El obispo de la Diócesis de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, ante cientos de personas que asistieron a la misa dominical de las 07:00 en la Basílica de la Virgen de Caacupé, señaló que las adicciones a las drogas, el juego y otros comportamientos perjudiciales alejan a las personas de Dios y de los valores que orientan la convivencia.
Advirtió que ese distanciamiento puede llevar a cometer errores, atropellos, agresiones físicas y actos de violencia, una realidad que, según expresó, se observa cada vez con mayor frecuencia en la sociedad.
Reiteró que los vicios destruyen vínculos familiares y que contribuyen a situaciones de violencia que terminan dominando la vida de las personas.
En ese contexto, el obispo exhortó a reflexionar sobre las prioridades de la vida y cuestionó la tendencia a dejar de lado lo verdaderamente importante para atender asuntos urgentes o superficiales. Sostuvo que, en muchas ocasiones, las personas dedican su tiempo a resolver cuestiones cotidianas, pero descuidan aquello que contribuye a su bienestar espiritual y que fortalece sus relaciones con los demás.
Los vicios y sus consecuencias
Monseñor Valenzuela puso especial énfasis en los vicios que pueden convertirse en una carga para las personas y sus familias. Habló particularmente del juego y de las drogas, además de otros comportamientos perjudiciales que muchos prometen abandonar, pero que vuelven a repetir.
La reflexión apuntó a la contradicción de quienes reconocen que sus hábitos les hacen daño, pero no consiguen abandonarlos. Según el mensaje del religioso, estas conductas no solo afectan a quienes las practican, sino que también pueden generar sufrimiento entre sus seres queridos y deteriorar la convivencia familiar.
La familia y la salud también deben ser prioridades
El obispo también reflexionó sobre la importancia de dedicar tiempo a la familia, dialogar con los hijos y compartir con ellos. Señaló que muchas personas postergan esos momentos por exigencias laborales y otras ocupaciones, hasta el punto de dejar en segundo plano sus responsabilidades familiares.
Indicó que incluso cuando existe el compromiso de compartir tiempo con los hijos, las obligaciones de último momento pueden terminar desplazando esos encuentros. Por ello, llamó a encontrar un equilibrio entre el trabajo y la vida familiar.
El obispo de Caacupé indicó que el trabajo y otras actividades, aunque importantes, no deben ocupar todo el espacio de la vida. Advirtió que el problema aparece cuando esas ocupaciones se convierten en prioridades absolutas y alejan a las personas de sus seres queridos y de sus compromisos espirituales.
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Llamado a recuperar los valores
En otro momento de la homilía, monseñor Valenzuela exhortó a la ciudadanía a distinguir entre lo importante, lo superficial y lo urgente, y a evitar que el trabajo, el deporte u otras actividades se conviertan en prioridades que desplacen a la familia y la vida espiritual.
La espada de San Miguel Arcángel llegó a Caacupé
La Basílica Santuario de Caacupé recibió este domingo la espada de San Miguel Arcángel, un objeto de devoción que, por primera vez en siglos, salió del Santuario-Basílica de Monte Sant’Angelo, Italia. Numerosos feligreses acudieron al templo y formaron fila para acercarse a contemplarla.

La llegada constituye un acontecimiento histórico para Paraguay, primer país en recibirla, y coincide con los 50 años de presencia de los Padres Miguelitas en el país.
Se trata de una espada procesional consagrada en la Gruta Santa de Monte Sant’Angelo, considerada un símbolo de fe que invita a la oración, al acercamiento a Dios y a la práctica del bien.
Los fieles llegaron hasta la Basílica para venerar el objeto y vivir un momento de recogimiento espiritual.
La espada permanecerá expuesta en el Camarín de la Virgen de los Milagros de Caacupé hasta el lunes 12 de octubre, para que los visitantes puedan acercarse a contemplarla.

