Entre el optimismo de una cosecha histórica y la presión de precios “hacia abajo”

Entre el optimismo de una cosecha histórica y la presión de precios “hacia abajo”
Entre el optimismo de una cosecha histórica y la presión de precios “hacia abajo”gentileza

Con una producción que podría superar las 10 millones de toneladas, el desafío para el productor paraguayo se traslada ahora a la logística y la estrategia de comercialización. Referentes de la APS analizan con ABC Rural el comportamiento del “premio”, la influencia de los vecinos y el panorama consolidado para el maíz de zafriña.

El escenario agrícola paraguayo para este 2026 está marcado por una dualidad clara: por un lado, la naturaleza parece sonreír con proyecciones de lo que podría ser la mejor zafra de la historia; por el otro, el mercado internacional y los costos logísticos locales imponen una realidad de precios moderados que obligan a los agricultores a afinar el lápiz.

Para desgranar esta coyuntura, conversamos con Karsten Friedrichsen y Neivo Fritzen, productores y directivos de la Asociación de Productores de Soja (APS), quienes coinciden en que si bien el volumen de grano será importante, el margen de rentabilidad estará condicionado por el momento de venta y el impacto del llamado “premio”.

Precios y comercialización

La estrategia de comercialización anticipada ha sido, hasta ahora, el salvavidas de muchos. Según Friedrichsen, aproximadamente el 40% de la soja producida ya ha sido negociada a un precio promedio de US$ 350 por tonelada. Sin embargo, para el volumen restante, que aún no tiene dueño, el panorama es distinto.

“Creemos que ese precio de US$ 350/ton. no se alcanzará en la actualidad. El que vende ahora lo hará por US$ 320 a US$ 330 la tonelada, debido a la alta oferta que entrará al mercado próximamente”, advierte Friedrichsen.

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Fritzen, por su parte, refuerza esta idea, señalando que los precios actuales oscilan en un techo de US$ 340/ton. “Todo apunta a que superaremos los 10 millones de toneladas. Con este volumen, es difícil que el precio suba; el comprador está cómodo porque, aunque no hay grandes stocks, la oferta regional es masiva”, explica.

Superzafras en Brasil y Argentina

Paraguay no es una isla en el mercado de productos básicos. Las proyecciones para los vecinos son imponentes: Brasil estima cosechar 178,5 millones de toneladas y Argentina alcanzaría 48 millones de toneladas.

A pesar de estas cifras, los especialistas de la APS no creen que generen una caída estrepitosa adicional, ya que el mercado ya ha descontado gran parte de esta información.

Para Neivo Fritzen, el mercado ya tiene previsto este flujo, y a menos que ocurra un evento climático disruptivo, no hay razones para cambios bruscos. “El mercado al final compra todo, pero el comprador hoy tiene la ventaja de adquirir solo lo que necesita de forma gradual”, comenta.

La encrucijada del “premio” y la logística

Uno de los puntos más críticos para el productor es el “premio”, que en la práctica funciona como un descuento por costos logísticos y de exportación. Actualmente, este descuento ronda los US$ 65 por tonelada, una cifra que si bien no es el despropósito de US$ 90 visto el año pasado, sigue sin ser atractiva.

El comportamiento de este factor varía según la época y la infraestructura disponible:

En cosecha: la alta demanda de fletes y servicios eleva el costo. Por ejemplo, enviar grano a Asunción cuesta US$ 35 por tonelada en plena zafra.

Poscosecha: una vez que el flujo principal termina, el costo logístico suele bajar a US$ 20.

Friedrichsen advierte que la falta de capacidad estática (almacenamiento) será un reto este año. “Veremos mucha soja en silobolsas. La presión de la zafra va a castigar la logística y quien quiera ser atendido primero tendrá que pagar más”, señala.

En este contexto, los productores que trabajan de forma cooperativizada o que cuentan con silos propios –como los de la zona sur que operan con empresas, como Trociuk– tienen una ventaja competitiva, logrando reducir el impacto del premio entre 10 y 15 dólares.

Maíz: una demanda interna consolidada

Tras la soja, el maíz aparece como el gran protagonista de la segunda etapa del año. Con una superficie de siembra estimada entre 800.000 y 850.000 hectáreas, el cereal goza de una estabilidad que la soja envidia en este momento.

La clave del maíz no está solo en la exportación, sino en la robusta demanda interna de Paraguay:

Industria del alcohol: consume aproximadamente un millón de toneladas.

Nutrición animal: 1,5 millones de toneladas se destinan a bovinos, aves y cerdos.

“Esta demanda permanente ayuda a mantener un precio estable. Es la verdadera importancia de tener un consumo local establecido”, destaca Fritzen. Por el contrario, la soja zafriña podría ver una disminución en su área debido a una ventana de siembra cada vez más ajustada.

Prudencia

El consejo para el productor es la prudencia. Quien no necesite vender de forma urgente por compromisos financieros podría encontrar mejores condiciones logísticas (premios más bajos) hacia los meses de junio o julio. No obstante, la realidad de muchos es la necesidad de flujo de caja inmediata para cubrir insumos.

Paraguay está ante las puertas de una cosecha histórica en volumen. El desafío ahora es convertir esa productividad en rentabilidad, en un mercado que, según los analistas, no dará “milagros ni sorpresas” en el corto plazo.

Chicago y la demanda global

El mercado mundial de soja opera bajo una dinámica de oferta abundante, que mantiene a los compradores en una posición cómoda.

El futuro para 2026 en la Bolsa de Chicago muestra una tendencia de estabilidad técnica, oscilando entre US$ 390 y US$ 430 la tonelada. Factores internos de Estados Unidos, como una molienda fuerte, han evitado caídas mayores en el corto plazo.

El principal importador mundial mantiene una demanda que los analistas califican como “floja” o cautelosa en comparación con años anteriores. La existencia de capacidad ociosa en las industrias aceiteras chinas afecta la dinámica de compra de derivados.

Por otra parte, el informe de enero de 2026 del USDA corrigió levemente el alza de la proyección global a 425,7 millones de toneladas, reforzando la idea de suministros suficientes para cubrir la demanda actual.