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Papa: “Esperame con chipa”

Este artículo tiene 11 años de antigüedad
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Una compatriota participó días atrás de una misa en el Vaticano y tuvo la oportunidad de estar frente a frente con el papa Francisco, quien -al enterarse de que ella era de Caacupé- le dijo: “Me tenés que esperar con chipa”.

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“La vida hizo que esté ahí en un momento dado y es un milagro y una bendición que él (el papa Francisco) se quede conmigo y que me hable. No se puede describir lo que se siente y lo que es”, relató Cristina Servín durante una entrevista con ABC Color. Ella estuvo en Europa en enero pasado para cumplir un sueño personal; lo que no sabía era que le prepararon una sorpresa: iría a ver al Papa. Pero menos se esperaba una sorpresa incluso mayor: tendría la oportunidad de hablar con él cara a cara.

Católica devota, Cristina Servín viajó a París, Francia, en enero pasado para encontrarse con su pareja Héctor Bertoni, con quien, si bien se conocieron años atrás, cada uno siguió su camino sin saber que décadas después se volverían a encontrar e inciarían una relación. Lo que Cristina no sabía era que llegar a París sería solo el inicio de un fantástico recorrido por Europa -donde nunca había estado antes- que le tenía preparado Héctor, quien es militar argentino, actualmente coordinador de un contigente de Naciones Unidas en Chipre.

“'¿Qué querés conocer?', me preguntó (Héctor). 'Y París', le dije yo y acordamos encontrarnos en París. Ahí empezó nuestro recorrido”, cuenta emocionada. Al finalizar su misión, los miembros del contigente de cascos azules pueden participar de una misa especialmente preparada para ellos en el Vaticano y él le había pedido que ella lo acompañara, pero jamás se imaginó que terminaría frente a Francisco, el primer Papa latinoamericano. Recorrieron lugares soñados de París, pasaron por Alicante, Valencia y Barcelona en España y luego fueron a Suiza, para finalmente pasar a Italia, donde le esperaba a Cristina su regalo mayor: la sorpresa que de sus ojos y de su memoria no se borrarán jamás.

Llegaron a Roma, Italia, a las 5:00 del 28 de enero. Hacía frío, mucho más para los latinos, que no nos acostumbramos a temperaturas tan bajas. Allí, Cristina, Héctor, los demás miembros del contingente del Cuerpo de Paz y sus familiares se encontraron. De repente, la puerta se abrió y un sacerdote del Vaticano que hablaba castellano les entregó unas credenciales con las cuales podrían entrar a la Santa Sede.

“Hasta ahí pensé que era un recorrido dentro del Vaticano”, dice Cristina, abogada de profesión, caacupeña de corazón y muy, muy devota del catolicismo. Una vez adentro y ya en el lugar donde se celebraría la misa, conversó con una mexicana que le comentó que había ido en busca de un milagro porque estaba a punto de perder su casa en España, donde vivía con su marido, y esperaba que la bendición del Papa le ayudara. 

Fue entonces cuando Cristina preguntó: “¿Nosotros le vamos a ver al Papa?” y la mujer le contestó que sí. La felicidad era completa para ella, que a cada rato, durante la entrevista, decía entre risas muy tímidas: “Del barrio Yboty de Caacupé a Europa”.

Una vez que terminó la misa, el Papa compartió unos mates con los militares y allí bendijo a un paraguayo que no dudó en extender su bandera. “Ahí le preguntaron los cascos azules si cuándo iba a venir a Sudamérica y él respondió que en Argentina recién en el 2016, pero a Paraguay posiblemente en julio. Tampoco aseguró; dijo probablemente, porque hay pues muchos detalles, pero esa es su intención; pero eso él dijo arriba, eso yo no escuché”, recordó Cristina sobre lo que conversó con el militar paraguayo que fue bendecido cuando extendió su bandera. Luego. el Papa se dirigió hacia la zona donde estaban los familiares.

“Yo estaba entre los parientes de los argentinos, entonces ‘Argentina’ dijo él (el Papa) y yo no sé si grité o si dije despacito: ‘Yo soy paraguaya, de Caacupé’. Y se quedó frente a mí y ahí fue que me estiró, le estiré, no sentí más y me dijo: ‘Y yo me estoy preparando para allá’ y ‘¿en serio?’, le dije yo. ‘Te esperamos’ y me dijo: ‘Pero me tenés que esperar con la chipa’”, contó Cristina. Ese fue el final del paseo: el regalo, la sorpresa, un momento que para Cristina tiene un valor divino. "Un milagro", según dice, sin ninguna duda.

 

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