“Sigue faltando el amor por la forma en la que nos tratamos unos a otros: indiferencia, violencia y malos tratos físicos”, expresó monseñor Ricardo Valenzuela durante la homilía de la misa dominical de las 07:00 en la Basílica Santuario.
Durante su reflexión, Valenzuela lamentó que cueste tanto luchar contra las adicciones, la violencia, los malos tratos y la creciente indiferencia hacia el sufrimiento ajeno. Tomó como referencia el pasaje evangélico en el que Jesús se compadece de una multitud “cansada y abandonada”. Esa realidad continúa vigente en la actualidad, expresó.
Muchas personas viven sin rumbo, afectadas por problemas familiares, sociales y económicos que terminan generando desesperanza y sufrimiento, dijo.
El obispo afirmó que la sociedad atraviesa una profunda crisis de valores y lamentó que cada vez sea más frecuente observar situaciones de violencia, falta de empatía y escasa preocupación por el prójimo. Indicó que detrás de estos conflictos sociales se encuentra la incapacidad de comprender el dolor de los demás y de actuar con solidaridad.
En otro momento de su mensaje, advirtió sobre el avance de las adicciones y otras problemáticas que golpean especialmente a los sectores más vulnerables. Señaló que muchas personas buscan una salida en caminos equivocados y terminan atrapadas en situaciones que deterioran su dignidad y sus relaciones familiares.

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Necesidades profundas
Monseñor Valenzuela también cuestionó la idea de que el bienestar material sea suficiente para alcanzar la felicidad. En ese sentido, dijo que ni el confort, ni el dinero, ni los avances tecnológicos pueden responder a las necesidades más profundas del ser humano.
“A los hombres de hoy no les va a salvar ni el confort, ni el dinero, ni la inteligencia artificial”, manifestó, al remarcar que la verdadera transformación debe partir de una renovación interior basada en el amor y el servicio a los demás.
Asimismo, afirmó que existen muchas personas que desean volver a empezar, corregir errores y encontrar una nueva oportunidad para reconstruir sus vidas, pero que, para ello, necesitan acompañamiento, comprensión y espacios donde puedan sentirse escuchadas y valoradas.
El prelado instó además a la Iglesia a no permanecer indiferente ante estas realidades y recordó que la misión cristiana consiste en acercarse a quienes sufren, acompañar a los enfermos, sostener a los más vulnerables y brindar esperanza a quienes atraviesan momentos difíciles.
Hacia el final de la homilía, evocó la figura de San Francisco de Asís, de quien destacó su capacidad para mirar a los pobres, enfermos y excluidos con compasión y cercanía. Señaló que ese ejemplo sigue siendo un desafío para la sociedad actual, marcada por el individualismo y la indiferencia.
Finalmente, invitó a los fieles a convertirse en agentes de cambio dentro de sus comunidades, promoviendo el respeto, la fraternidad y la ayuda mutua.
“El amor lo vence todo”, afirmó, al insistir en que solo una sociedad más humana y solidaria podrá hacer frente a los problemas que hoy afectan a miles de familias paraguayas.
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