Hermanos, hoy nos toca un tema interesante al que deberíamos prestarle mucha atención: todo encuentro con Jesús cambia la vida de uno y te da mucha alegría porque grande es su misericordia”, afirmó el obispo.

Explicó que el Evangelio de hoy presenta el encuentro de Jesús con la mujer samaritana en Sicar, junto a un antiguo pozo, donde la mujer iba cada día a sacar agua. Ese día encontró a Jesús sentado, fatigado por el viaje, y Él le dijo: “Mujer, dame de beber”. Este gesto, destacó Valenzuela, marca el inicio de un diálogo sincero, lleno de delicadeza y sin juicio, que reconoce la dignidad de la persona.

Valenzuela recordó que, en aquel tiempo, judíos y samaritanos no se trataban entre sí, y existían fuertes prejuicios hacia las mujeres. Sin embargo, Jesús no se detiene ante estas barreras. “Su amor es universal y su misericordia más grande que cualquier prejuicio”, explicó.

El encuentro permitió que la samaritana experimentara un cambio profundo: Jesús la confronta con su situación sin juzgarla, despertando en ella el deseo de ir más allá de la rutina diaria y descubrir la alegría del encuentro con Dios. “Todo encuentro con Jesús nos cambia la vida; es un paso adelante, un paso más cerca de Dios”, afirmó.

Emocionada y transformada, la mujer samaritana dejó su cántaro y corrió a la ciudad a contar su experiencia, anunciando que había encontrado al Mesías. “Este testimonio de sinceridad muestra cómo todo encuentro con Jesús nos da alegría, nos libera y nos transforma”, añadió el obispo.

No avergonzar a quien peca

Valenzuela también recordó el ejemplo de San Francisco de Asís, quien enseñaba a no avergonzar a quien pecaba, sino a mostrar misericordia. Señaló que burlarse de los demás o hacer bullying los aleja de la oportunidad de encontrar el camino de la salvación.

Destacó que Francisco veía a todas las criaturas, incluyendo la naturaleza, como seres que necesitaban ternura y compasión, y lamentó que hoy se contamine el agua, se talen árboles y se maltrate a los animales.

El obispo insistió en que la misericordia no es un concepto abstracto, sino una práctica concreta que debe aplicarse a todas las áreas de la vida: a las personas, a los pobres, a los enfermos, a los leprosos, a los animales y a la naturaleza misma.

Recordó la famosa oración de paz de Francisco, que resume su misión de llevar amor, compasión y fraternidad a todos los seres.

“Debemos vivir una verdadera fraternidad con toda la creación y practicar la misericordia como acción concreta en la vida diaria, siguiendo el ejemplo de Jesús y de San Francisco”, concluyó.

Como cada domingo en la explanada de la basílica se tuvo una importante concurrencia de fieles.
Como cada domingo en la explanada de la basílica se tuvo una importante concurrencia de fieles.