Una década para ser médico, un apellido para cobrar millones: la doble vara del Gobierno

Un grupo de médicos participa en una protesta, en Asunción (Paraguay). Médicos del sector público marcharon y protagonizaron concentraciones en Paraguay, en el primer día de una huelga general que han convocado hasta el viernes para exigir un reajuste salarial, mejores condiciones laborales y la dotación de insumos y medicamentos en los hospitales.
Un grupo de médicos participa en una protesta, en Asunción (Paraguay). Médicos del sector público marcharon y protagonizaron concentraciones en Paraguay, en el primer día de una huelga general que han convocado hasta el viernes para exigir un reajuste salarial, mejores condiciones laborales y la dotación de insumos y medicamentos en los hospitales.Nina Osorio

Tras una década de formación, residencia y especialización, médicos paraguayos reclaman mejores salarios y la desprecarización del sector. Mientras tanto, casos de nepotismo político, como los de Montserrat Alliana, “Tratito” Ovelar y otros “nepobabies”, muestran cómo jóvenes sin título académico, pero con vínculos políticos, accedieron a remuneraciones millonarias, exponiendo la “doble vara” del Gobierno.

Antes de pisar un hospital y enfrentarse tanto a la escasez de herramientas como a la precarización, los futuros médicos paraguayos deben afrontar el complicado cursillo de ingreso a la Facultad de Medicina de la UNA. Otros recurren directamente a una universidad privada si el bolsillo familiar lo permite, considerando que deben costear una cuota altísima, solo destinada a pocos.

Una vez dentro de la carrera por el título de grado, los futuros médicos deben desvelarse estudiando, lo que los somete a una vida académica desgastante, en la que el estrés es compañero. Sumado a ello, la vida social se suspende.

Sin embargo, el camino recién arranca. Una vez obtenido el título de médico cirujano, estos deben someterse a guardias extenuantes durante la residencia médica, con turnos de 24 a 36 horas continuas bajo presión extrema, percibiendo un salario más simbólico que suficiente.

Ahí no concluye el duro camino: si el médico aspira a una especialización, debe seguir estudiando unos años más para un posgrado, que demanda, en algunos casos, desarraigo y sacrificio financiero.

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Huelga de médicos: salario digno y desprecarización

Luego de una década de inversión personal, emocional y económica, los médicos del sistema de salud pública deben enfrentarse a un nuevo desafío: la precarización y un salario que no condice con el esfuerzo realizado para convertirse en profesional.

Desde el lunes, médicos del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPBS) se declararon en huelga, en principio por cinco días y, ante la falta de respuestas, indefinida.

Los profesionales reclaman un aumento salarial de G. 3 millones por vínculo de 12 horas semanales para alcanzar los G. 8 millones, tras, según denuncian, 12 años sin un reajuste y una pérdida del poder adquisitivo constante. Además, exigen el nombramiento de 4.000 profesionales sin seguro social como una medida de desprecarización.

María Teresa Barán con camisa clara y gesticulando, y Rossana González en vestimenta oscura, hablando intensamente en un evento interior, con cartel de 'VACUNA' detrás.
A la izquierda, la ministra de Salud, María Teresa Barán. Del otro lado, la secretaria general de Sinamed, Rossana González, quien lidera la huelga de médicos.

Reclamo de médicos es “inviable”

La respuesta del Gobierno, de momento, es afirmar que es “inviable” lo que solicitan los gremios médicos, según declaró el ministro de Economía y Finanzas (MEF), Óscar Lovera. Añadió que el aumento a todos los médicos del Ministerio de Salud demandaría más de US$ 100 millones, que el Presupuesto General de la Nación no permite.

La ministra de Salud, María Teresa Barán, planteó una propuesta a los profesionales: aumento salarial acorde al mérito académico.

Barán rechazó el pedido de “universalizar” el aumento a todos los profesionales que dependen de la cartera sanitaria y, en contrapartida, propone una “carrera médica” con aumentos conforme a escalafón y mérito académico. Afirmó que la intención es “premiar” a aquellos que inviertan en su formación.

La ministra precisó que el incentivo planteado equivale hasta a un salario mínimo por profesional y no por cada vínculo contractual, esquema que actualmente se aplica a los médicos terapistas.

Un cuadro comparativo destaca reclamos de médicos y propuestas del Ministerio de Salud sobre salarios y condiciones laborales.
El Gobierno propone una carrera sanitaria con incentivos salariales graduales y los médicos exigen un aumento de G. 3 millones, el nombramiento de miles de contratados y el pago de beneficios laborales pendientes.

“Nepobabies”, contratos VIP y aumentos salariales

Un médico puede incrementar sus ingresos al sumar dos o tres vínculos laborales. En ese esquema, podría sumar G. 4,6 millones por cada vínculo en el caso de los contratados y G. 5 millones por cada vínculo para los nombrados, de acuerdo con el régimen correspondiente.

Sin embargo, la posición asumida por el Gobierno no se condice con la situación que se observó en el Congreso y otros estamentos del Estado, vinculados al poder de turno.

