La precariedad en el Instituto de Previsión Social (IPS) vuelve a quedar al desnudo. Un asegurado, internado tras sufrir un infarto, permanece en estado crítico mientras su familia costea medicamentos básicos y enfrenta un sistema burocrático que dilata la urgente intervención quirúrgica cardiaca que es de vida o muerte.
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Lo que debería ser un centro de alta complejidad y respuesta inmediata se ha convertido, para muchos, en un laberinto de gastos y desesperación. Un paciente de avanzada edad, actualmente internado en la Unidad Coronaria del Hospital Central, es el rostro de una realidad que se repite con frecuencia alarmante: la falta absoluta de insumos médicos y la aparente complicidad de sectores internos con proveedores externos.
Una espera al borde de la muerte
El paciente -del que se reservan sus datos por pedido expreso de los familiares, que temen represalias- ingresó de urgencia el pasado martes 31 de marzo tras sufrir un infarto que le provocó daños múltiples en el tronco arterial. Según el diagnóstico médico, su estado es de extrema fragilidad; la obstrucción de una vena principal lo mantiene bajo riesgo constante de muerte súbita.
A pesar de la urgencia, la familia denunció que durante los días de Semana Santa la atención se estancó debido a la ausencia de personal administrativo y médicos cirujanos necesarios para gestionar los insumos y programar la intervención.

“Nos dijeron que teníamos que esperar porque no había médicos de urgencia ni secretarios para hacer las gestiones”, relataron los allegados, que por temor a represalias, pidieron omitir sus nombres.
El “mercado” en los pasillos
La denuncia más grave que realiza la familia del paciente apunta a la carencia total de insumos quirúrgicos y la aparición de “proveedores” en los pasillos del hospital. Según el testimonio de los familiares, el IPS no cuenta ni con los fármacos más económicos, como la furosemida, obligándolos a comprar hasta 50 unidades por día de su propio bolsillo.
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“Desde el medicamento más barato hasta el más caro, no hay nada. Tuvimos que buscar insumos de hasta G. 3 millones, pidiendo dinero prestado para poder llegar a la cirugía. Desde el más barato al más caro, todo estamos comprando”, explicaron.
Además, los familiares del paciente señalan la presencia sospechosa de personas que operan frente a las secretarías de las unidades. Estos individuos ofrecen los insumos faltantes de manera inmediata y con descuentos, pero sin emitir factura legal.

La familia sospecha de un esquema irregular, ya que estos proveedores parecen estar al tanto de los pedidos médicos antes que los propios familiares. No es la primera vez que ABC recibe denuncias similares y se sospecha de negociados en el seguro social.
Cirugía postergada y gastos millonarios
Hasta la fecha, la familia estima un gasto que supera los G. 10 millones, cifra que aumenta cada día debido a la compra de insumos para una cirugía que, por cuestiones administrativas y de cupos, ha sido postergada nuevamente para la próxima semana. A estos gastos se suma la estadía en el Hospital Central, alimentos y otras comodidades que se requiere al pasar tiempo como guardián de un paciente.
La lista de cirugía para la fecha fue cerrada, dejando al paciente en una cama del séptimo piso con la orden estricta de “no moverse”, pues cualquier esfuerzo físico podría ser fatal.
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“La operación debía ser hoy, ya compramos todo, pero ayer a última hora nos pidieron 12 donadores de sangre. No se consiguió y ahora debemos esperar hasta el próximo miércoles, siendo que supuestamente es un caso urgente”, lamentó su familia.
Este tipo de situaciones en el IPS ya no es un hecho aislado, sino una crisis sistémica que obliga a los aportantes a financiar doblemente su salud: a través del aporte mensual y mediante compras directas.
