Es época de siembra en el este paraguayo. Los tractores suenan, las sembradoras dejan el surco parejo y, detrás de cada pasada, hay una cuenta que este año pesa más de lo habitual. El cálculo que hace cada productor antes de tirar la semilla se complicó.
Fertilizante más caro, gasoíl más caro y un dólar que ya no funciona como colchón. Con la campaña 2026/27 en marcha, la ecuación de costos aprieta más que nunca a los agronegocios paraguayos.
Eno Michels, directivo de la Asociación de Productores de Soja (APS), lo resume con cifras: los costos en dólares subieron entre 10% y 12% entre 2025 y 2026. El aumento golpea, sobre todo, a fertilizantes y combustibles, los dos insumos que más pesan en la estructura productiva.
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Fertilizantes, el primer golpe
“Creo que el factor uno de aumento del costo es el fertilizante”, señaló Michels. Los productos NPK y el potasio, clave para los cultivos de soja, maíz y trigo, sienten con fuerza el impacto de los conflictos en Europa y Medio Oriente, que tensionan la oferta internacional.
El combustible aparece como el segundo factor de presión. Cada etapa de la producción, desde la siembra hasta la cosecha, depende del gasoíl, y su precio se traslada directo al bolsillo del productor. Michels estimó el litro de diésel en torno a US$ 1,50, una referencia que marca el ritmo de los costos operativos de toda la campaña.
El dólar ya no protege
La particularidad del agro paraguayo es que buena parte del negocio se mueve en dólares. Soja, maíz y trigo cotizan con referencia internacional, y varios insumos también están dolarizados. Pero no todo corre esa suerte.
Salarios y combustible se pagan en guaraníes, y ahí la baja del dólar cambia el juego: mientras los ingresos del productor siguen atados a la cotización internacional, ciertos costos se mantienen firmes, o suben, en moneda local.
El resultado: menos margen disponible, aunque el precio de venta no se mueva. Es una tijera que corta por los dos lados y que obliga a revisar la planilla de costos rubro por rubro, sin dar nada por descontado.
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US$ 750 la hectárea y sube
La cuenta más concreta es la del costo por hectárea. El año pasado, sembrar una hectárea de soja rondaba los US$ 600. Para la campaña 2026, la referencia sube a unos US$ 750, o incluso más, según el nivel de inversión y manejo que aplique cada productor.
Es un salto nominal fuerte, aunque Michels lo enmarca como parte normal del negocio. “El gasto puede ser todavía mayor cuando el productor decide intensificar el manejo para lograr una producción superior”, explicó. La clave –dijo– está en cruzar ese mayor desembolso con el rendimiento esperado: invertir más solo tiene sentido si el resultado económico también mejora.
La siembra no se detiene
Pese al escenario, Michels fue categórico sobre el rumbo del sector. “Los productores van a estar sembrando aunque el precio en el costo aumente. Ellos no van a dejar de sembrar”, afirmó.
La agricultura paraguaya está atada a sus ciclos productivos, y ni el encarecimiento de insumos cambia esa lógica. Lo que sí cambiará es el margen de rentabilidad, dejó claro. Por eso, el productor deberá afinar sus decisiones: qué comprar, cuánto invertir y, sobre todo, cuándo vender.
Vender antes para cubrir costos
Ante la presión de costos, Michels planteó una recomendación concreta: aprovechar los repuntes del mercado para concretar ventas anticipadas. La estrategia permite asegurar ingresos antes de cerrar la campaña y, en particular, cubrir los costos de producción con anticipación.
La comercialización, entonces, deja de ser solo una decisión de precio. Se convierte en una herramienta de gestión financiera, tan relevante como el paquete tecnológico o el manejo agronómico que se aplique en el lote. La preventa de parte de la cosecha se perfila como una vía concreta para cubrir costos y reducir riesgos.