La idea de habilitar una escuelita y dar oportunidad de estudio a los niños y jóvenes, hijos de peones e indígenas olvidados por las autoridades de esta parte del Chaco, fue del extinto monseñor Alejo Ovelar.

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Fue así que, en compañía de estancieros de la zona, un 5 de abril de 1986 la precaria escuelita abría sus aulas a los primeros 16 alumnos, a cargo de los profesores Virgilio Fernández y Concepción Villalba, llegados desde la capital del país para ofrendar sus esfuerzos a favor de estos niños.

Inicialmente la escuela funcionó en un precario rancho de karanda’y (palma), en la estancia denominada Luna. Para el año siguiente se trasladó al lugar denominado Ñu Apu’a, donde dos ganaderos de la zona donaron 600 hectáreas de tierra, sitio donde permanece desde entonces.
El lugar se ubica a unos 90 kilómetros del casco urbano de Fuerte Olimpo, siendo la localidad de Toro Pampa, distante a 30 kilómetros, la población más cercana. La escuela está rodeada de montes y estancias.
En los primeros años, el trabajo de los religiosos y religiosas fue realmente tesonero, para luego ir creciendo paulatinamente tanto en infraestructura como en cantidad de alumnos, hasta llegar a convertirse hoy en un Colegio Técnico Agropecuario.
La institución funciona bajo el sistema de internado y está regenteada por el Vicariato Apostólico del Chaco, donde numerosos religiosos pasaron por el lugar, destacándose en la tarea de impartir educación a los niños y jóvenes durante todo este largo tiempo.
Por sus aulas pasaron numerosos alumnos que hoy son profesionales y trabajan en diferentes rubros a nivel país. De hecho, el actual intendente de Fuerte Olimpo, Moisés Recalde, fue alumno de esta escuela rural.

El licenciado Joel Recalde, conocido historiador, docente universitario y autor de varios libros, fue otro de los alumnos destacados de esta institución. Recuerda que, siendo niño, su padre lo llevó al lugar, atendiendo que sus progenitores vivían en la zona trabajando en una estancia.
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Sostiene que la escuela de Ñu Apu’a, como popularmente se conoce a esta institución, significó la oportunidad de sentar las bases de su formación profesional, además de contribuir a la formación de sus principios y valores.
“Todos mis logros personales y profesionales se los debo a esta escuela”, sostiene Recalde, al resaltar que efectivamente la institución sigue contribuyendo, durante todos estos años, a la formación de muchos niños y jóvenes chaqueños con menores oportunidades para el estudio.
Finalmente, el entrevistado sostiene que, debido al enorme rol social y educativo que cumple la institución en un lugar alejado de la patria, necesita mayor ayuda por parte del Estado para seguir en esta noble misión de brindar educación a los estudiantes de estos rincones olvidados por las autoridades.

