Desde hace más de tres semanas, alumnos, docentes y usuarios de los tres turnos académicos conviven con sanitarios clausurados, cañerías colapsadas y olores nauseabundos debido al sobrepaso total del pozo ciego de la institución.
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Pese a las constantes notas de reclamo enviadas a las dependencias de infraestructura del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), la respuesta oficial sigue siendo nula. La problemática afecta de forma directa a cientos de niños del primer al tercer grado, quienes compartían un bloque sanitario de cinco compartimentos hoy completamente inhabilitado.

Para mitigar la emergencia, los estudiantes deben ser reubicados temporalmente en el único baño habilitado para los grados superiores, generando hacinamiento e insalubridad durante los horarios de recreo.
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Recaudación colectiva y respuesta institucional agotada
Ante la falta de intervención gubernamental, la Dirección de la escuela y la Asociación de Cooperación Escolar (ACE) impulsaron una colecta de 25.000 guaraníes por familia para contratar un servicio de desagote de emergencia.
No obstante, los 1.200 litros extraídos sirvieron únicamente como un paliativo de corta duración, dado que la estructura del pozo ciego ha superado definitivamente su vida útil.
“El pozo ciego ya no da más. Desagotamos 1.200 litros, pero eso aguantaría como mucho dos semanas. Remití la nota correspondiente a Infraestructura del Ministerio y solo me dieron la firma de recibido, pero hasta ahí. Esto ya no es urgente, es emergente”, declaró Mirna Genes, directora de la institución.
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Las autoridades del plantel docente explicaron que la construcción de un pozo ciego nuevo y el reemplazo integral de la cañería obsoleta requieren un presupuesto estimado de entre 5 y 10 millones de guaraníes, una suma inalcanzable para una comunidad golpeada por la vulnerabilidad económica y el desamparo estatal.

Indignación de los padres y medidas extremas
Las madres de los alumnos expresaron su frustración ante la necesidad de recurrir constantemente a actividades de autogestión, como la venta de comida, para sostener servicios básicos que corresponden a las obligaciones presupuestarias del Estado.
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“No le estamos pidiendo al Ministerio que nos compre un yate; pedimos un pozo ciego para nuestros hijos. Cada semana tenemos que poner de nuestro bolsillo. Tomamos la decisión de retirar a los chicos después del almuerzo porque no pueden estar sin baños en la escuela”, denunció Rossana, una madre de familia de la institución.
La comunidad educativa apela a la intervención inmediata del Ministerio de Educación y la Municipalidad para ejecutar las obras requeridas antes de que las condiciones de insalubridad deriven en brotes de enfermedades digestivas o fuercen la suspensión total de las clases presenciales.
