El 15 de mayo en Paraguay es una fecha de júbilo, de honrar la vida y la entrega de las madres. Sin embargo, detrás de las puertas de muchos hogares, el silencio cuenta otra historia. Es la historia de las madres de “Brazos Vacíos”, mujeres que atraviesan el duelo gestacional o neonatal y, para quienes esta celebración se convierte en un recordatorio punzante de quien ya no está.
Perder un hijo antes de nacer o a las pocas horas de vida es una de las experiencias más desgarradoras y, paradójicamente, una de las más silenciadas por la sociedad. Para entender esta realidad, conversamos con dos especialistas que, desde la medicina y la psicología, trabajan para dar luz a este proceso.
Brazos vacíos: el choque entre la biología y la ausencia
Cuando una mujer pierde a su bebé, el duelo no es solo emocional; es una batalla que se libra en el propio cuerpo. La Lic. Patricia Naveira, obstetra especialista en duelo gestacional y neonatal, explica que el cuerpo no entiende de ausencias inmediatas.
“Independientemente de la edad gestacional en que falleció el bebé, la madre pasa por un estado de puerperio. El cuerpo sigue preparándose para la maternidad, como ocurre con la subida de la leche”, señala Naveira.

La especialista advierte sobre la importancia de manejar este proceso de forma fisiológica. “Idealmente, no se deberían utilizar medicamentos para cortar la leche de forma abrupta, ya que esto genera un impacto fuerte con efectos secundarios. El cuerpo necesita un tiempo de readaptación para entender que el bebé ya no está”, explica la especialista a ABC.
La experta indica que este acompañamiento debe ser integral, con controles clínicos y emocionales a la semana, a los 15 días y al mes de la pérdida.
El protocolo de la empatía: palabras que sanan o hieren
Uno de los momentos más críticos es la comunicación de la noticia. Un profesional no solo debe informar, debe sostener. Naveira destaca que existen “palabras seguras” que pueden evitar un trauma mayor: “Lamento mucho la muerte de tu bebé” o “No puedo imaginar el dolor que estás pasando, pero estoy aquí para ayudarte”.
Sin embargo, el sistema sanitario paraguayo aún enfrenta grandes desafíos. La infraestructura hospitalaria a menudo obliga a las madres en duelo a compartir salas con recién nacidos sanos y familias que celebran.

Ante esto, Naveira propone medidas urgentes. “Se pueden usar biombos para dar privacidad o colocar símbolos como una estrella o una mariposa en la historia clínica o al pie de la cama. Esto alerta al personal de salud de que esa madre está en duelo y requiere un cuidado especial”, expresó.
Rompiendo el “optimismo tóxico”
El regreso a casa es, quizás, el momento más difícil. Las habitaciones preparadas y la cuna vacía se enfrentan a menudo con comentarios del entorno que, aunque bienintencionados, resultan hirientes.
La Lic. Jennifer Hidalgo Morel, psicóloga clínica del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital de Clínicas, advierte sobre el peligro del “optimismo tóxico”.

“La mejor manera de acompañar es estar presentes desde la empatía y validar sus emociones. Frases como ‘ya tendrás otro’ no ayudan; no se busca reemplazar la pérdida, sino ser un soporte emocional en un momento de profundo vacío”, explica Hidalgo.
La psicóloga enfatiza la importancia de los rituales de despedida. Darle un nombre al bebé, crear una caja de recuerdos o realizar pequeñas ceremonias son actos simbólicos fundamentales. “Permiten a la familia transformar el dolor en un recuerdo con sentido y reconocer que ese bebé existió”, añade.
La salud mental como pilar preventivo
Ambas especialistas coinciden en que la salud mental no debe ser un auxilio de último recurso, sino una parte fundamental del control prenatal. Hidalgo señala que existen señales de alerta, como antecedentes de pérdidas previas o ansiedad, que deben ser detectadas a tiempo para derivar a las pacientes al equipo de psicología.
Por su parte, Naveira lamenta que, a nivel país, todavía exista una falencia en la formación médica integral para afrontar el duelo. “Aún no estamos debidamente preparados para comprender el impacto de la pérdida de un bebé, así haya tenido seis semanas o seis horas de vida. Toda vida es importante. No hay un duelo que sea menor que otro”, aseveró.
Las expertas afirman que el desafío pendiente es que cada hospital del país se convierta en un espacio donde el duelo no se esconda, sino que se acompañe con la dignidad y el respeto que merece el amor de una madre, incluso cuando ese amor no tiene a quién abrazar físicamente.
