La factura de la lealtad: US$ 592 millones al año

Comercio
El acuerdo UE y Mercosur avanza. Las negociaciones con China se aceleran. Y Paraguay apuesta por su relación con Taiwán.

Mientras Brasil, Uruguay y Argentina profundizan sus lazos comerciales con China, con un crecimiento del 62% en exportaciones y hasta 11 acuerdos firmados en un año, Paraguay sostiene su alianza con Taiwán que genera casi US$ 600 millones anuales, según la UIP.

La apuesta de Asunción para mantenerla va de: convertir energía hidroeléctrica en cómputo de inteligencia artificial y activos digitales, la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay, una planta de ensamblaje de buses eléctricos y la venta de créditos de carbono.

El 2026 puso al Mercosur ante una encrucijada que no tiene vuelta atrás. Con el acuerdo con la Unión Europea ya en vigencia provisional desde mayo, el bloque giró la mirada hacia el Asia-Pacífico. Y apareció China, no como una opción más, sino como un factor que reordena las prioridades de cada socio y que deja a Paraguay, el último país sudamericano con vínculos con Taiwán, cada vez más solo en la mesa de negociación.

La ofensiva desde Brasilia

Brasil lidera la presión por un acercamiento formal a Pekín. Su presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, defiende una diversificación comercial agresiva para sostener el crecimiento industrial del país. Argumenta que tras cerrar acuerdos con Singapur y la Unión Europea, China es el paso natural en esa estrategia.

Uruguay ya dio ese paso. Su presidente, Yamandú Orsi, firmó 11 acuerdos estratégicos con Pekín en el último año, que van desde tecnología 5G hasta exportaciones cárnicas. Argentina, por su parte, vio a China consolidarse como su segundo socio comercial, con un salto del 62% en sus exportaciones hacia ese mercado en 2025.

La apuesta paraguaya: energía por cómputo

Frente a esa fuerza gravitacional, el gobierno de Santiago Peña eligió profundizar la alianza con Taiwán en lugar de romperla.

El eje de esa estrategia es el Centro de Cómputo de Inteligencia Artificial Soberana, anunciado en mayo de 2026, que busca transformar los excedentes de energía hidroeléctrica del país en capacidad de cómputo de alto valor, con hardware taiwanés.

A eso se suman la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay, una planta de ensamblaje de buses eléctricos de Master Transportation y la venta de créditos de carbono a Taipéi. La apuesta de Asunción es demostrar que su alineación no es solo política, sino también una vía hacia la industrialización y la exportación de activos digitales.

La factura de la lealtad

El dilema, sin embargo, tiene números concretos. Según estudios de la Unión Industrial Paraguaya, romper con Taiwán generaría un déficit macroeconómico neto de US$ 592 millones anuales.

Del otro lado, sectores del agro miran esos datos con recelo: el CADEP sostiene que China ya es el principal proveedor indirecto de insumos del país y califica la exclusión comercial como una “ficción estadística”.

Desde Europa, la lectura es distinta. El canciller alemán, Johann Wadephul, describe el acuerdo Unión Europea-Mercosur como un escudo geopolítico de 31 democracias, pensado para reducir la dependencia de potencias como China y afianzar cadenas de suministro con socios “confiables”.

Un veto con fecha de vencimiento

Por ahora, la falta de consenso institucional le da a Paraguay poder de veto sobre un eventual tratado de libre comercio colectivo entre el Mercosur y China. Pero esa rigidez tiene un límite: si se mantiene, podría empujar al bloque hacia un esquema de “múltiples velocidades”, donde cada socio negocie con Pekín por su cuenta, vaciando de contenido a la unión aduanera.

La salida para Paraguay depende, en última instancia, de que su polo tecnológico funcione. Si los proyectos de inteligencia artificial y energía limpia generan un derrame económico mayor al que el agro podría ganar en el mercado chino, la apuesta se validará. Si no, la presión interna y la fatiga de sus socios terminarán por erosionar la histórica alianza con Taipéi.