“La primavera es tiempo de esperanza: después de un tiempo en que las ramas parecen secas, vuelven los brotes, aparecen las flores y la vida se renueva. También ustedes están llamados a ser primavera de esperanza: a levantarse, florecer y dar buenos frutos allí donde Dios los ha sembrado”, reza el principio del mensaje.
El cardenal alienta a los jóvenes a aprender a vivir sus años con sabiduría y aprovechar la juventud como un “tiempo de sueños, proyectos y decisiones”.
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“Cada joven tiene dones y capacidades que Dios ha sembrado en su corazón”, escribe el arzobispo. “No los entierren. Háganlos crecer y pónganlos al servicio de los demás”.
Además, insta a los jóvenes a valorar a sus familias y no dejar de “dialogar, escuchar, perdonar y agradecer” a pesar de las diferencias que puedan surgir.
Pidió también tener en cuenta que “hay jóvenes desorientados; jóvenes sin trabajo, sin posibilidades de estudiar o con un futuro incierto; jóvenes cautivos de las adicciones, de la violencia, de la soledad y de tantas situaciones que apagan sus sueños”, quienes “necesitan una mano amiga para levantarse”.
“Queridos jóvenes: florezcan donde Dios los ha sembrado. No permitan que les roben la esperanza. Que sus estudios, trabajos, sueños y proyectos se conviertan en servicio, fraternidad y compromiso con quienes más necesitan”, concluye el mensaje.