Mientras al médico se le exige una década de estudios universitarios, residencias extenuantes y constancias de especialización para justificar cada guaraní, la estructura del Congreso Nacional bajo la actual administración se convirtió en una agencia de empleo VIP para familiares y allegados de la clase política.

El estallido de los casos dejó al descubierto una lista de jóvenes ingresados sin concurso público, cuyo principal mérito parecía ser el parentesco o la cercanía política.

“Nepobabies” sin título, pero con altos salarios

Montserrat Alliana Encina, hija del vicepresidente de la República, Pedro Alliana, había sido incorporada a la Cámara de Diputados con un salario que trepó hasta los G. 18 millones. El caso adquirió especial notoriedad debido a sus ausencias y a que, al momento de su designación, no había culminado una carrera universitaria.

Elías Godoy Torres, hijo de la diputada Roya Torres, había sido nombrado como “asesor” con apenas 19 años y título de bachiller, con un salario que llegó a G. 9,5 millones. El caso fue denunciado como uno de los ejemplos más claros del fenómeno de los “nepobabies” y posteriormente tuvo consecuencias judiciales.

Berenice Ayelén Sosa Cabrera, sobrina de Basilio “Bachi” Núñez, ingresó al Congreso con 19 años y título de bachiller, con un salario inicial de G. 4,5 millones. Durante la gestión de Núñez al frente del Senado recibió aumentos que llevaron su remuneración hasta los G. 9,5 millones.

Élida Ríos Núñez, hija del diputado Alejo Ríos (PLRA), también fue señalada entre los casos de familiares que accedieron a la función pública mediante vínculos políticos. Su remuneración posteriormente superó los G. 8 millones, una cifra que resulta particularmente llamativa cuando se la compara con el salario que hoy reclaman profesionales médicos después de años de formación.

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Los nepobabies del Congreso.
Los nepobabies del Congreso.

El caso de “Tratito” Ovelar

Otro de los casos que marcó el inicio del escándalo de los “nepobabies” fue el de Alejandro “Tratito” Ovelar Ayala, hijo del entonces presidente del Congreso, Silvio “Beto” Ovelar. El joven, de entonces apenas 20 años y sin título universitario, fue contratado sin concurso en la Cámara de Diputados con un salario de G. 3,3 millones.

El caso provocó una fuerte indignación ciudadana luego de que los registros oficiales mostraran que había marcado jornada completa solo 23 de 178 días laborales. Tras la presión pública, presentó su renuncia en diciembre de 2023.

Aunque posteriormente la Fiscalía pidió la desestimación de la causa y un juez la admitió, el episodio quedó instalado como uno de los símbolos del nepotismo político en el Estado paraguayo.

Salarios altos para cercanos

También se encuentra el caso de Magida Esgaib, hija del diputado Yamil Esgaib, quien percibe un salario de US$ 3.000 mensuales por trabajar cuatro horas al día, de lunes a viernes.

Su ingreso directo al Ministerio de Relaciones Exteriores y posterior traslado fue defendido públicamente por el propio presidente Santiago Peña, quien argumentó que “no tenía la autoridad de decir no” a estas contrataciones.

La esposa del ministro Luis María Benítez Riera y directora general de Garantías Constitucionales del Poder Judicial, María Verónica Lina Sienra Bertón, cobra un salario superior a G. 22 millones por mes. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia no registra su escolaridad en el Sistema de Legajos, por lo que varios gremios y abogados pidieron explicaciones sobre dicha situación y cuestionaron su permanencia en el cargo.

Catherine Larisa Benítez Pascottini, candidata a concejal de Ñemby por el movimiento Honor Colorado, fue contratada por el entonces presidente de la Cámara de Senadores, Basilio “Bachi” Núñez, en plena campaña electoral colorada para una dirección dependiente de la Presidencia del Senado.

Gracias a su afiliación al Partido Colorado y su militancia en el cartismo, logró un salto salarial en apenas tres meses: ingresó como contratada del Senado con un salario de G. 5 millones y, apenas tres meses después, pasó a percibir G. 10,4 millones entre salario y bonificación. El salto representó un aumento del 108% en apenas tres meses.

Los “Bachibabies”

A esto se sumaron los denominados “Bachibabies” del Senado: contrataciones masivas de jóvenes con el título de bachiller como principal credencial, designados como asistentes o auxiliares administrativos con sueldos que rondaban los G. 4 millones y G. 5 millones.

Entre ellos figuraron Octavia Monserrat Ovelar Duarte, contratada con apenas 21 años y el título de bachiller como asistente administrativa con un sueldo de G. 5 millones.

También aparecen en la nómina Paolo Romeo Díaz Fiorotto y Luis Armando León Chávez, incorporados también como asistentes administrativos con remuneraciones de G. 4,5 millones mensuales. Otro de los que figuran es Adalberto Resquín Trinidad, ubicado en la oficina del senador Derlis Maidana, percibiendo G. 5 millones sin contar con una carrera universitaria.