Mindset deportivo: el músculo del alto rendimiento empresarial

Minset deportivo: el músculo del alto rendimiento empresarial
Minset deportivo: el músculo del alto rendimiento empresarialArchivo, ABC Color

Por años, el éxito empresarial estuvo asociado al conocimiento técnico, la experiencia y la capacidad estratégica. Sin embargo, la actividad física no solo mejora aspectos relacionados con la salud, sino también funciones cognitivas como la concentración, la velocidad de procesamiento, la tolerancia al estrés y la adaptación.

En un entorno marcado por la incertidumbre, la velocidad y los cambios acelerados, los líderes descubren que muchas de las herramientas necesarias para sostener resultados también se entrenan en el cuerpo.

Así lo explica para ABC Negocios, Marco Solís, psicólogo y coach deportivo de alto rendimiento, quien analiza cómo la mentalidad de un atleta puede convertirse en una ventaja competitiva empresarial.

El rendimiento va más allá del talento

La idea de que el talento por sí solo garantiza el éxito quedó atrás. Tanto en el deporte como en los negocios, el desempeño sostenido depende de otros factores que suelen ser menos visibles: disciplina, hábitos, capacidad de adaptación y manejo emocional.

Según Solís, los atletas entienden algo que también deberían incorporar las organizaciones: los resultados no son consecuencia de momentos aislados de motivación o momento ahá, sino del desarrollo de sistemas consistentes.

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Un líder necesita entrenar la toma de decisiones, resiliencia, lectura del contexto y capacidad de recuperación después del error. Los atletas entienden muy bien este escenario, perder también forma parte del proceso de mejora”.

La comparación entre ambos mundos no es casual. Mientras un deportista trabaja diariamente para mantener su rendimiento, las empresas de alto desempeño también construyen estructuras sostenibles basadas en cultura organizacional, entrenamiento constante y capacidad de adaptación.

La motivación puede generar un impulso inicial, comparte Solís, pero difícilmente sostiene resultados a largo plazo. La verdadera diferencia aparece cuando existen procesos y hábitos que permiten mantener el rendimiento incluso en momentos difíciles.

La disciplina: el puente entre intención y resultados

Uno de los principales aprendizajes que deja el deporte es el valor de la consistencia. Muchas personas esperan cambios extraordinarios sin modificar sus rutinas diarias, una contradicción que también suele observarse en el ámbito empresarial.

“La disciplina deportiva desarrolla coherencia entre lo que una persona dice y lo que realmente hace todos los días. Muchos líderes quieren resultados extraordinarios con hábitos ordinarios”.

En este contexto, la preparación adquiere un rol determinante. El entrenamiento no solo ocurre durante la competencia o en los momentos de máxima exigencia; también está en el descanso, la planificación, la repetición, el análisis y la mejora constante.

Esa lógica puede trasladarse directamente a las empresas. Un líder preparado no es únicamente aquel que responde bien durante una crisis, sino quien desarrolla hábitos que fortalecen su estabilidad emocional y su capacidad para sostener equipos bajo presión.

Cuerpo y mente: la dupla del éxito

Durante años se consideró que el rendimiento intelectual y el físico funcionaban de manera independiente, afirma Solís, pero actualmente esa visión comienza a modificarse.

El experto considera que separar cuerpo y mente no tiene sentido, debido a que ambos sistemas se encuentran estrechamente vinculados. “El estado físico impacta directamente en la claridad mental, la energía, la regulación emocional y la calidad de las decisiones”.

La relación es evidente en la práctica diaria. Un ejecutivo con agotamiento físico puede experimentar menor capacidad de escucha, poca paciencia, menor creatividad y una tendencia a reaccionar impulsivamente frente a situaciones complejas.

Por el contrario, las personas que gestionan adecuadamente su energía física suelen desarrollar mejores niveles de concentración, enfoque y presencia.

El alto rendimiento profesional, según el especialista, no se construye únicamente desde el conocimiento o las capacidades técnicas, sino también desde la administración inteligente de la energía.

Para Solís, la habilidad más valorada actualmente dentro del mundo empresarial es la capacidad para responder rápidamente a contextos cambiantes. Y en este aspecto, el deporte ofrece un entrenamiento permanente para refinar esta habilidad.

La actividad física no solo mejora aspectos relacionados con la salud, sino también funciones cognitivas fundamentales como la concentración, la velocidad de procesamiento, la tolerancia al estrés y la adaptación. Muchos deportes obligan a tomar decisiones en pocos segundos, interpretar escenarios cambiantes y ajustar estrategias sin perder claridad mental.

“Muchas veces el entrenamiento físico no solo fortalece el cuerpo; fortalece la capacidad de responder mejor ante la incertidumbre”, manifiesta.

Atletas y empresarios: dos escenarios, un mismo valor

Aunque a simple vista parezcan escenarios diferentes, atletas y empresarios enfrentan desafíos muy similares.

Ambos trabajan bajo presión constante y muchas veces deben actuar sin garantías de éxito. También comparten la necesidad de manejar frustraciones, recuperarse rápidamente de errores y mantener el foco aun cuando los resultados no llegan de inmediato.

Solís sostiene que existe un elemento central en ambos casos: la preparación mental. “El verdadero rendimiento aparece cuando existe entrenamiento previo, claridad de propósito y capacidad de adaptarse sin perder identidad”.

El deporte también enseña a convivir con límites, procesos largos y situaciones incómodas. Esa experiencia fortalece aspectos fundamentales como el carácter, la tolerancia al esfuerzo y la capacidad de recuperación. “La resiliencia no se aprende únicamente desde la teoría”.

El error de normalizar el agotamiento

Uno de los problemas más frecuentes dentro de las organizaciones modernas es asociar el cansancio extremo con compromiso o productividad.

Para el profesional, este es uno de los errores más peligrosos que pueden cometer los líderes. Muchas veces se normalizan jornadas excesivas, descanso insuficiente y niveles permanentes de estrés, bajo la idea de que trabajar más horas equivale a mejores resultados.

Sin embargo, las consecuencias aparecen a largo plazo: menor claridad mental, deterioro de relaciones, dificultades en la toma de decisiones y desgaste emocional.