La banca matriz recorta tasas, pero mantiene cautela

Existen varios factores de cautela, entre ellos figuran la evolución de los precios internacionales, especialmente del petróleo, el comportamiento del tipo de cambio y las condiciones financieras globales.
Existen varios factores de cautela, entre ellos figuran la evolución de los precios internacionales, especialmente del petróleo, el comportamiento del tipo de cambio y las condiciones financieras globales.

Tras mantener la tasa de política monetaria en 6% a lo largo del 2025, el Banco Central del Paraguay abrió este año con dos recortes consecutivos y volvió a instalar la discusión sobre el nivel de las tasas. La inflación se mueve por debajo de la meta, pero la fortaleza de la actividad y los riesgos externos todavía impiden leer el escenario como una señal positiva.

En sus dos primeras reuniones del año, el Comité de Política Monetaria del Banco Central del Paraguay (BCP) redujo la tasa de política monetaria desde 6% a 5,75% en enero y luego a 5,50% en febrero, reanudando así un ciclo de flexibilización que había quedado en pausa durante 2025.

Según analistas, la señal es clave porque marca un cambio respecto al año pasado, cuando la autoridad monetaria optó por mantener la tasa sin variaciones mientras evaluaba la evolución de la inflación, las expectativas y el contexto internacional. Antes de esa pausa, Paraguay había atravesado el ciclo clásico de los últimos años: fuerte baja en 2020 por la pandemia, subas agresivas entre 2021 y 2022 para contener la inflación y un proceso gradual de recortes entre 2023 y 2024.

En ese recorrido, 2026 empieza a mostrar un matiz diferente con relación a otros periodos. Ya no se trata de salir de un shock inflacionario, sino de calibrar hasta dónde puede ceder la política monetaria sin comprometer la estabilidad.

Inflación bajo control

El principal argumento que hoy abre espacio para una política menos restrictiva está en los precios. El esquema del BCP opera con una meta de inflación de 3,5%, y los datos más recientes muestran un comportamiento más benigno. Los últimos reportes del banco muestran que la inflación cerró 2025 en 3,1%, mientras que en febrero de 2026 la variación interanual se ubicó en 2,3%, es decir, por debajo del objetivo.

A eso se suma que varias medidas de inflación subyacente también mostraron moderación, un punto clave para la lectura del mercado, porque ayuda a distinguir entre presiones transitorias y tendencias más persistentes. En paralelo, desde el BCP se insiste en que las expectativas permanecen vigentes y que la convergencia hacia la meta sigue siendo el escenario central para este año.

Ese mensaje fue reforzado por el presidente de la entidad, Carlos Carvallo, al señalar públicamente que para 2026 se proyecta una convergencia gradual al 3,5% en un contexto de expectativas firmemente ancladas.

El otro lado de la balanza

Sin embargo, el margen para seguir bajando tasas está sujeto a la coyuntura actual. El BCP también compartió una estimación de crecimiento que fue de 6% en 2025 a 4,2% para este año, lo que sugiere una economía menos dinámica para lo que va de este ejercicio. Dicho de otra forma, la inflación cedió, pero la actividad no muestra un enfriamiento severo que obligue a un recorte acelerado.

A eso se agregan factores de cautela que aparecen de manera recurrente. Entre ellos figuran la evolución de los precios internacionales, especialmente del petróleo, el comportamiento del tipo de cambio y las condiciones financieras globales. Si alguno de esos frentes se deteriora, el espacio para nuevas bajas podría achicarse.

Qué puede pasar ahora

Con este telón de fondo, el escenario base luce inclinado a favor de nuevas bajas, aunque de forma gradual. La inflación ofrece argumento para ello, pero la solidez de la economía obliga a moverse con prudencia.

La próxima reunión del Comité de Política Monetaria, fijada para este 20 de marzo, será la señal concreta para el mercado sobre la velocidad y el alcance de esta flexibilización. Esta decisión permitirá medir si la banca matriz considera que el proceso de desaceleración de la inflación ya abre espacio para seguir reduciendo el costo del dinero o si, por el contrario, opta por una pausa para seguir evaluando los riesgos internos y externos.