El océano Pacífico ecuatorial respira por estos días con relativa calma. Sus aguas se mantienen cerca del promedio y el termómetro climático todavía no enciende alarmas sobre Paraguay. Pero los especialistas no apartan la vista: el sistema atraviesa una transición que podría desembocar en un nuevo episodio de El Niño antes de fin de año.
“Las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial están cercanas o ligeramente por encima del promedio y, como el fenómeno todavía no se formó plenamente, hoy no hay una influencia directa sobre nuestra región”, explicó a ABC Rural Roberto Salinas, director de la carrera de Ciencias Atmosféricas de la FP-UNA.
Lea más: Ante la posible llegada de “El Niño”, inician trabajos para evitar inundaciones
El detalle, advierte, está en los próximos meses. El comportamiento de las temperaturas oceánicas será el dato que defina si el evento se consolida y con qué intensidad llega al sureste de Sudamérica. Por ahora, el escenario es de seguimiento fino, con los modelos internacionales actualizando semana a semana sus proyecciones.
La definición no es menor para un país donde el clima manda sobre la economía. Cada campaña agrícola y cada ciclo ganadero dependen, en buena medida, de cómo se comporte el cielo en los meses clave.
Más lluvia y tormentas más frecuentes
Cuando El Niño se desarrolla con fuerza moderada o alta, su huella sobre Paraguay es histórica. El efecto más característico es el aumento de las precipitaciones, sobre todo en primavera y verano, acompañado de tormentas más intensas y temperaturas algo por encima de lo normal.
Ese exceso de agua no es inocuo. Desbordes de ríos, suelos saturados y anegamientos urbanos y rurales pueden prolongar sus efectos durante varios meses, golpeando a la población y a los sectores productivos.
Agricultura y ganadería, en la primera línea
Para Salinas, los dos pilares de la economía paraguaya figuran entre los más expuestos. Las lluvias excesivas complican la siembra y la cosecha, y los suelos encharcados reducen la productividad mientras abren la puerta a enfermedades en los cultivos.
El resultado se traduce en números: cosechas dañadas o demoradas que derivan en pérdidas económicas para el productor, justo cuando los márgenes del negocio agrícola dependen de optimizar cada ventana de siembra y trilla.
La ganadería tampoco queda al margen. El exceso de humedad deteriora las pasturas, dificulta el acceso del ganado al agua y al alimento, y genera estrés que afecta el rendimiento y el bienestar animal. Como contracara, el agua que llega también recarga ríos, embalses y reservorios, aunque ese mismo volumen puede transformarse en amenaza.
Lea más: “Niño Godzilla” podría afectar a la región en los próximos meses: piden tomar precauciones
Riesgos sanitarios y logística bajo presión
Los impactos trascienden el alambrado. El clima cálido y húmedo arma el escenario ideal para la proliferación de mosquitos, y enfermedades como el dengue encuentran terreno fértil para circular con más fuerza.
El transporte fluvial, columna vertebral del comercio exterior paraguayo, juega su propia partida. Más agua puede mejorar la navegabilidad en ciertos tramos, pero las crecidas y las tormentas severas amenazan con frenar la operación cuando más se la necesita.
La región Oriental, la más vulnerable
El mapa del riesgo tiene un norte claro. “La región Oriental suele ser una de las áreas más afectadas durante los episodios asociados a El Niño”, señaló el especialista. Ñeembucú, Misiones, Itapúa, Central, Presidente Hayes y Alto Paraná encabezan la lista de departamentos vulnerables a inundaciones.
A ese cuadro se suman las zonas urbanas del área metropolitana de Asunción, donde las lluvias intensas derivan en inundaciones repentinas por las limitaciones del drenaje y el acelerado crecimiento de la mancha urbana.
Anticiparse, la mejor cosecha
Frente a un escenario probable, Salinas insiste en la prevención. Monitoreo meteorológico permanente y sistemas de alerta temprana son, para el experto, la primera barrera para anticipar eventos extremos.
La lista de tareas sigue puertas adentro del territorio: limpieza de desagües y cauces, refuerzo de infraestructura vulnerable y planes de evacuación en zonas de riesgo.
En el campo, las medidas tienen nombre propio. Ajustar los calendarios de siembra, mejorar el drenaje de los suelos y resguardar las reservas de agua y alimento para el ganado pueden marcar la diferencia entre capear el temporal o quedar a merced de él.
El mensaje del especialista es claro para quienes toman decisiones en los agronegocios: el tiempo para prepararse es ahora, mientras el fenómeno todavía asoma en el horizonte y no aprieta sobre los campos.
