Radiografía de la infancia en Paraguay: pobreza, desnutrición, deserción escolar y violencia

El Gobierno  de Paraguay, por medio del Ministerio de la Niñez, estaría invirtiendo solo G. 78 por día por cada niño, niña y adolescente para acciones de prevención, protección y atención, en todo el país, afirma el artículo “Paraguay sigue teniendo grandes vacíos en la protección”.
Archivo, ABC Color

Un informe estadístico divulgado en el marco del Día del Niño revela profundas brechas sociales y desprotección. Casi un cuarto de los niños en Paraguay vive en la pobreza, 1 de cada 3 sufre déficit nutricional y miles abandonan la escuela o son víctimas de delitos horribles.

En el marco de la conmemoración del Día del Niño en Paraguay, fecha orientada a resignificar la tragedia histórica de la Batalla de Acosta Ñu, datos oficiales recopilados por el Observatorio de la Coordinadora por los Derechos de la Infancia y la Adolescencia (CDIA) dejan al descubierto las graves condiciones de vulnerabilidad que atraviesan la niñez y la adolescencia en el país.

Aunque la legislación vigente los reconoce como sujetos de derecho, los indicadores económicos, de salud, educativos y de seguridad revelan un escenario donde las políticas públicas siguen adeudando respuestas fundamentales.

La pobreza golpea con más fuerza a la infancia y al campo

La falta de recursos económicos afecta de forma desproporcionada a la niñez. Mientras que la tasa general de pobreza en el país se sitúa en un 16,0%, en la población de 0 a 17 años la cifra trepa al 24,5%. Esto significa que al menos 448.785 niños y adolescentes viven en situación de pobreza en Paraguay, de los cuales 73.659 se encuentran en la extrema pobreza.

  • Brecha territorial: la pobreza infantil en las zonas rurales alcanza al 28,59%, frente al 22,52% en zonas urbanas. Además, la probabilidad de caer en la pobreza extrema es 3 veces mayor para un niño rural.
  • Sesgo de género: en 2025 se acentuó la brecha de género: el 25,43% de las niñas y adolescentes mujeres viven en pobreza, en comparación con el 23,57% de los varones.
  • Trabajo infantil y fuerza laboral: al menos 98.932 niñas, niños y adolescentes forman parte de la fuerza laboral (activos o buscando empleo). Entre quienes efectivamente trabajan, 44.261 sufren explotación laboral/trabajo infantil por sobrepasar las cargas horarias o condiciones legales permitidas para su edad. La participación en el mercado de trabajo es dos veces mayor en varones (15,86%) que en mujeres (7,86%).
Niños niñas y adolescentes sufriendo explotación laboral.
44.261 niños, niñas y adolescentes sufren explotación laboral/trabajo infantil

Nutrición deficiente y una preocupante crisis de salud mental

En el ámbito sanitario, si bien las tasas de mortalidad infantil a nivel nacional se alinean a las metas globales de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la calidad de vida diaria muestra serias deficiencias:

  • Nutrición: según datos del Instituto Nacional de Alimentación y Nutrición (INAN), 1 de cada 3 niños menores de 5 años (34,9%) presenta una nutrición inadecuada, impulsada principalmente por el déficit nutricional (26,3%). Entre los 5 y 17 años, la malnutrición se desplaza al exceso: un 34,6% sufre de sobrepeso u obesidad.
  • Salud mental: durante el último año registrado, 72 adolescentes de 5 a 19 años se quitaron la vida y otros 70 fueron atendidos en consultorios tras haber intentado suicidarse. Las estadísticas muestran que en Paraguay cada dos días y medio un adolescente intenta terminar con su vida.

Alta matriculación, pero drástico abandono en el Chaco y zonas rurales

El sistema educativo presenta un marcado contraste entre el ingreso y la permanencia. Aunque la matriculación inicial roza el 96,5% de la población en edad escolar, el porcentaje de egreso efectivo de la Educación Media (cohorte 2014-2025) refleja que solo el 56,3% logra terminar los 12 años de escolaridad.

  • Duro panorama rural y chaqueño: en el campo, apenas el 35,6% de los jóvenes logra graduarse del colegio. La situación es dramática en departamentos como Amambay (donde en el sector rural solo 1 de cada 10 culmina) y Boquerón (2 de cada 10). En todo el Chaco y el noreste paraguayo, los egresos de la secundaria no superan el 40%.
  • Brechas de inclusión: unos 12.114 niños y adolescentes indígenas y 8.459 menores con discapacidad en edad escolar quedan totalmente excluidos del sistema educativo formal cada año.
  • Egreso según género: las mujeres registran un mayor índice de finalización de estudios (61,8%) en comparación con los varones (51,4%).
Solo el 56,3% logra terminar los 12 años de escolaridad.
Solo el 56,3% logra terminar los 12 años de escolaridad.

Miles de víctimas de abuso, violencia y matrimonios tempranos

Los hechos punibles contra menores siguen registrando números de alarma. En un solo año, el Ministerio Público atendió 22.337 casos de delitos contra niñas, niños y adolescentes:

  • Incumplimiento del deber alimentario: 7.152 víctimas
  • Violencia familiar: 3.733 víctimas
  • Abuso sexual infantil: 3.386 víctimas (afectando 4 veces más a las niñas y adolescentes mujeres)
  • Huérfanos por feminicidio: la violencia machista impacta severamente en la infancia. Tras un récord histórico de feminicidios en años recientes, decenas de niños quedan desamparados. Además, en 2025 dos niñas de solo 11 y 12 años figuraron directamente entre las víctimas fatales de feminicidio
  • Matrimonios y uniones infantiles: se estima que al menos 6.111 adolescentes de 15 a 17 años viven en situación de matrimonio o unión temprana y forzada (MUITF). La inmensa mayoría son mujeres (5.625), exponiéndolas a la interrupción de sus proyectos de vida y a situaciones de vulnerabilidad continuadas
Según datos del MP, hay 3.386 víctimas de abuso sexual infantil (afectando 4 veces más a las niñas y adolescentes mujeres)
Según datos del MP, hay 3.386 víctimas de abuso sexual infantil (afectando 4 veces más a las niñas y adolescentes mujeres)

Un llamado de atención a las autoridades

Desde la CDIA sostienen que estos datos cuantitativos no deben observarse como simples cifras frías, sino como la urgencia de diseñar políticas públicas eficaces y descentralizadas que pongan fin al adultocentrismo e incorporen de forma real la participación de la niñez en las decisiones que marcan su futuro.